domingo 20/6/21

Gracias por la pelota

Quizá porque me crié en un barrio obrero, y tuvimos que desmontar muchas veces el campo de fútbol para que pasaran los coches, siempre me interesó el origen de Maradona, el personal y el futbolístico. Los jugadores son ahora un producto casi de ingeniería.

Hubo un tiempo en que Maradona presentaba un programa de televisión en Argentina. Y otro tiempo posterior en el que se entrevistaba a sí mismo: Diego se cuestionaba sobre su muerte y lo que desearía que le pusieran en la lápida. No lo dudó: ‘Gracias por la pelota’. En eso era parecido a Di Stéfano, que también se pasó la vida, y la sala de espera de la muerte, agradeciéndole a la bola: “Gracias, vieja”, dejó escrito don Alfredo.

El 10 nació del mismísimo tuétano del juego. ¿Gracias por la pelota? Gracias a vos, ‘barrilete cósmico’

Era miércoles por la tarde y tenía prácticamente acabado el artículo que les iba a presentar hoy: “Drama pantojil en tiempos de Covid”. Un texto trufado  de referencias a lo superfluo en el escenario de lo importante: una crítica al dislate de la frivolidad en los tiempos del cólera. Todo se paró, sin embargo, con la muerte de Diego y hasta los programas del hígado tuvieron que hacer de tripas corazón. También Rufián, experto en decir la bobada del día, reaccionó al óbito del que en Argentina llaman Dios: “Maldito 2020”, expresó el diputado poco reputado en un tuit sobre una foto del Pelusa.

Maradona el potrero. El que jugaba en un campo de tierra y piedras cerca de su casa en Villa Fiorito. El que vivía, con su larga familia, bajo un tejado de uralita que irradiaba cincuenta grados en verano. Al que tiempo después acompañó su padre a entrenar todas las tardes tras agotadoras jornadas laborales. El astro, ya retirado, nunca pudo reprimir las lágrimas cuando recordaba a su viejo dormido mientras se sujetaba a la barra del colectivo (autobús). O rememoraba las palabras y los consejos de su mamá en aquella casa del barrio de Caballito en Buenos Aires. Don Chitoro y Doña Tota hace años que le esperaban en el Cielo, al que el Pelusa parecía opositar sin disimulo.

Quizá porque me crié en un barrio obrero, y tuvimos que desmontar muchas veces el campo de fútbol para que pasaran los coches, siempre me interesó el origen de Maradona, el personal y el futbolístico. Los jugadores son ahora un producto casi de ingeniería. Por el contrario, el 10 nació del mismísimo tuétano del juego. ¿Gracias por la pelota? Gracias a vos, ‘barrilete cósmico’.

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