lunes 17/1/22

Una triste mirada hacia la ley del suelo

La ley del suelo actual lleva dos décadas vigente, y no ha habido gobierno que no haya caído en la tentación de retocarla, son cerca de 30 modificaciones algunas puntuales y otras de más calado.

Estos días en el Parlamento de Cantabria se está tramitando la ley del suelo,  hablar de esta norma es recordar, para muchas familias, una de las situaciones más injustas en la reciente historia de nuestra Comunidad.

La ley del suelo actual lleva dos décadas vigente, y no ha habido gobierno que no haya caído en la tentación de retocarla, son cerca de 30 modificaciones algunas puntuales y otras de más calado. Esta norma que en su día fue presentada como la modernización de nuestro derecho urbanístico,  ha dejado muchas lagunas, tantos parches en la misma hablan de sus carencias, pero también están las profundas huellas de dolor que llegan hasta nuestros días, por no dar las soluciones anunciadas.

Echar toda la culpa solo al legislador quizás no sea justo. Desde luego lo que no es justo es permitir a los ayuntamientos y Gobierno que puedan llevar más de 20 años con un Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) y no ser capaces, en muchos casos,  de tener ni su aprobación provisional

Estas instituciones siguen gastando los recursos de los ciudadanos, y acabando con las pocas esperanzas que tenían cientos de familias. Todo ello, sin la reparación del daño producido por las más de 30 condenas firmes que  nuestras administraciones públicas han cosechado; sin duda, se han "ganado" las medallas al mal hacer, la inoperancia,  corrupción, e incluso a la mala fe de algunos,  toda una vergüenza institucional. Una corrupción, desde y, por el propio sistema.

Se pueden hacer normas con la mejor de las intenciones, pero si falta voluntad para su aplicación se queda solo en buenas intenciones

Estas familias han sentido tantas veces el calor y afecto del Parlamento, como se han visto decepcionadas por los incumplimientos del Ejecutivo y los ayuntamientos afectados por los derribos. Ahora que tenemos un nuevo proyecto de ley del suelo; aunque el tiempo vuela, si fuera un vino estaría en el espacio temporal de un gran reserva, estamos ante una nueva oportunidad. Los trámites van más avanzados y es de esperar, por el bien de todos, que esta norma vea la luz lo antes posible. Esperemos que no le pase como a esos Planes Generales de Ordenación Urbana que regula, y que ya la lejana ley de 2001 nos decía que iba a servir para acortar los plazos y dar soluciones a los ciudadanos. Esta misma música la seguimos oyendo ahora sobre el nuevo proyecto de ley; si bien, para ser justos, la letra ha cambiado.

Se pueden hacer normas con la mejor de las intenciones, pero si falta voluntad para su aplicación y supervisión de la misma se queda, simplemente, en buenas intenciones, en otro brindis al sol.  Cuando se está ante una emergencia social o se dan las soluciones efectivas o se está engañando al personal. No son pocas las veces donde solo aquello que tiene ese coste social medido en votos  es lo que hace moverse a los que luchan por su parcela de poder.

Estos días la Asociación AMA ha tenido la oportunidad de participar en esa Comisión de Urbanismo, de manifestar que somos el cadáver que han dejado las normas urbanísticas de Cantabria. Su incumplimiento, y esa corrupción que ha anidado en el poder y alrededor del mismo, donde lo fundamental es "¿qué hay de lo mío?",  "¿qué me llevo?" y no ese interés general que tantas veces se escucha en los grandes discursos. En nuestro nombre se han realizado auténticas estafas.

A veces necesitas chillar, gritar, desahogar el dolor, aquello de  "únicamente nos queda la palabra"; bueno a muchos, desgraciadamente, ni eso. Miren dentro de nosotros, miren aquellos ya lejanos peritajes psicológicos que sirvieron para condenar por daños morales al Gobierno de Cantabria y los ayuntamientos afectados por las sentencias de derribo, miren cómo se violaban las normas, la impunidad de sentirse dueños de las instituciones, miren a los que rodean al poder, la necesidad de la información, participación y transparencia.  Pongamos todos los filtros en la nueva norma, para que ello no vuelva a ocurrir. La buena voluntad no sea tapada con la indiferencia o los intereses de algunos. Ahora tienen los legisladores la oportunidad de hacer un buen diagnóstico, de poner la norma adecuada.

Se puede hablar de temas técnicos, de la preocupación por el suelo rústico, sobre todo esta parte de nuestro territorio más abandonada y despoblada,  donde tal vez no sea necesario construir más, sino conseguir que no se caiga, no se pierda, lo ya construido. De la malla o "tela de araña" urbana que puede dejar pasar a los grandes y atrapar a los pequeños, de los PSIRes y aquello de que el Gobierno, el poder, siempre tiene un as en la manga. Pongan límites a los PGOU interminables, a los especuladores del suelo. Que la colaboración entre instituciones no sea una palabra para adornar el discurso del responsable de turno, como, no pocas veces,  lo son el calentamiento global o el desarrollo sostenible.

Que cuando una familia compre una vivienda no tengan miedo a que la estén estafando.

Si te preguntas ¿por qué no está aprobado el PROT? y la respuesta puede ser que pedimos a otros lo que no hacemos nosotros, que cuando una familia compre una vivienda no tengan miedo a que la estén estafando. Dennos seguridad jurídica a los ciudadanos. De la buena voluntad no se duda, la participación de expertos seguro que ayuda, pero busquen el consenso, que sea una norma que sintamos todos como nuestra, que no tenga que estar puesta en cuestión por los tribunales, que no acaben "legislando" los jueces como tantas veces ha ocurrido. Miramos hacia la ley del suelo con la tristeza por las heridas de experiencias pasadas.

Por último, pedir, después de tanto tiempo, ya exigir al Gobierno de Cantabria, a los ayuntamientos, al propio Parlamento y con  la colaboración de la Justicia, que cumplan sus obligaciones con estos cientos de familias, no se queden en el mundo de las palabras, de las intenciones, de una vez por todas realicen lo que tanto han prometido, ¡reparen ya el daño causado, es su obligación!

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