miércoles 23/6/21

Llanto y clamor contra la violencia machista

Era un sábado de mediados de diciembre, cuando las luces adornan nuestros pueblos, colmábamos de buenos deseos nuestras comunicaciones, aunque en nuestro interior esté la pena y el dolor por sus ausencias.

Era un sábado de mediados de diciembre, el tiempo había dado una tregua y lucían un tímidos rayos de sol, al llegar a los alrededores del Ayuntamiento de Argoños se veían vehículos aparcados en las inmediaciones del mismo. En las escaleras de acceso al Salón de Plenos nos encontramos con los amigos que esperaban un año más para realizar el acto de apoyo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que organiza AMA, dos mesas con sendas cajas y un cartel que indicaba "donativo para Iniciativa 0,77% contra el hambre" situadas en la entrada.

Después de saludar a más amigos y autoridades, iniciamos el acto con un alegato contra la situación de violencia que sufren las mujeressolo por el hecho de ser mujeres, volvimos a recordar a Ana Orantes, asesinada el 17 de noviembre de 1997 por su exmarido, atada a una silla, rociada de gasolina y quemada viva. El caso fue, sin duda, por su repercusión social un punto de inflexión en nuestra sociedad, e inspiró  la reforma penal de 1999, así como la creación de la ley integral contra la violencia de género. Desgraciadamente no hay que irse lejos en el tiempo para encontrar asesinatos terribles, estos días estamos aturdidos y con el dolor por el asesinato de la joven maestra Laura Luelmo. Recordar a Ana y Laura sirve para acercar el horror y el dolor de una sociedad que no es capaz de superar una grave enfermedad, la violencia machista. Año tras año ésta se cobra más de medio centenar de vidas. Este año son ya 54 mujeres las asesinadas por la mal llamada violencia de género, parece que da miedo decir la verdad, por la violencia machista, de esos hombre que se han creído con el derecho divino y humano de quitar la vida a lo que consideraban su posesión, "sus mujeres". La violencia puede ser un instrumento del machismo para intentar someter y dominar su espacio vital, lo que se puede imponer, aunque sea por la fuerza, no se negocia, así  el 98,7% de las agresiones sexuales las cometen hombres. Lamentarse y lamerse las heridas puede servir de consuelo unos momentos, y es necesario, pero hace falta que algo cambie, que no sea una estadística sin más, que no se asuma como algo patógeno que no tiene solución, hacen falta nuevas y mejores herramientas para que las mujeres vivan en libertad y sin miedos. 

Las sentencias como la de La Manada han puesto de manifiesto que hay mucho camino legislativo todavía por recorrer y que los que imparten justicia también necesitan más y mejor preparación.

Celebrar el día de apoyo a los Derechos Humanos tiene sin duda que empezar por poner en valor y respetar el más básico de los derechos, el derecho a la vida, sobre el que se sustentan todos los demás, el derecho a la integridad física y psíquica tantas veces violado en nuestra sociedad. Esos asesinos y maltratadores no están en tierras lejanas, están entre nosotros y ponen en peligro a nuestras hijas, madres, hermanas y compañeras. A veces cuando sacas el tema te miran como si fuera una exageración, hasta que comentas que hay 166.620 denuncias por violencia machista de 2017, y la cifra más alta desde que hay registros, con un incremento del 16,4% según los datos de la propia memoria del informe anual del Poder Judicial, poniendo de manifiesto un nuevo incremento de denuncias, condenas y órdenes de protección. Si además de estos datos apabullantes, se tiene en cuenta y se calcula que por cada denuncia presentada hay otras dos que nunca verán la luz, te das cuenta que nuestra sociedad sufre una severa dolencia, y mirar para otra parte, eso seguro, no es la solución, ni tampoco decir que otros países están peor, o que ni siquiera tienen estadísticas, nunca el mal de otros ha curado el nuestro. Las sentencias como la de La Manada han puesto de manifiesto que hay mucho camino legislativo todavía por recorrer y que los que imparten justicia también necesitan más y mejor preparación.

Mientras las autoridades y los amigos de AMA íbamos leyendo el preámbulo y los 30 artículos de esta constitución universal que son los Derechos Humanos, escuchando sus voces uno ve que muchas veces el problema, no son las normas, sino la falta de control y seguimiento para ese cumplimiento. Hoy estamos llorando a Laura Luelmo que era una joven construyendo su futuro en un país donde a los jóvenes no se lo hemos puesto nada fácil, tuvo que ir lejos de los suyos para encontrar ese trabajo de maestra. Que luches por dar, por aportar lo mejor de ti a los demás, y te arrebaten la vida, simplemente por ser mujer es además de un asesinato macabro, una desgracia para toda la sociedad que pierde una parte valiosa de la misma, un fracaso donde el culpable sin duda es ese asesino, pero también sentimos que es el fracaso de nuestra comunidad, que no es capaz de proteger a esta joven de un vecino con antecedentes tan peligrosos. Siempre quedarán preguntas sin resolver, ¿cómo es posible que nadie avisara a Laura de quién vivía a su lado? ¿cómo si se conocían estos antecedentes se tardaron varios días en actuar? ¿Quién hizo las valoraciones pertinentes para poner a este asesino en la calle?.

Desgraciadamente muchas mujeres como Laura no verán otro amanecer. Qué duro, qué injusto, cuánto dolor, hagamos algo más que lamentarnos.

Demasiadas veces volvemos a arrojarnos nuestras diferencias en lugar de trabajar conjuntamente para resolver lo que es un problema de Estado, donde los hombres todavía tenemos complejos, y nos defendemos como especie, nos sentimos atacados como varones, como si fuera un River-Boca, un hombres contra mujeres, sin darnos cuenta que fue nuestra madre quien nos parió, a la que tenemos que proteger,  nuestras hijas y mujeres las que pasan miedo... Es difícil de comprender ahora que con móvil podemos acceder a toda la sabiduría casi universal, todavía no haya medidas tecnológicas que pongan barreras contra estos asesinos, o alerten a las posibles víctimas.

Desgraciadamente muchas mujeres como Laura no verán otro amanecerQué duro, qué injusto, cuánto dolor, hagamos algo más que lamentarnos, son tiempos de pedir deseos, qué sean normas justas,  qué las mismas se cumplan, qué la educación sea el arma de las nuevas generaciones que acabe con tanta injusticia, y qué ninguna mujer pase miedo o incluso la priven de su vida, porque su "delito" sea ser mujer. Era un sábado de mediados de diciembre, cuando las luces adornan nuestros pueblos, colmábamos de buenos deseos nuestras comunicaciones, aunque en nuestro interior esté la pena y el dolor por sus ausencias.

Llanto y clamor contra la violencia machista
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