miércoles 26/1/22

París llora

Una declaración de solidaridad hacia el pueblo francés y un análisis de la consternación vivida en la noche de ayer en la capital francesa como consecuencia de varios atentados simultáneos en distintos puntos de la ciudad. 

Por el terrorismo, la sinrazón, la violencia, el miedo, la atrocidad, han vuelto a las calles de París. Quien sufre un atentado de estas características está lleno de dolor, de inseguridad, han amputado una parte de su vida, las víctimas directas han perdido la misma, y siempre queda la pregunta ¿por qué?

Al grito de ¡Alá es grande! se iban matando a los jóvenes que estaban en la Sala Bataclán. En nombre de la religión, de unos valores que el Islam prohíbe y condena , y sin embargo estos asesinos matan en su nombre. Difícil dar una respuesta, más difícil entender que pasa por la mente de quien hace este daño a personas que no conoce, que su desgracia ha sido cruzarse en el camino de estos fanáticos llenos de odio.

Quien comete este tipo de atentados busca la publicidad para su causa, pero sobre todo destruir los valores de quien considera el enemigo. En definitiva, los valores más importantes de nuestra sociedad. La historia nos ha enseñado que no seríamos los mismos sin la Revolución Francesa, que los valores de libertad, igualdad, fraternidad, han impregnado la legalidad vigente de nuestros pueblos.

Hay grupos que no pueden convivir con esos valores, la libertad es tan maravillosa que gozas continuamente de la misma y sólo te das cuenta de que te la roban cuando te privan de ella. La dicotomía libertad-seguridad siempre es un debate que se pone de relieve cuando se produce este tipo de ataques, de asesinatos; pero la libertad se basa en la seguridad y sin seguridad no hay libertad; la seguridad sin libertad no tiene sentido, ¿qué valores protege? No son caras opuestas de una moneda, sino todo lo contrario, valores complementarios que se necesitan mutuamente, para dar sentido a los mismos.

En estos momentos cuando tantas familias lloran a los hijos que han perdido, sientes la impotencia. quienes hemos conocido el terrorismo a pocos kilómetros sabemos que por mucho daño colectivo que se produzca, el mayor daño lo sufren las víctimas, esas familias que hoy lloran en París a los suyos.

Aunque sea desde la distancia, en estos duros momentos, sólo podemos trasmitir, desde la sensibilidad con su situación, nuestro afecto y cariño; los días pasarán y ellos se quedarán en soledad con su dolor, dentro de lo poco que podemos hacer es pedir toda la atención hacia  las víctimas, y la toma de medidas eficaces que protegen a los ciudadanos como es el deber de todo Estado de Derecho.  París llora otra vez, y nosotros nos sentimos ciudadanos de esa gran ciudad.

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