viernes 14/5/21

El parque

La reacción a la falta de atractivo no puede ser la construcción de un parque acuático

Uno de los temas de conversación que más se está dando en Torrelavega, al margen de la pandemia, es sobre el presunto parque acuático que se pretende construir en Sierrallana.

Es habitual entre quienes se muestran a favor de su construcción lo de tachar de aguafiestas a quienes se oponen a ello. Sin embargo, la concreta cuestión de la construcción es algo meramente superficial que esconde debajo de sí el modelo de ciudad que está en disputa y en un momento que es crucial para Torrelavega.

La pandemia ha evidenciado que un país basado en el turismo corre el riesgo de caerse en cualquier momento. No olvidemos nunca que nuestro crecimiento del “sol y playa” va ligado a la inestabilidad de los países árabes que antaño eran ese gran destino. Si para España, con bastante buen tiempo en algunas zonas del país, depender del turismo es un tremendo riesgo, y por lo tanto una gran irresponsabilidad, hacer lo mismo con Cantabria es una negligencia y ya intentarlo con Torrelavega es aún peor.

Torrelavega ha perdido en poco más de una década más de 10.000 habitantes, prácticamente una media de 1.000 por año. ¿Los habitantes se evaporan? La realidad de la despoblación tiene que ver el problema estructural que tiene la ciudad.

El gran problema es que la realidad social va por un lado y la institución por otro. La reacción al paro no puede ser hacer, con todos los respetos a los profesionales, de Torrelavega una ciudad de bares. La reacción a la ausencia de consumo interno no puede ser construir grandes centros comerciales a las afueras. La reacción a la falta de atractivo no puede ser la construcción de un parque acuático. Las soluciones que plantea el Ayuntamiento se convierten en un problema.

Recuerdo en la campaña electoral de 2019 cuando en uno de los debates electorales, uno de los dos partidos del equipo de gobierno, defendía la construcción del actual centro comercial de Ganzo, y yo, desde el sentido común, respondía que para favorecer al comercio local lo que no se puede hacer es construir centros comerciales a las afueras que hagan competencia al comercio local.

Torrelavega necesita un plan de reindustrialización, y seré más contundente, necesita la intervención pública en la industria de cara a garantizar dos cuestiones elementales: empleo y soberanía. Hay una fábrica en Torrelavega que cuenta con la capacidad y las características ideales para convertirse en una herramienta para combatir la mascarilla. ¿Por qué no usar los recursos del parque público para hacer esa intervención pública? Tiene una respuesta, eso no va a provocar el mismo lucimiento público que quien va a inaugurar un parque acuático.

La ciudad necesita volver a ser atractiva internamente. El interior de la ciudad tiene que ser dinámico, ofreciendo cultura y ocio a todas las edades, sí, a todas las edades. A veces parece que la cultura en Torrelavega se divide entre mayores y niños, dejando en la nada a adolescentes y jóvenes a los que la única opción que se les da es la de profundizar en la cultura del alcohol.

Y lo que creo que es más grave, es una gigantesca irresponsabilidad plantear un parque acuático cuando estamos en una pandemia y las medidas de protección social han brillado por su ausencia.

En unos años recordaremos en Torrelavega que hubo un Gobierno de España cuya principal medida en la pandemia fue el Escudo Social, y que en Torrelavega las principales decisiones durante la pandemia han sido un cartel, un banco gigante y un parque acuático.

Es una cuestión de modelo de ciudad. Y es lo que está en disputa con este parque acuático. Imagino que en Ourense también piensen así.

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