miércoles 19/1/22

Las hienas no están llenas

La luz, el gasoil, la gasolina, el gas, el aceite y multitud de productos de primera necesidad están ya por las nubes. Y seguimos para bingo. Sumen a esos todos los que se consumen en Navidad, muchos de los cuales se encuentran en la franja de lo imposible

La luz está seis veces más cara que hace un año. Este jueves le ha entrado el rejón a los ciudadanos hasta el tuétano como si fuera una cornada de múltiples trayectorias. He visto a Sánchez sonreír en el Congreso, en lugar de taparse hasta el hocico. Será porque ha visto la luz de los presupuestos gracias a un contrasentido: Rufián le ha contado el chiste del dentista y el ¿jefe? del Ejecutivo (ejecutando por barrios, que es gerundio) se ha rilado de nuevo como hacen los leones chuletes, pero inexpertos, ante las hienas voraces.

Este es el Gobierno del doble embrague: cuando la palanca de la gestión pasa por el punto muerto, el preceptivo acelerón viene en modo sangría, más el quince de propina. Ahora, sin embargo, ya es el treinta, tanto por ciento de más que cuesta el combustible respecto a los precios de sólo un año atrás. He visto a Sánchez sonreír en el escaño, en lugar de plastificarse para hibernar con sus socios de los colmillos largos. Será porque va a ofrecer a los camioneros el carné de camellero (total, entre estos políticos y una feria del absurdo no hay mucha diferencia).

He visto a Sánchez sonreír en el escaño, en lugar de plastificarse para hibernar con sus socios de los colmillos largos

La luz, el gasoil, la gasolina, el gas, el aceite y multitud de productos de primera necesidad están ya por las nubes. Y seguimos para bingo. Sumen a esos todos los que se consumen en Navidad, muchos de los cuales se encuentran en la franja de lo imposible. La culpa es del IPC, que no es Inútiles Políticos Caraduras, sino el Índice de Precios al Consumo, la famosa inflación, que, si pudiera escribirse con dos ces, formaría un excelente cuadro de carotas al cuadrado.

Cuando la inflación beba de sus propias carcajadas y las hienas y sus colegas fácticos se relaman estaremos todos finados. Sólo falta que el Gobierno sustituya el rojo (de la vitrocerámica) por el bocata de mortadela, la gasolina por el trayecto a pie (descalzos, que el calzado también sube) y el aceite por la grasa de chon (si es que susodichos  próceres no hacen el cerdo y pegan ahí otra sirla impositiva).

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