domingo. 03.07.2022

Igualdad, igualdad, igualdad

Un año más llegamos al 8 de Marzo, el Día Internacional de la Mujer, día en el que nos alegramos juntas de los logros conseguidos por y para las mujeres y nos emplazamos para seguir con entusiasmo y fortaleza con los retos aun no logrados, demasiados todavía. Pero este año la celebración queda empañada por la tristeza y la indignación que provoca el hecho de que en este momento haya una invasión en Ucrania. Toda la población sufre mucho y de distintas maneras. Cerca de la gran fiesta feminista, vemos que muchas de las personas desplazadas son madres con sus hijos e hijas, jóvenes que se hacen cargo de sus hermanos menores, de sus padres, sus abuelos… y que huyen de un ataque atroz, pero ¿solo en Ucrania?

Me duele ver a cuántas mujeres, que también sufren en otros conflictos, hemos olvidado

Me duele ver a cuántas mujeres, que también sufren en otros conflictos, hemos olvidado, y por eso, quiero y debo recordarlas hoy:

Mujeres afganas, abandonadas al terror talibán; mujeres yemeníes, sufriendo continuos bombardeos de Arabia Saudí, una dictadura donde tampoco se respeta a la mujer ni se la trata con la dignidad que merece; mujeres sirias que tuvieron que dejarlo todo atrás y salir de su país con sus hijos e hijas para salvarles la vida, y que están atrapadas en campos de refugiados europeos y turcos sin la esperanza cercana de poder llegar a otros países de acogida.

Mujeres palestinas, que sufren diariamente desde hace muchos años el apartheid y la invasión israelí, viendo morir a sus seres queridos en los bombardeos y los ataques sistemáticos que destruyen sus hogares en la franja de Gaza y Cisjordania.

Mujeres saharauis, acorraladas en los campos de refugiados de Tinduf, sin poder vivir en libertad en su propia tierra.

Mujeres subsaharianas, que tienen que soportar además de la ablación, el ser usadas como esclavas sexuales por los señores de la guerra, o violadas para ejercer la limpieza étnica. También hay mujeres que se juegan la vida, atravesando el continente africano, para subir en una patera o llegar a Melilla y quedar malheridas en las concertinas que nuestro estado consiente. Solo por buscar una oportunidad para vivir mejor.

Mujeres asiáticas obligadas a ejercer la prostitución, por redes de proxenetas, que en ocasiones utilizan hombres europeos, supuestamente respetables.

También en Latinoamérica, hay mujeres que sufren persecución, y en demasiadas ocasiones hasta son asesinadas, como en México, Guatemala, Honduras…por levantar la voz contra la corrupción, la destrucción medioambiental y las redes del narcotráfico.

Muchas de estas mujeres piden asilo, en esta vieja Europa, que en demasiadas ocasiones hace oídos sordos. Y seguro que estoy olvidando muchos más conflictos por todo el mundo en los que las mujeres sufren, pero lamentablemente parece que no nos conmuevan.

El feminismo va unido necesariamente a pacifismo, forma parte de su naturaleza, de su núcleo duro

Por eso me alegro tanto de que las mujeres ucranianas puedan experimentar la ola de solidaridad de Europa, recibiendo ayuda y protección para ellas y sus familias desplazadas por esta guerra. Porque esto significará que estamos cambiando de actitud frente a los y las refugiadas de todos los conflictos, ¿verdad? Por fin vamos a acoger a miles de mujeres que demuestran con su valentía, su ternura, su fuerza, su amor, que otro mundo es posible.

Ahora lo que esperamos es que esta gran corriente de empatía y solidaridad de la ciudadanía europea y de sus gobiernos se extienda a todas las mujeres que lo necesitan, vivan donde vivan, a todas aquellas que están en condiciones de vida tan difíciles o más, y de mayor duración, que las mujeres ucranianas: desde las palestinas a las yemeníes, desde las sirias a las saharauis, desde las afganas a las latinoamericanas, desde las subsaharianas a las asiáticas.

El feminismo va unido necesariamente a pacifismo, forma parte de su naturaleza, de su núcleo duro, porque su objetivo es que las personas vivamos en igualdad. Precisamente porque damos vida, sabemos mejor que nadie lo que significan las guerras: muerte, sufrimiento, destrucción. Y con estos elementos ni mantener la igualdad ni luchar por ella resulta posible.

Nosotras fuimos, somos y seremos siempre quienes más luchen por la paz porque la paz es la condición mínima para construir una vida colectiva e individual en la que todos los derechos estén cubiertos para todas las personas sin excepción.

En este 8 de Marzo, gritaremos con más fuerza si cabe, que no queremos esta guerra. Que no queremos ninguna guerra.

Igualdad, igualdad, igualdad
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