martes 17/5/22

Peperos ‘de clase’

Lo que José María Álvarez ha dicho que quiere conseguir en la UGT ya lo consiguieron Antonio Gutiérrez y José María Fidalgo en Comisiones Obreras.

“Quiero una UGT en la que estén cómodos los militantes del PP”. Es el sorprendente titular de una entrevista reciente a José María Álvarez, secretario general del sindicato. ¿Sorprendente… o no tanto?

Los orígenes de la Unión General de Trabajadores y del otro gran sindicato español, Comisiones Obreras, están vinculados respectivamente a los dos grandes partidos ‘obreros’ españoles: la UGT fue fundada en 1888 por Pablo Iglesias Posse, que una década antes había fundado el PSOE, partido que se definió como marxista hasta 1979; mientras que CCOO nació a mediados del siglo pasado y lo hizo vinculado al PCE, partido que había sido fundado en 1921 a raíz precisamente de una escisión del PSOE y que se definió como marxista-leninista hasta 1978.

Muerto Franco y en medio de un ambiente de fuerte conflictividad social, la UGT y Comisiones Obreras acabaron apoyando los Pactos de la Moncloa –firmados en 1977 por el Gobierno de Adolfo Suárez y por los principales partidos con representación en el Congreso, incluidos el PSOE y el PCE–, a través de los cuales los poderes fácticos cargaban los efectos de la crisis de 1973 sobre los hombros de los trabajadores, imponían definitivamente la reforma del franquismo a la ruptura con éste y allanaban el camino a la Constitución de 1978, que establece que “los sindicatos de trabajadores y las asociaciones empresariales contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios” y que también apoyaron tanto la UGT y el PSOE como CCOO y el PCE.

En un tiempo récord, los dos grandes sindicatos –que nacieron tan marxistas como un día lo fueron los partidos a los que de una u otra forma seguían vinculados– habían pasado de ser clandestinos a constituir uno de los pilares del régimen del 78, en la medida en que sustituyeron la lucha de clases por la colaboración entre clases o ‘concertación social’.

Hay algo aún más significativo que el que haya o pueda haber militantes del PP cómodos en un sindicato ‘de clase’, y es el que haya o pueda haber militantes de un sindicato ‘de clase’ cómodos en el PP

Poco después, la UGT y CCOO –a cuyo frente seguían respectivamente Nicolás Redondo y Marcelino Camacho, dirigentes históricos del PSOE el primero y del PCE el segundo– comenzaron a alejarse paulatinamente de sus respectivos partidos ‘hermanos’, pero lo hicieron a través de dos vías bien distintas: mientras las políticas antiobreras del Gobierno de Felipe González enfriaban las relaciones entre la UGT y el PSOE, el distanciamiento absoluto de Comisiones Obreras con respecto al PCE se produjo como resultado de una campaña interna de acoso y derribo contra todo lo que había representado Camacho –un obrero del metal curtido en la lucha antifranquista y duramente represaliado durante la dictadura–, una exitosa campaña que comenzó Antonio Gutiérrez, que acabaría vinculado al PSOE, y culminó José María Fidalgo, que acabaría vinculado al Partido Popular.

Los dos grandes sindicatos españoles se definen hoy UGT como una organización “independiente” a la que “la Constitución encomienda los intereses generales de los trabajadores” y CCOO como un sindicato “plural” y “abierto a todos los trabajadores y trabajadoras, cualquiera que sea su ideología, filosofía, concepción política o religiosa, dentro del respeto a los derechos humanos y las normas democráticas”, definiciones más próximas a la de una gestoría laboral que a lo que un día fueron los sindicatos ‘de clase’.

Lo que –en un alarde o en un rapto de sinceridad que a estas alturas sorprende lo justo– Álvarez ha dicho que quiere conseguir en la UGT –que actualmente sigue siendo identificada en mayor o menor medida con el PSOE– ya lo consiguieron Gutiérrez y Fidalgo en Comisiones Obreras, pero hay algo aún más significativo que el que haya o pueda haber militantes del PP cómodos en un sindicato ‘de clase’, y es el que haya o pueda haber militantes de un sindicato ‘de clase’ cómodos en el PP, por mucho que su secretaria general, María Dolores de Cospedal, insista –y que conste que a estas alturas esto sorprende tanto o tan poco como el titular de Álvarez– en que el suyo es “el partido de los trabajadores”.

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