miércoles. 29.03.2023

Burros versus ‘políticos fake’

El burro puede ser cualquiera: un compañero, un amigo, un votante o un viandante. ¿Cuál es el problema del ‘político fake’? Que ha confundido viandante con vianda.

Para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo yo me las subo –refranero popular–.

Qué tiempos aquéllos, cuando un burro era un burro. Cuesta arriba o cuesta abajo. Ahora es un animal de compañía al que estacionar sin parquímetro cuando el terreno lo permite, patada en el tafanario incluida. Pero el vehículo de orejas largas y empinadas, el asno de toda la vida –mucho más inteligente que el común de los ‘políticos fake’– suele rebelarse en el momento que advierte la traición. Porque ¿qué es un ‘político fake’ al uso? (sin generalizar): aquel representante del poder público que osa, usa y abusa. Osadía sin límites, a menudo por engreimiento y analfabetismo, más uso y abuso continuado de ciertos mecanismos o prebendas que el sistema pone a su alcance si éste se retuerce y/o prostituye.

El pozo séptico no solo alberga nuevas putrefacciones, sino que se recicla con novedosos olores y sabores

Pero el burro se ha cansado, harto de llevar la carga siempre hacia arriba. El burro puede ser cualquiera: un compañero, un amigo, un votante o un viandante. ¿Cuál es el problema del ‘político fake’? Que ha confundido viandante con vianda (topamí), y comienzan a salir cadáveres del armario en casi todas partes; en época preelectoral, más. Pormenorizar sería aburrido y posiblemente injusto, porque es factible que haya aún más de lo que en realidad se cuenta. Todo se ha enquistado durante años, desaparecen unos y brotan otros, sin remisión, fantasmas del pasado con distintos collares. Sin distinción, da igual el punto cardinal. 

A principios del milenio, o de la centuria si lo prefieren, cundió una cierta explosión de dignidad pública para superar un pasado indigno e indecente. Pero han bastado un puñado de años para comprobar que todo se ha sumergido en burbujas, porque el pozo séptico no solo alberga nuevas putrefacciones, sino que se recicla con novedosos olores y sabores. Mientras unos le pegan al bogavante y conjugan de maravilla el verbo ‘palasaca’, otros se zampan los zurullos flotantes o se agarran a ellos en busca de una costa que nunca llega. Y, paradójicamente, sólo los burros y los ‘políticos no fake’, que cada vez son menos, pueden cambiarlo. No soy optimista.

Burros versus ‘políticos fake’
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