jueves 2/12/21

Dame todo el power

La Revolución vendrá de las alcantarillas o no vendrá.

Qué chulos los colegones de la política. Dijeron que nos iban a dar el poder para cambiar las cosas: ataríamos los perros con longaniza (pero han debido pensar que es malo echar al perro donde se maja el sebo). Así que, tras unos cuantos mordiscos a la yugular, formaron un Gobierno con la anuencia de unos, la poca sapiencia de otros y la inconsciencia de los de más allá. Al final, nada ha cambiado: suben los impuestos, baja el orgullo de capullo y… a currar los de siempre por lo de siempre.

Viendo la relajación de Mariano, la inacción de la oposición, la pelea de quienes prometieron orgía de melopea, ¿qué nos queda? Un truño. Eso sí, de nuevo cuño. Cuñadismo de la política. Íbamos a tener el poder, haríamos leyes como Reyes. ¡Y una leche! Por ahí siguen, como filo de navaja albaceteña, las regulaciones de empleo: suben los carburantes y el gas. Y el can, a calentarse como pueda. Un par de cartones, uno para la sábana bajera, el otro valdrá como manta sobre el mentón golpeado por la mentira, la falta de compromiso, la estupidez, la ausencia de liquidez en la palabra de filibusteros.

Íbamos a tener el poder, haríamos leyes como Reyes. ¡Y una leche!

Han subido a nivel de risa el salario mínimo. Pero tienen coartada: si es mínimo cómo pretendemos que sea honroso y honorable, aducen un par de encorbatados mientras mojan un kilo de fresas en dos litros de champán. Prometieron, metieron y se fueron: todo en pasado, para que quede claro que no van a conjugar en futuro lo que anunciaron en pretérito.

Y el ciudadano impertérrito, frío, ni pío. Como gato panza arriba. Cualquier cosa antes que ser el cerdo por San Martín (pobrecito: quedan diez meses y hay poco nutriente en el cocino). Cocina del infierno, caldo aguado en el termo, no prometas que me duermo: sueño gélido hacia el infinito. Finito, acabado, muerto: Terminator tiene el power. La Revolución vendrá de las alcantarillas o no vendrá.

 

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