viernes 16/4/21
La opinión de
Miguel del Río
Miguel del Río Nací en Santander (Cantabria), el 29 de noviembre de 1960. Diplomado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona y Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Empecé a trabajar como periodista en la Agencia Efe de Santander (1985). Seguí como Redactor del Diario Alerta (1986/1987), donde trabajé en las secciones de Local y Región, y donde me encontré con periodistas de la talla de Jesús Delgado, José Ángel San Martín, Juan González Bedoya, Higinia Aparicio, Pablo Hojas o Jesús Hoyos Arribas. Conseguí mi primer trabajo como periodista en un importante periódico por llamar de madrugada para informar sobre un grave accidente de circulación que provocó parar la rotativa para meter en portada aquel suceso. En la primavera de 1987 cubrí los sucesos de Reinosa, que tuvieron una repercusión nacional e internacional. Durante este mismo periodo fui corresponsal de la Agencia Europa Press. De 1986 a 1988 trabajé en RTVE en Cantabria como corresponsal, y entre los años 1987 y 1988 fui Redactor-Jefe de Radio Minuto-El País, en la emisora que la Asociación de la Prensa de Cantabria tiene en la Calle Cádiz de Santander. Como profesor, vengo desempeñado una intensa actividad hasta la actualidad. Soy miembro de la Junta Directiva de la Asociación de la Prensa de Cantabria. Miembro de la Sociedad Cántabra de Escritores. Fui Vocal en la Comunidad Autónoma de Cantabria de la Asociación Española de Protocolo (AEP). Presidente de la Asociación Cántabra de Protocolo (ACP), fundada por mí en 1988. Miembro del Comité Organizador del 5º Congreso Internacional de Protocolo (Palma de Mallorca, 2001), que periódicamente cuenta con la asistencia de especialistas en Relaciones Públicas, Comunicación y Protocolo en todo el mundo. Funcionario de carrera del Parlamento de Cantabria donde desempeño el trabajo de Jefe del Servicio de Relaciones Institucionales y el de Jefe (en funciones) del Servicio de Comisiones y Órganos Superiores. Desde el año 1987-2004 ha venido dirigiendo también el Gabinete de Comunicación del Parlamento de Cantabria. Me considero periodista y escritor. Mi blogger es www.migueldelrio.es Cuento con una amplia obra en comunicación de la que destaco los siguientes libros con los que se trabaja en diferentes universidades españolas. “Introducción al Protocolo. Estudios prácticos sobre organización de actos públicos”. (Manual Profesional 1998). Agotado. “Gabinetes de Prensa. La Comunicación en las Instituciones y en las Empresas”. “Protocolo. Manual práctico para conocer las normas de protocolo de uso diario”. Manual de protocolo de los Colegios Médicos de España. Manual de protocolo Colegios Profesionales. “Manual para Comunicar Bien. ¿Vas a publicar lo que te he enviado?”. “Abecedario gráfico de comunicación y organización de eventos. Protocolo a la Vista”. Presidente y uno de los fundadores del Club de Prensa Pick-Tenis de Santander (www.www.clubdeprensapicktenis.com) Miembro de CEDRO. He publicado más de 700 artículos de opinión en El Diario Montañés (Grupo Vocento), donde he venido colaborando durante quince años. Durante 12 años fui columnista de opinión diario en diferentes emisoras de Radio como Cope Cantabria y Punto Radio Cantabria. He sido articulista en revistas técnicas como “Mujeres Siglo XXI” o “Revista Piquio Magazine”. En la actualidad, soy columnista del Periódico “Nuestro Cantábrico”, del diario digital www.populartvcantabria.es con la columna “Oído Cocina“ y de la revista “Vivir en Cantabria”.

Muy pertinente revalorizar la educación en estos tiempos

De la educación adecuada brota saber pensar, saber ser y saber estar. En la sociedad actual, colonizada por Internet, de teléfonos inteligentes, de redes sociales y digitalización en todo, creo que se pierde mucho de las auténticas esencias de la educación, tan estrechamente conectada con la cultura. El lenguaje y comportamiento tecnológico que mantenemos hoy, sumada una nueva y grave crisis social y económica, nos aleja cada vez más del planteamiento de que la educación alimenta la confianza, la esperanza y la paz.

La gran fábrica de vacunas que es Europa y que menos inyecta

Es una evidencia que la vacunación contra el Covid va lentísima dentro de la Unión Europea, y otra el poco efecto de las decisiones que se toman para invertir la situación. Al acabar el verano, la Comisión Europea pretende tener al 70 por ciento de la población inmunizada. Es un dato a futuro, ya que el ahora apunta a menos optimismo. Por el gigantesco negocio que es, son las multinacionales farmacéuticas las que llevan la voz cantante en la producción, venta y distribución de dosis que inyectar. 

Pandemia, crisis, paro, Canal de Suez bloqueado y lo gafe

Pensar que mucho de lo que ha ocurrido desde que entramos en este siglo ha sido malo, no es exagerar. Explicarlo mediante el refrán de Quien siembra vientos recoge tempestades, es ajustarse mayormente a la verdad. La mano humana está detrás de muchas de las desgracias, catástrofes, crisis económicas y sus consecuencias sociales, con el paro a la cabeza. Lo mismo cabe decir de la pandemia del Covid-19 y su mal fario 

El virus que hace desear un medio rural acostumbrado al vacío

Europa tiene en estudio cómo recuperar nuestros pueblos y acabar con su despoblación. Pero resulta que el Coronavirus está propiciando una salida de la gran ciudad hacia el mundo rural. Es pronto para concluir que regresa el gusto por vivir de manera sana en el campo. De momento, vamos a valorarlo tan solo como un punto de inflexión a lo que viene siendo el tradicional olvido y abandono de las localidades mayormente agrícolas y ganaderas, que nos dan de comer.

Quienes hablan de costumbres que cambiarán sin concretar más

Se ha cumplido un año de vivir encadenados al puñetero Coronavirus. El reto es dejarlo atrás, y no caer en los mismos errores, que se dice muy deprisa. En medio de una lenta vacunación, no hay debate sobre nada, aunque, cuando mantengo alguna conversación, siempre alguien saca a  relucir la misma matraca: que hay muchas cosas que van a cambiar en los próximos años. Eso sí, sobre el qué, el cómo y el cuándo, nadie me sabe dar razón.

 

El primer contrato laboral del joven Castañeda

Asumir una nueva crisis económica, la que ha traído el Covid, es no cometer los mismos errores del pasado, de otras debacles laborales. Veo justo hablar de reconstrucción, y apoyar a la pequeña y mediana empresa, pero sin olvidar por un momento facilitar oportunidades a nuestros jóvenes y bien preparados. Que lleguen a tener un contrato decente es la meta, y cuando lo logran por vez primera sienten la misma satisfacción que antaño tuvieron sus padres, por haber consumado similar sueño. 

Tomar las calles en días de vacuna con larga lista de espera

Hace nada que se ha empezado la vacunación, y escuchar pretensiones de convocar manifestaciones, o hacer llamamientos a la movilización de turistas, provoca asombro. La relajación individual no se puede convertir en colectiva, porque aún estamos en alerta roja, y hay que dar tiempo a que la población reciba alguna de las vacunas que inmunizan. Ante insensateces que pueden propagar más el Coronavirus, se debe imponer la razón sanitaria y movilizar voces autorizadas que pidan prudencia.

Cuando la libre expresión se mezcla con violencia, mal vamos

Nada justifica violencia en las calles, ni mucho menos que los ciudadanos paguen la ira de radicales que queman, arrasan y saquean todo a su paso, en protesta por la detención del rapero Pablo Hasél. Cuando sucede lo de ahora en España, sobra hacernos de menos democráticamente y, con ello, a nuestra justicia. Mal también para quienes entonan la libertad de expresión, mientras se suceden las imágenes de extremismo contra negocios, vehículos ardiendo o ataques a periódicos, demostrando así los que levantan barricadas que solo asumen su parecer y nunca el ajeno. 

Hoy solo voy a hablar de vivir y disfrutar los pequeños detalles

Padecemos el Covid y la consiguiente saturación de noticias acerca de sus consecuencias. No pasa un día sin que nos lo digan, y lo mismo hacemos nosotros con los demás, hasta convertirlo en monotema. Frente a una evidencia en forma de pandemia, no debemos renunciar a vivir con mayor normalidad, a crear, a soñar, y, por supuesto, aspirar a que las soluciones cambien el mal momento actual. Cada cual valora de manera especial algo concreto. Mi deseo es el regreso de la cultura en cualquiera de sus formas y expresiones, porque sin ella, sí que estamos perdidos.

El Covid y una realidad insegura para nuestros mayores

Los malos datos que siguen llegando a diario del Covid-19 dentro de las residencias de mayores españolas, hablan por sí solos de lo mucho que queda por hacer, hasta alcanzar una mayor seguridad que ahora genera demasiadas dudas. El asunto y todo lo sucedido llevan a duras críticas por parte de Amnistía o Médicos sin Fronteras. Cuando el río suena, agua lleva. O lo que es lo mismo: hay que ponerse a trabajar más duro, para mejorar los déficits que puedan tener estos centros. Desde 2020 se han interpuesto cientos de denuncias, por parte de familias que  consideran injusto el final de sus seres queridos.  

Vacunas: o todos a una, o adiós

Ese dicho tan nuestro de mucho ruido y pocas nueces se puede aplicar a la escasa recepción y aplicación de vacunas contra el Covid por todo el mundo. Exceptuando a los sanitarios, el denominador común de esta pandemia ha sido desde el principio desunión e insolidaridad entre  las naciones, lo que deja a las consideradas pobres en la estacada. Si digo que con el nuevo año esa tendencia va cambiando, miento. Todo lo contrario: estamos empeñados en que cuanto peor, mejor para algunos. El porqué, lo desconozco.

Indignación y repudio por saltarse la cola de la vacuna

Se suceden los casos de aprovechados que han tenido acceso a la vacuna del Covid, sin que fuera su turno y les correspondiera. Creerse importantes es lo que tiene, primero yo, y los demás que se las apañen como puedan. Repugnante e injustificable del todo. Solo cabe pedir a los responsables de los frasquitos que extremen el celo, para evitar que nuevos listillos reciban las dosis que tocan primeramente a nuestros sanitarios, mayores y pacientes de riesgo.

Tan desagradecidos con cuidar nuestra vida y la de los demás

Entre vacunas y lentas vacunaciones, la tercera ola del Covid ya está aquí. Lamentablemente, cada vez está más claro que los ciudadanos no queremos responsabilizarnos, y evitar así más contagios y muertes. Tendrían que bastar los 80.000 fallecidos para cumplir escrupulosamente con las prevenciones y recomendaciones sanitarias. Sin esperar a una gran reacción colectiva, es necesario denunciar los malos y desagradecidos  comportamientos las veces que sea necesario.

El asalto a la democracia instigado por Trump y lo que veremos

Golpe de estado, insurrección, terroristas domésticos… Son algunos de los duros calificativos dirigidos al asalto del Capitolio de Estados Unidos, instigado por el propio presidente Donald Trump. Empezó su mandato con el delirante proyecto de levantar un muro fronterizo con México, y lo termina creando la mayor crisis institucional y democrática que ha tenido Norteamérica en tiempos modernos. No apostaría a que la cuestión es asunto interno de la primera potencia mundial. Las consecuencias del asalto al Congreso de EE.UU. serán para todos, y réplicas del terremoto están aún por contar. 

 

El derecho a la ilusión de regresar a una vida normal

Bien: ya estamos en otro año. Es lógico que nos ilusionemos con recuperar muchas de las costumbres, especialmente de alterne, ocio y  cultura, congeladas en el año 20 del coronavirus. Lo que cabe al empezar este nuevo periodo es hacerlo con esperanza. Pero no olvidemos que tendremos que trabajarlo duramente, hasta hacer posible que lleguemos a pensar y, sobre todo, sentir, que hemos recobrado la normalidad en nuestras vidas.

Cuenta atrás para cambios verdaderos

Puede que el coronavirus haya alterado cosas, como la Semana Santa, el verano o las Navidades, pero, interiormente a nosotros, no mucho. Siempre que el mundo vive un gran drama, lo siguiente es prometer cambios. Pronto volvemos a las maldades, que en este caso es el Covid-19. Sin tantas falsas promesas, bastaría con actuar más a menudo con algo que se recuerda mucho en estos días, tanto por la catástrofe viral como por los malos comportamientos. Ese algo es recuperar la ética en todo lo que llevemos a cabo.    

Triste llegada de nuevo año sin la necesaria lección aprendida

Estamos ya inmersos en una cascada incesante de noticias sobre las vacunas contra el Covid. Que el hecho sea de máxima actualidad no quiere decir que sepamos o estemos informados adecuadamente sobre la necesaria confianza en el antídoto. Durante las dos primeras olas del coronavirus, parecía imposible crearla a tiempo, y repentinamente sobran marcas que las fabrican en Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Rusia y China. Hasta aquí hemos llegado pues, y cada uno decide. En mi caso, quiero escudarme en eso que dijo Unamuno sobre la ciencia, en el sentido de que la verdadera enseña, sobre todo, a dudar y ser ignorante.

Doblegar la cuesta de enero, la económica y la del Covid

Todos parecemos saber lo mal que pintará en el primer trimestre del año entrante, vaticinando una tercera y mortal ola de Covid. Y digo yo: ¿no sería mejor pasar unas Navidades tranquilas y seguras, para que no se cumplan semejantes predicciones? A la hora de plantarle cara al coronavirus, ha sido una constante pretender hacer de todo, y a la vez no contagiarse. Pero no puede ser. A ver si nos enteramos de una vez.

Deseos envenenados para el año entrante

Ni los mejores adivinos saben lo que nos depara el futuro cercano. Para recoger, primero hay que sembrar. Esto no se hace hoy en España, ni tampoco en otros muchos países, inmersos en duras confrontaciones internas. Por lo tanto, hablar de economía, empleo y desarrollo, especialmente mirando a  los jóvenes, exige recuperar sosiego y diálogo, que desemboquen en acuerdos constructivos. Si no es así, las predicciones se quedarán solo en meros deseos. 

2020 se puede ir, tranquilamente, a la mierda

Si algo bueno ha pasado en este año, que será conocido por siempre como el del Covid, no me viene en este momento. Pienso mejor en el recuerdo a los miles de muertos, en sus familias, y en el agradecimiento permanente a los sanitarios, lo mucho y bien que han hecho para proteger a la población del bicho. En el punto final de este 2020, mi último pensamiento será para ellos, por el alto precio que han pagado para que los demás sigamos teniendo salud.  

La Organización Mundial de la Salud debe ser la primera en vacunarse

Habemus vacuna. O, al menos, nos lo aseguran. Me gusta pensar que la humanidad tiene remedio. Evidentemente, soy un  ingenuo, que es como más feliz se vive. Sin embargo, esta nueva oportunidad que se nos ofrece debiera provocar cambios radicales, como terminar con el exterminio de la naturaleza, y reconocer la evidencia de que el mundo no goza de buena salud como decía la OMS, tan desacreditada, incluido en el momento actual en que poderosas farmacéuticas anuncian que tienen antídoto.

Es de cortesía (y alegría) decir adiós a Donald Trump

Las relaciones internacionales, el respeto a organismos decisivos, como Naciones Unidas, rechazar el racismo en cualquiera de sus formas o su afición a levantar muros entre países. Son solo algunos de los conflictos que deja la mala gestión de Donald Trump, después de perder las elecciones, no asumirlo, y preferir más la bronca a la diplomacia en todo momento y lugar. Desde el conocimiento de sus muchos seguidores, sin él en la Casa Blanca, creo que el mundo gana. 

Confinamiento, pasotas, segunda ola Covid y Navidad

Por incumplidores es la expresión que mejor define los peores momentos del Covid, estos en que convivimos con municipios confinados, toques de queda y certificados emitidos por las empresas, por si la Guardia Civil nos da el alto. Puede que las medidas sean impopulares y motivo de queja, pero pensemos en aquellos sectores y familias que peor lo están pasando, y el panorama incierto de su futuro no pinta mejor.  

Covid + crisis + descontento social y educativo = cóctel explosivo

Como el Covid desbarata todo a su paso, es normal que las sociedades y  grupos que las conforman empiecen a mostrar hartazgo con lo que sucede, y las medidas impopulares que se toman. El caso de los jóvenes puede llegar a ser el más preocupante. En los libros viene lo que son estados de alarma o toques de queda, pero vivirlo a sus edades es cuestión difícil de digerir. Con ellos ha faltado pedagogía, y ahora vemos las primeras consecuencias.

Jóvenes y mayores en la picota por el mal uso de la mascarilla

Europa entera está hecha unos zorros por el Covid. Aquí se suma que tenemos un debate sobre menores y mayores, al respecto de  quién incumple más las medidas sanitarias que evitan contagios. En realidad, con el simple hecho de un nuevo estado de alarma declarado, sobra perder el tiempo con este y otros despropósitos, ya que lo estamos haciendo (todos) mayormente mal. Lo cierto es que abochorna tener que referirse a que aún no hemos comprendido la magnitud de la gravedad de lo que vivimos. 

Recordando pensamientos de Stephen Hawking sobre cambios

El científico Stephen Hawking no necesita presentación alguna. Era uno de nuestros referentes, que avisó como pocos acerca de la capacidad destructiva que tenemos, y al tiempo nos pedía que no renunciáramos jamás a la alegría. De vivir, ¿qué nos aconsejaría hoy? Creo que la respuesta está en que nos adaptemos de la mejor manera posible a lo que nos toca vivir.   

Pongamos que hablo de Madrid para lo que no hay que hacer

Lo normal es que elogiemos a las grandes ciudades por ser abiertas y no cerradas. Madrid vive lo último, y son muchos los ciudadanos, de allí y de allá, que no comprenden que se llegue a semejante situación por no entenderse el Gobierno central y el autonómico. Cada día se anhela más, ante el empuje imparable de colegios médicos y sociedades científicas, que España organice un auténtico comité de expertos que se ponga al frente de intentar frenar y superar esta pandemia. 

Trump es el ejemplo de todos los que han tardado en actuar

El deseo es que cualquier contagio de coronavirus debiera merecer igual tratamiento, pero nacer en un país rico o pobre marca el reloj de la vida. Lo mismo sucede con el nombre del enfermo. No trasciende lo mismo si, como es el caso, se llama Donald Trump, y es conocido como el presidente más poderoso del planeta. Su contagio pone de manifiesto la negación y negligencia con la que se viene actuando, desde el mismo principio de una pandemia, más viva que nunca, instalada ahora como vemos en la mismísima Casa Blanca. Hollywood ya tiene película.

100 artículos sobre el coronavirus para estar como al principio

Siempre he pensado que rendirse ante cualquier contratiempo no forma parte del guión. España empieza a dar síntomas de agotamiento, y no tener más ideas para cortar las alas al coronavirus. Estamos dentro ya de una segunda ola del virus, ante la que surgen dudas sobre si se podría haber evitado. Cada cual que piense lo que quiera. Mi opinión es que, una vez más, hemos puesto en práctica el dicho de no hacer caso ni al médico, y mira que los sanitarios avisaron sobre el maldito Covid y segundas partes.

Tantas dudas que surgen en torno al Covid, jóvenes y su futuro

La intención de que hay que dejar un mundo mejor a las nuevas generaciones acumula siglos de incumplimientos. Antes del Covid, y con el cambio climático, estábamos en pleno debate sobre el día de mañana o salvaguardar el planeta si lo prefieren. Todo ha quedado aplazado sine díe. Por un lado, hay que dibujar ese futuro, pero, por otro, los jóvenes deben asumir que los verdaderos cambios por llegar necesitan de su total implicación.