domingo 20/6/21

Surfin Covid

Han convertido la escopeta de feria en un arma infalible, de puntería total y global. Pero no deja de ser eso, un simple cañón con la mira torcida y retorcida.

(A Fede, mi pana, corsario del drink, a quien deseo que la vida le vaya muy pink)

Si el Covid no fuera ya suficiente putada han llegado a nuestras vidas los teóricos de la tabla: ésos que aseguran con vehemencia la trayectoria del virus, si viene plano o en escorzo y lo que usted -tontaina peatonal- debe hacer para librarse de un contagio que puede ser letal y al que, por lo tanto, hay que tratar con el máximo respeto y eficacia.

Recuerdo aquellos tiempos en que habíamos vencido al virus, allá por el verano, cuando el oleaje no era fuerte

Teóricos de la tabla, porque le han entregado al personal un salvoconducto de surfeo, mientras desde la orilla los mencionados catan la temperatura del agua, prevén en qué momento llegará la ola más grande y hacen pronósticos como quien juega a los dados en el mostrador de una cantina. Han convertido la escopeta de feria en un arma infalible, de puntería total y global. Pero no deja de ser eso, un simple cañón con la mira torcida y retorcida.

Recuerdo aquellos tiempos en que habíamos vencido al virus, allá por el verano, cuando el oleaje no era fuerte, la tabla quedó aparcada y el bronceado lucía un tono cañí más propio de tablaos que de tabloides. Por eso, con toda la buena intención del mundo y alentados por los sermones fáciles, hubo quienes se agarraron un buen tablón. El despertar de una nueva ola trajo mala resaca, en la mar y en la pinza. Y, llegada la tercera, y sus consecuencias actuales, es más real colegir que estemos ante la política de Mortadelo y Filemón, eso sí: encaramados a la tabla de un andamio que pende de un edificio llamado Eolo.

Qué episodios aquéllos de principios de 2020. Cuando el virus ni siquiera llegaría a la vieja piel de toro. Para no llegar ha provocado una cogida de tres trayectorias. Como la cepa británica, tan nimia que pasaría como una brisa suave en una tarde de verano. Asegurarlo y rectificarlo fue cuestión de días: ha llegado y es peor que la otra. Lo dijo Moris: “estás en el mundo y es un loco mundo...”. Aconsejaron, los muy pendejos, surfear un tsunami con la tabla de la Señorita Pepis y sin un trago largo para olvidar.

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