lunes 18/10/21

Entre la lupa y el olvido

No se están pidiendo condenas, se está pidiendo que la memoria de todas esas personas bien merece un juicio justo, para saber por qué murieron en esas condiciones, quiénes tomaron las decisiones y si las mismas están amparadas por nuestro Estado de Derecho.

Esta pandemia se ha llevado muchas vidas, nos ha robado hasta el contacto con los que queremos durante demasiado tiempo. Hasta la llegada de las vacunas solo teníamos dos escudos, la responsabilidad de la población, todos en nuestras casas cuando nos lo han ordenado, confinados, y todos tapando parte de nuestro rostro con mascarillas, sonriendo con la mirada. Bueno, todos, todos no, siempre en todo gran colectivo, hay una nota disonante, capullos que se creen más listos que los demás.

Ahora bien, convertir en protagonistas a la excepción obviando el mayor esfuerzo colectivo de una sociedad en muchas décadas no es justo. Cada vez que me pongo delante del ordenador y escribo sobre estos temas, siempre recuerdo que más de 40.000 personas en nuestro país han fallecido en residencias, y la mayoría en una soledad que aumenta el sufrimiento en esos días finales. No quiero escarbar en una herida, que tanto daño nos ha hecho, pero tampoco cerrar los ojos y pasar página como si no hubiera responsables de esta situación, como si las actuaciones y decisiones que se tomaron en esos momentos no tuvieran consecuencias y algunas muy lamentables.

Pasar página sin depurar responsabilidades por parte de la justicia, ese sí que es el mayor indulto o incluso amnistía. A los que se han indultado ahora por el tema del "Proces", han tenido un juicio, se han podido poner los medios de defensa de los imputados, existían y existen una igualdad de armas, en un proceso con todas la garantías, que todavía no ha terminado, hasta que se pronuncien todas las instancias. Se debe recordar que la justicia europea también forma parte de nuestro ordenamiento jurídico y sus decisiones son de obligado cumplimiento.

Ahora bien, ante un auténtico atentado contra una parte tan valiosa de la sociedad, y que pasen página, Gobierno Central, autonómicos, oposiciones en todos los órganos de representación, hasta la propia justicia, eso es triste. Cuando el grado de responsabilidad salpica a demasiados, nadie tiene interés en que se aclare, en saber la verdad. Los hechos del pasado ya no se pueden remediar, pero sí se pueden tomar medidas hacia el futuro, y todos deben saber que quien actúa fuera del ordenamiento jurídico tiene sus consecuencias, que la ley debe ser para todos, aunque lamentablemente sabemos que lo igual depende del poder que tengas.

No queremos, ni podemos tapar con la manta del olvido más de 40.000 muertes de nuestros padres y abuelas

Escribir esto en unas páginas de un periódico, en un artículo o en una columna de opinión no tiene más valor que el recurso que más utilizamos en este país, el del pataleo. Algunos podemos clamar en el desierto, pero no queremos, ni podemos tapar con la manta del olvido más de 40.000 muertes de nuestros padres y abuelas, parte fundamental de una generación que ha hecho tantos esfuerzos por nosotros, por dignidad no nos podemos callar. No se están pidiendo condenas, se está pidiendo que la memoria de todas esas personas bien merece un juicio justo, para saber por qué murieron en esas condiciones, quiénes tomaron las decisiones y si las mismas están amparadas por nuestro Estado de Derecho.

Hay otra parte de la sociedad con unos juicios de valor demasiado duros sobre los jóvenes, que si para todos es duro estar confinados, a quienes se les está robando parte de su juventud, merecen más compresión. Seguro que hay comportamientos poco apropiados en un colectivo tan amplio, es hasta estadísticamente normal, nadie duda que se deben perseguir y condenar, seguro, pero no se puede decir aquello de esta juventud es irresponsable, no hay quien pueda con ellos, son unos niñatos... Hace más de 2500 años ya Sócrates manifestaba esto, que seguro nos suena, "la juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, y tiranizan a sus maestros".

Los sucesos lamentables de Mallorca, primero hay quien por su afán de negocio, de aquel que vende lo que haga falta, y se olvida de sus obligaciones y responsabilidades. Si alguien entra en un local, los responsables del mismo, además de cobrar la entrada, tienen la obligación de que se cumpla en el mismo la legalidad vigente, y si 200 personas están sin mascarilla es también porque esto se ha permitido. 

Es cierto que hay dos responsabilidades, el que se la quita, sin quitar gravedad, es un menor y el que lo permite un adulto que hace negocio, la falta de control de las autoridades, poner las dos al mismo nivel, no es ecuánime. Las autoridades permiten una serie de actuaciones que no caben dentro de un comportamiento normal en los parámetros de racionalidad. No puede ser que un inglés vaya a Mallorca, sin PCR, sin ningún tipo de control, en un país afectado por la variante Delta que tantos problemas está causando, y que un chaval vaya desde la península a Mallorca y tenga muchos menos derechos en su propio país. Además aquí la protección del menor ha brillado por su ausencia, incluso con algunas imágenes que rozan el delito, y donde la Fiscalía del menor ha tardado demasiado en proteger a los mismos, llueve sobre mojado.

Es muy llamativo, los cuatro descerebrados que se han escapado, que han desobedecido a las autoridades, que no pasa nada por estar una semana en un hotel, siempre y cuando se respeten los derechos fundamentales que nos otorga nuestra constitución, y con más motivo de ser especialmente cuidadosos si hay menores por el medio. Ahora bien, hacer de ellos una causa masiva por parte de algunos contra la juventud, es totalmente desproporcionado.

Posiblemente olvidamos muy pronto cuando éramos jóvenes, o lo que es peor a veces solo recordamos la parte positiva, nuestro cerebro es muy sabio y selectivo para borrar lo que no nos interesa. La juventud de hoy es muy parecida a la nuestra y a la que nos describía Sócrates, comete errores parecidos, dejémoslos crecer, que la compresión junto con la educación siempre han sacado lo mejor. Quizás haya demasiados focos sobre sus comportamientos y muy pocos para lo que pasó con nuestros mayores, penoso e injusto.
 

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