viernes 14/5/21

A quienes fuisteis y sois esenciales: gracias

Fue la clase trabajadora la que, con su esfuerzo, entrega y, en ocasiones y desgraciadamente, con su propia vida, hizo que el país siguiera funcionando

Se cumple un año de la declaración del estado de alarma provocado por la pandemia de la COVID-19. Lo primero que conviene destacar es que estamos, esta vez sí, ante una situación histórica. Es la mayor crisis sanitaria en periodo de paz de los últimos cien años. Esto quedó demostrado por la enorme dificultad que tuvieron todos los gobiernos a nivel global para afrontar dicho proceso.

El progreso había hecho desaparecer situaciones pandémicas que, hasta inicios del siglo XX, eran habituales. Los sistemas de salud estaban preparados para tratar enfermedades y patologías crónicas, no grandes procesos infecciosos y pandémicos. Todo ello provocó que no hubiera una ‘hoja de ruta’ para gestionar esta crisis.

Si algo ha demostrado esta situación es la importancia de un Estado y Administraciones fuertes y solventes, ya que es la única forma de ofrecer una seguridad sanitaria y vital en situaciones críticas como las actuales. Y no menos importante, la red de solidaridad tejida entre personas anónimas y organizaciones sociales y otras entidades para arrimar el hombro y autoorganizarse cuando todo eran miedos e incertidumbres. 

El coronavirus también ha corroborado los peores pronósticos sobre la eficacia del modelo neoliberal: décadas de reconversión industrial, deslocalizaciones y nula inversión productiva condujeron a la dramática situación de no ser capaces de producir cuestiones tan básicas como mascarillas, EPI´s o test para detectar la enfermedad. Ha sido la constatación de un modelo socioeconómico obsoleto que debe ser superado.

Fue la clase trabajadora la que, con su esfuerzo, entrega y, en ocasiones y desgraciadamente, con su propia vida, hizo que el país siguiera funcionando

Otra conclusión obvia: fue la clase trabajadora la que, con su esfuerzo, entrega y, en ocasiones y desgraciadamente, con su propia vida, hizo que el país siguiera funcionando. El personal sanitario, las empleadas de supermercado, los agricultores, los repartidores y transportistas, las fuerzas de seguridad y emergencias, el personal de limpieza y un largo etcétera fueron quienes hicieron que todos tuviéramos nuestras necesidades cubiertas. A quienes fuisteis y sois esenciales: gracias.

El gobierno de España afrontó esta pandemia, a diferencia de la crisis anterior, con el objetivo principal de crear un escudo social que no dejara a nadie sin protección mediante la puesta en marcha de los ERTE´s, el Ingreso Mínimo Vital, la prohibición del corte de suministros básicos ante impagos, el freno a los desahucios en situaciones críticas, así como ayudas a empresas, pymes o autónomos. La presencia de Unidas Podemos e Izquierda Unida en el Gobierno ha sido clave.

Se podrá criticar, con razón, que varias de esas medidas están siendo ejecutadas con demasiada lentitud, consecuencia, entre otros motivos, de tener un cuerpo funcionarial menguado. Es imprescindible fortalecer y ampliar las plantillas de los servicios públicos de todas las administraciones para que éstos puedan atender la realidad, con y sin pandemia. 

La gestión de los futuros fondos europeos para la recuperación va a requerir de una administración que sea capaz de ejecutar, de manera eficaz, un gran volumen de ayudas. Dichas inversiones deben ser destinadas a favorecer sectores productivos que favorezcan una reindustrialización del país que nos vaya alejando progresivamente de la dependencia económica de otros sectores como el turismo y la construcción. A su vez, deben favorecer una transición ecológica justa, además de desarrollar todas las capacidades científicas y técnicas que tiene nuestra tierra y que durante décadas han estado escasamente financiadas.

Las cifras en Cantabria muestran un impacto menor que en otros territorios. El excelente trabajo del personal del Servicio Cántabro de Salud, con el Hospital Valdecilla a la cabeza, la labor de atención y cuidados en residencias y el apoyo mutuo en la calle, entre muchos ejemplos, nos hace sentir orgullo por lo esencial: la salud y la vida. 

Siendo grandes los aciertos en la población, hubo decisiones desconcertantes por parte del Gobierno autonómico, como el llamamiento constante a turistas de otras comunidades para llenar la nuestra, la suspensión de la semana de vacaciones escolares o la crisis abierta en la Consejería de Sanidad que añadieron caos al caos. 

El futuro de Cantabria y del resto del Estado nos exige estar a la altura, analizar la realidad y dar respuesta a lo importante y lo urgente con más recursos y reconocimiento para lo público y la población en su conjunto.

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