sábado 4/12/21

Cabezones todos

PSOE y Podemos discuten, luego existen y resisten. Sólo deben pasar las típicas riñas de enamorados por conveniencia y escuchar todos los días las matracas de Rufián.

El vicepresidente y la ministra del fisco se encerraron en un salón del Congreso para tratar un tema candente. Los plumillas tienen allí cerrado el acceso por las normas del Covid, pero los fotógrafos hicieron de redactores, como tantas veces. Fue cuando escucharon a María Jesús Montero decirle a Pablo  Iglesias: "Piénsatelo, no seas cabezón". El PSOE redujo el episodio a la normalidad de relaciones y confianza con sus socios, sin aclarar de qué se trataba, pero Podemos, que todo lo fisga y casi todo lo larga (lo que le conviene, claro), desenredó la madeja: los dos miembros del Gabinete Sánchez abordaban el espinoso asunto de los desahucios, y, por lo que parece, Iglesias se puso más morado de la cuenta y le creció la cabeza.

España no encuentra ya romería en la que danzar

Montero lo mismo llama "chiqui" a un periodista (¿recuerdan?) que le advierte a su colega del consejo de ministros sobre la circunferencia de su testa. En realidad se trata de un halago, y así debiera tomárselo Moño Morado, porque se supone que, cuantos más centímetros suma el perímetro craneal, más cerebro aloja el encéfalo. Y así es como se ganan elecciones: cabezones al poder (y lo prometido, para el próximo amanecer).

PSOE y Podemos discuten, luego existen y resisten. Sólo deben pasar las típicas riñas de enamorados por conveniencia y escuchar todos los días las matracas de Rufián. Si le comprasen una batería (incluso de cocina) quizá lograran para él una ocupación seria de la que desocuparle para votar presupuestos y cosas así, sin tener que soportar casi a diario su inmensa e intensa preparación política. Esa inteligencia superior, que también como buen cabezón, necesita resuello.

Por lo demás, la sesión del Congreso (miércoles pasado) fue como todas últimamente: una especie de excremento de la política parlamentaria que tardará en secar. Un sector del Gobierno contra el Rey y el Supremo, el otro, templando gaitas mientras culpa de todo a la oposición, que, curiosamente, no gobierna nada -ni a sí misma-, y un montón de grupos o grupúsculos alrededor del poder presupuestario bailando la jota con los bolsillos abiertos, en tanto que España no encuentra ya romería en la que danzar. Cabezones todos.

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