martes. 09.08.2022

La hostelería, sírvase

Está claro que sectores como la sanidad, cuerpos de seguridad del estado, comerciantes y farmacéuticos son imprescindibles, pero desde un punto de vista totalmente subjetivo, yo a todos los gremios anteriores mencionados añadiría claramente a la hostelería.

Por desgracia hemos dejado de escuchar expresiones como ¡Oído cocina!, ¡Marchando una de rabas!, ¡Un mediano corto de leche! Frases que anteriormente no tenían gran significado, ahora sí lo tienen. Poco nos acordamos de los más perjudicados económicamente como es el sector de la hostelería. Un gremio que es vital para la sociedad. El otro día leí un artículo en el que no se daba importancia alguna a este sector, es más, lo consideraba como un auténtico lastre para todos nosotros. Sus argumentos demagógicos y populistas hacían ver una clara inquina y poca objetividad.

El comportamiento de todos los hosteleros sin excepción alguna está siendo totalmente ejemplar, saben perfectamente que seguro serán los últimos en volver a la normalidad

Los bares son necesarios, es un trabajo como otros muchos. La hostelería, y más en nuestra región, da empleo a muchas personas. Mueve cifras que ahora mismo son determinantes para nuestro bienestar. Posiblemente sea el sector que más empleo genera en nuestra tierruca, tanto directo como indirecto. El sector turístico representa un 12% del PIB regional, y si analizamos muy detenidamente a la hostelería, uno llega a la conclusión de que debe seguir existiendo, por no hablar de la necesidad que implica tenerlo, que es mucha.

Está claro que sectores como la sanidad, cuerpos de seguridad del estado, comerciantes y farmacéuticos son imprescindibles, pero desde un punto de vista totalmente subjetivo, yo a todos los gremios anteriores mencionados añadiría claramente a la hostelería. Alguien dijo que estar en un bar, cafetería o restaurante es una terapia para cualquier persona de bien. La sociabilidad es una razón de peso para que todos podamos tener una mejor supervivencia a los problemas cotidianos que nos surgen a diario.

El comportamiento de todos los hosteleros sin excepción alguna está siendo totalmente ejemplar, saben perfectamente que seguro serán los últimos en volver a la normalidad, fueron los primeros en cerrar, eso que a nadie se le olvide. Por desgracia, habrá muchos negocios de este sector que no vuelvan abrir la persiana. ¿Quién repara ese daño? Porque serán pequeños autónomos que no habrán podido resistir la embestida brutal que esta pandemia ha ocasionado. Por eso me parece totalmente injusto que la gente no empatice ante una realidad más que cruda, la que se les presenta a todos ellos.

En definitiva, claro que me puedo tomar una cerveza y cocinar unas rabas que sean canela en rama en mi casa. Sin embargo, lo que nunca conseguiré es estar en frente del Mar Cantábrico, solo, con un libro o con una compañía sublime, degustando un vermut preparado por mi amigo Juan, sin olvidarme de sus magnificas tapas, del olor marino y del rugido de las bravas aguas de nuestro mar. Un placer que está a punto de desaparecer, por desgracia. Por todo ello, pido desde estas líneas el apoyo incondicional a un sector que nos hace disfrutar de lo que es la buena y verdadera vida.

La hostelería, sírvase
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