domingo 29/5/22

¡Malditos proyectiles de la vergüenza!

Hay proyectiles de muchos tipos, los que crean las diferencias sociales, los que hacen crecer las colas del hambre, los que destruyen las esperanzas de los saharauis y los que huyen de la pobreza, los que matan con el olvido a nuestros pueblos y aldeas... 

El pueblo se iba cayendo poco a poco por el abandono, nadie quería saber de esas viejas casas, algunas ya ni se conocía a quién pertenecían, se marcharon sus dueños hace tantos años. Las instituciones silbaban mirando al cielo, poco o nada les importa la pérdida de la historia y del patrimonio cultural, es un hecho que avanza inexorablemente.

Las últimas lluvias y fuertes vientos han tirado estas casas, que estaban heridas de muerte. Las nieves de los últimos inviernos habían debilitado sus techos y las que estaban en peor estado han ido cayendo con un efecto dominó, unas fueron tirando las otras, en una noche oscura sonó el estruendo, un pequeño terremoto. 

En un pueblo donde llegaron a vivir cerca de 150 personas, a principios del siglo pasado; ahora, apenas quedan 10 casas en pie y habitadas solo tres. La de Gero, antiguo alcalde pedáneo, considerado durante muchos años el pequeño cacique de la zona, vive con su compañera Marta, con la que se ha casado en segundas nupcias, ella, bastante más joven; tienen dos vacas, 6 ovejas y algunos dicen que muy mala leche. 

Elisa, la profesora, y Daniel, el informático, son la pareja que han rehabilitado, hace poco, otra de las casas salvándola de la destrucción. Su aparición ha sido una bendición para todos, cuentan con un pastor alemán, Romi, todavía un cachorro juguetón que les alegra los días. 

Manuel, nuestro contador de historias, jubilado de tantos trabajos, que vive junto a su inseparable galga, Sika, y a instancias de Gero, le compró 4 ovejas, que le sirven para que vayan paciendo los alrededores. 

El derrumbe de las tres casas les dio un buen susto de muerte, en la noche de autos salieron disparados, en la oscuridad poco podían ver los desperfectos. Ese día Manuel fue a buscar a Gero, para mirar que podían hacer, ya que la zona del pueblo donde se ubicaban era ahora un lugar peligroso. Llamó dando golpes con la aldaba del portalón de la casa de Gero, esperó unos instantes, hasta que esta se abrió, era Marta con las manos todavía manchadas de harina.

  • Hola Manuel, ¿qué me cuentas?, pero pasa, pasa...
  • ¿Qué tal Marta? Perdona, igual interrumpo algo, ¿te pillo con las manos en la masa?
  • Marta esbozó una hermosa sonrisa.
  • Sí, estaba preparando las rosquillas que tanto le gustan a Gero  .
  • Es cierto, hasta aquí llega el olor, las has cargado bien de anís.
  • Cuando las haya terminado,  te llevaré alguna.
  • Muchas gracias, solo venía a avisaros del derrumbe de las tres casas de la parte de abajo del pueblo, ahora es peligroso pasar por allí y habrá que hacer algo.
  • Gero está con las ovejas en la zona de Montealto, pero creo que vendrá pronto.
  • Bien, si podéis, sobre las 8.30 quedamos en mi casa, os invito a un trago de vino y si llevas las rosquillas maridaje perfecto.
  • Eso está hecho, ya le digo a Gero y nos vemos allí, ¿tú avisas a los nuevos?.
  • Si, ahora voy a pasar, creo que está Daniel en casa.
  • Perfecto, nos vemos en unas horas.

Manuel siguió camino hasta la parte más alta del pueblo donde Daniel y Elisa tenían su casa, lo cierto es que con el arreglo que le han hecho les ha quedado muy bonita.

Daniel vio por la ventana como Manuel subía la cuesta y le saludó, este le hizo una seña para que  bajara. 

  • ¿Qué pasa don Manuel?  Somos pocos, pero eres caro de ver, te vas con los de la ciudad.
  • Ya sabes que una vez a la semana bajo a lo que llaman civilización, pero por lo demás por aquí estamos.
  • ¿A qué debo tu visita?, tú no eres de los que pierde el tiempo,
  • Bueno, no te creas, donde esté una buena charla, que se quite un buen... solomillo, pero es cierto que vengo por vosotros. ¿Elisa ya habrá venido a las 8.30?
  • Si, hombre, si, a no ser que me haya abandonado y se haya quedado en la escuela.
  • Ya has visto como ha quedado la zona baja del pueblo con el derrumbe de las tres viviendas y el peligro que esto supone.
  • La verdad es que nos hemos llevado un gran susto.
  • Pues ya he quedado con Marta a las 8,30 en mi casa para ver qué podemos hacer, así que ya sabes, tenemos "asamblea popular".  
  • Pues allí estaremos, no te preocupes, algo hay que hacer, que nos quedamos sin pueblo, y a mí me vendieron una casa con pueblo...
  • Como esto siga así, lo del pueblo va a ser un recuerdo. Nos vemos en mi casa, hasta luego, Daniel.

Sobre las 8.30 de la noche fueron llegando a la casa de Manuel. Este había preparado algo para picar, unos trozos de queso y jamón, una jarra de vino y los vasos correspondientes, Marta trajo sus rosquillas, que servían también de ambientador. 

Pronto Gero tomó la palabra.

  • Bueno, amigos, nos ha convocado Manuel con mucho acierto, ya que tenemos que denunciar esta situación al ayuntamiento, que nos tiene totalmente ignorados, como si no existiéramos, solo para cobrar los impuestos, por lo menos que acordonen la zona con peligro de desprendimientos.

Manuel le miró y seriamente dijo:

  • A ver Gero, es cierto que hay que avisar al ayuntamiento, pero ya sabes que allí, las cosas de palacio van despacio. Igual  es mejor  ponernos manos a la obra, somos los que corremos el riesgo, miremos qué medidas de seguridad podemos tomar. Esperar algo de las instituciones, sabemos que cada vez es más complicado.

Elisa puntualiza.

  • Es triste lo que dice Manuel, pero también es cierto que a nadie le preocupa que el pueblo esté desapareciendo, que se pierda una parte de la historia de la zona, que se pierda incluso el patrimonio cultural, aquí todo se mide por los votos y, nuestros 5 votos no creo que pesen mucho para hacernos caso. Ahora bien, pienso que las dos cosas son complementarias, tomar las medidas necesarias nosotros y también poner en conocimiento del ayuntamiento el riesgo que hay en esa zona y pedirle que tome las medidas pertinentes. 
  • ¿Tú qué piensas Marta?
  • Que tienes toda la razón, mañana por la mañana acordonamos la zona, ¿Gero tenemos cinta para poner allí?.
  • Si, la que usamos para atar las alpacas nos puede servir y además podemos poner unos plásticos, por si cae algo, que se quede dentro de la zona.

Daniel sonrió.

  • Que bien se toman las decisiones en este pueblo, en poco tiempo ya  tenemos casi arreglado lo que en el ayuntamiento iban a tardar tres meses y, si lo hacían. Por la mañana os ayudo, así que podemos quedar Manuel, Gero y yo.

Marta saltó como un resorte,

  • Pero, ¿yo no soy del pueblo?, si además la idea es mía, yo estaré allí.

Daniel se puso rojo.

  • Perdón Marta, tienes razón, yo era por no molestar.

Marta le guiñó un ojo a Elisa. 

  • Vale Daniel, era broma.

Elisa se echó a reír.

  • Este Dani todavía tiene un ramalazo y luego va de ...

Daniel está en aquello de "tierra, trágame" y colorado como un tomate. Elisa lo remató con un...

  • Todavía se pone rojo, ¡qué tímido es mi Dani!

La carcajada fue a coro... menos uno que no estaba muy cómodo.

Elisa aprovechó para cambiar de tema, tampoco era para tomarle el pulso a su Dani.

Mirad, en mi escuela están haciendo una campaña para llevar alimentos y medicamentos a Ucrania, nosotros somos pocos, pero también podemos colaborar. Yo los puedo llevar, si os parece bien.

Todos apoyaron la idea y, quedaron en darle las provisiones a Marta, cuando marchara para la escuela.

Gero comentó que a causa de la guerra todo está subiendo y que los camioneros cortan carreteras, los pescadores dejan de salir a faenar, los ganaderos no pueden vender su leche. Las cosas están muy mal y este gobierno no hace nada. Mientras Francia, Portugal, Italia, Alemania ya han bajado los impuestos y tomado medidas para proteger a los ciudadanos, Sánchez y compañía siguen sin hacer nada.

Daniel, le dijo que eso no era así, que las cosas son muy complicadas, que a este gobierno le había tocado bailar con la más fea, una pandemia, una guerra que nos afecta a todos, que esto hay que sacarlo todos juntos, no medio país contra el otro medio.

Elisa les miró y con cara de pena dijo º que quizás estemos en el tiempo en que todos tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos, mirar menos las diferencias y más lo que nos une. Si algo hay que aprender de una guerra, del  pueblo Ucraniano, donde nadie daba un euro por ellos, ante el poder ruso, siguen resistiendo, defendiendo su tierra, sus ideales. Las guerras las carga el diablo, mirar para otro lado cuando matan a personas inocentes puede ser cavar nuestra propia tumba.

Hay proyectiles de muchos tipos, los que crean las diferencias sociales, los que hacen crecer las colas del hambre, los que destruyen las esperanzas de los saharauis y los que huyen de la pobreza, los que matan con el olvido a nuestros pueblos y aldeas... 

Ahora bien, nada comparable como ver a una gran potencia lanzar sus misiles acabando con las viviendas, con las ciudades, con las vidas de cientos de personas que hace unos días vivían como nosotros. Que el Tribunal internacional de Haya esté tomando buena nota y lleven ante el mismo a los criminales de guerra, que  paguen por los más de 100 niños ya asesinados.

A Marta se le enrojecen los ojos, recordando aquella maestra como ella, que contaba cómo había visto morir a dos de sus alumnos por un misil que nunca debería haber caído sobre su escuela. ¡¡Malditos proyectiles de la vergüenza!!.

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