martes 15/6/21

El enriquecimiento injusto

Esa ansia deplorable de "enriquecimiento injusto" que fomentan algunos sectores privilegiados debe verse frenadas más y con mejores medios por nuestros guardadores de valores.

El enriquecimiento injusto tiene su origen histórico en el Derecho Romano, para posteriormente ser asumido por Las Partidas de Alfonso X El Sabio (nadie debe enriquecerse torticeramente causando daño a otro), posibilitando la reclamación reparadora.

Como Principio General de nuestro Derecho, es aplicable tanto al sector privado como público, no siempre bajo ciertas controversias alusivas en cuanto a la falta de delimitación del mismo e igualmente a  su origen y aplicación práctica.

Jurisprudencialmente, nuestros Tribunales son mayoritariamente tardíos, pero ricos en principios como el que nos ocupa, estableciendo una exigencia de supuestos que deben concurrir para validar la interposición de la acción.

Piénsese en el alto número de casos de corrupción que casi a diario nos muestran los Medios

Nuestra Jurisprudencia, docta en sabiduría, precisa cuando es de menester, mostrando tanto a la Administración como a los  contribuyentes, el procedimiento adecuado a seguir.

Dicho menester se encuentra magníficamente ilustrado en una Sentencia de la Audiencia Nacional del 2/11/2005, en la cual, como resultado de una creciente espiritualización del derecho, tiene como finalidad hacer prevalecer el valor de la justicia.

Valor, doctrinalmente expuesto, y basado en que muchos contribuyentes vienen observando con inusitada frecuencia, contingencias que nos apartan casi a diario del concepto justicia, para convertirlo en algo injusto e impropio a nuestros ojos.

Comportamientos de nuestra sociedad tales como:

- Un aumento injustificado en el patrimonio del enriquecido.

- Un correlativo empobrecimiento de la parte actora, representado por un daño emergente o un lucro cesante.

- Falta de causa que justifique el enriquecimiento.

- Inexistencia de un precepto legal que excluya la aplicación de nuestro Principio.

Piénsese en el alto número de casos de corrupción que casi a diario nos muestran los Medios, en los que caben todos los comportamientos de la sociedad arriba citados.

Esa ansia deplorable de "enriquecimiento injusto" que fomentan algunos sectores privilegiados, debe verse frenadas más y con mejores medios por nuestros guardadores de valores, y enarbolar como bandera unos logros que taponen la sangría que conducirán lentamente a la muerte de este país, y no precisamente como la de un ser humano a la fecha de su caducidad, sino "que probablemente acabemos llorando cuando los hombres nazcan y no cuando mueren." (Montesquieu, lettres persanes, XL)

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