martes 18/1/22

Políticas para privilegiados que crean precariedad y desigualdad

Todos somos conscientes que la precariedad se ha expandido por todo nuestro mercado laboral, las condiciones  de trabajo han empeorado con aquello tan pedido e incluso exigido por las organizaciones empresariales y los responsables institucionales que "les bailan el agua", esto es, "más trabajo, más horas de dedicación y menos salario".

El Banco de España se acaba de enterar que suben los beneficios de las empresas y siguen bajando los salarios de sus trabajadores. Va mejorando, esta entidad pública en sus informes, aunque ya le ha costado ver algo tan claro, durante toda su historia es la primera vez que hace público algo que sabemos todos, pero que viniendo de este organismo es toda una novedad. Habrá que mirar a ver si no ha sido una equivocación o un desliz.

Todos somos conscientes que la precariedad se ha expandido por todo nuestro mercado laboral, las condiciones  de trabajo han empeorado con aquello tan pedido e incluso exigido por las organizaciones empresariales y los responsables institucionales que "les bailan el agua", esto es, "más trabajo, más horas de dedicación y menos salario". Esa la receta mágica que recomendaban el FMI, CEOE, OCDE, UE y el propio Banco de España con la música de fondo de la flexibilidad, el abaratamiento del despido, la bajada de salarios que llamaban eufemísticamente mayor competitividad... esto se repetía machaconamente año tras año, como si los culpables de las crisis, fueran el peón de la construcción, el mecánico y sobre todo los funcionarios y empleados públicos declarados casi vagos nacionales y chupópteros del sistema.

No les preocupan las condiciones sociales y el bienestar de la población, pero esas cifras macroeconómicas no cuadran, eso sí que es un problema

Ahora se han dado cuenta de que con salarios de miseria no nos llega para consumir y que el sistema funcione, que no se colapse. No les preocupan las condiciones sociales y el bienestar de la población, pero esas cifras macroeconómicas no cuadran, eso sí que es un problema. Por el camino se han destruido importantes derechos sociales, se ha desacreditado a los sindicatos,  se ha mermado el poder adquisitivo de la mayoría de la población... ¿Puede ser todo esto una casualidad o una maniobra de aquellos que tienen medios para influir en su propio beneficio?

A la vez se ha producido un informe sobre la situación de los niños en nuestro país donde nos sacan todos los colores. En España hay unos 2,2 millones de hogares con niños a cargo que están en riesgo de pobreza, según un estudio de Unicef. La ONG Educo por otra parte informa que el 16,1% de los hogares con niños a cargo y personas adultas con trabajo están en riesgo de pobreza. Trabajar ya no es garantía para combatir la precariedad. Incluso se habla que se ha creado un nuevo grupo compuesto por cerca de 600.000 niños que pasarán el verano solos como consecuencia de los empleos precarios de sus padres, los llamados niños llave, que sus padres no pueden conciliar la vida familiar y el trabajo, estos niños entre 6 y 13 años llevan la llave de su casa colgada al cuello. Las condiciones sociales en nuestro país para un capa muy relevante de la población ha encendido todas las alarmas, y no se puede seguir con políticas que generan unas condiciones de vida tan duras e injustas.

Con este tipo de situaciones, sacar pecho, hablar otra vez de milagro económico, de ser los que más puestos de trabajo creamos en Europa, dibujar un mundo ficticio donde sólo se mira aquello positivo y se corre el tupido velo sobre las más crudas circunstancias es doblemente injusto, por ocultar la realidad, y sobre todo, porque aquello que se oculta se hace con la intención de no dedicar los recursos necesarios para dar la soluciones que se precisan.

El propio informe del Banco de España reconoce que el reparto de sacrificios no es ni justo ni equilibrado, unos ponen el trabajo y otros la mano para llevárselo "limpio"

En esta situación de crecimiento, la falta de compromiso de aquellos que tienen el poder político y económico, aquellos que se han, y están, beneficiando del esfuerzo de un país, merece la mayor de los desprecios y denuncias. El propio informe del Banco de España reconoce que el reparto de sacrificios no es ni justo ni equilibrado, unos ponen el trabajo y otros la mano para llevárselo "limpio". Mirar hacia nuestros vecinos, sea Portugal por la izquierda, como Francia han desarrollado políticas muchos más positivas en la distribución de la renta, sin herir de esta forma tan desgarradora el tejido más débil de sus poblaciones. No es de extrañar que en nuestro país el descrito de grandes partidos que han gestionado esta situación hayan caído en una profunda crisis, a ello añadimos los numerosos casos de corrupción, la realidad es de un desapego de los políticos, de las instituciones por parte de los ciudadanos.

Las políticas fiscales tienen entre sus misiones una distribución más equilibrada de la riqueza de un país, nuestras leyes quedan en evidencia, así el artículo 31.1 de la Constitución "Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad...". Sin embargo, las estadísticas tributarias demuestran que esto es una quimera, así cerca del un 80% de los impuestos los pagan las clases trabajadoras, a través del IRPF, donde las rentas del trabajo suponen un gran porcentaje, y también mediante los impuestos indirectos, los más injustos, los pagamos como consumidores y cargan igual a Amancio Ortega, que al trabajador que no puede llegar a fin de mes. Es una profunda inmoralidad, atropello y abuso, una economía al servicio de unos pocos privilegiados.

Políticas para privilegiados que crean precariedad y desigualdad
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