jueves 21/10/21

Náufrago y acalambrado

Somos cárabos en nuestra propia casa: cocine de noche, planche después de las doce, programe la lavadora para la madrugada aunque haga más ruido que el volcán de La Palma.

Escribo a 7 de octubre, jueves, una jornada cualquiera para el Gobierno: un día negro para los ciudadanos, pero habrá más (pasarán más de mil años, muchos más). Hoy tiro letras y palabras desde una tradicional máquina de escribir, la luz está demasiado cara para conectar un ordenador a un enchufe. Agujas negras marcan las horas en una noche perpetua, como si fueran morlacos zaínos en busca de su alimento más impuestos. Jueves 7 (doblada te la meten): la luz más cara de la historia: 288,53 euros el megavatio hora, con picos que llegarán, entre las 20 y las 21 horas, a los 319 euros, ocho veces más que el año pasado por estas fechas.

Nos han obligado a vivir como ellos quieren. Y cuando digo ellos me refiero a cualquier tipo de poder

Me siento náufrago y acalambrado. Apuntando cada día sobre el musgo de la pared una serie de cifras y letras que den sentido a las revoluciones de la lavadora, con el botón en frío porque al calor gozan los mercados internacionales. Nos han obligado a filosofar sobre cuestiones absurdas: ¿cuánto cuesta convertir el agua en hielo?, ¿puedo meter el doble de cacharros al lavavajillas, como si fuera un pajar, para ponerlo la mitad de veces?, ¿cuánto ahorro si el horno, además de calentar la pizza, sirve como estufa?, ¿sería rentable y conveniente convertir el microondas en panera?, ¿me paso al butano y tiro la vitrocerámica por la ventana?

Nos han obligado a vivir como ellos quieren. Y cuando digo ellos me refiero a cualquier tipo de poder. Somos cárabos en nuestra propia casa: cocine de noche, planche después de las doce, programe la lavadora para la madrugada aunque haga más ruido que el volcán de La Palma. Presos de los carceleros del cuello duro, que mañana legislarán sobre la idoneidad de copular en la fecha y hora que ordene el boletín oficial. Farsantes de medianoche con el bolsillo pesado, para quienes la luz es un nombre de pila.

El Tío Calambre, desde su despacho monclovita, ha trasladado “tranquilidad y seguridad” a los ciudadanos. Que, en el actual escenario, es como vender un coche muy estable con las cuatro ruedas pinchadas y la dirección rota.

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