lunes 25/10/21

La gripe y las eléctricas, dos males que atacan en invierno

Hemos dejado a nuestros abuelos con la manta por la cabeza y pasando frío por culpa de unas empresas que tienen de todo menos vergüenza.

Hay días en los que uno no está para nada,  días tontos donde una décimas de fiebre, fruto de la gripe incipiente,  te hacen vivir como en una pequeña nebulosa,  pareces estar mucho más sensible a cualquier noticia, contratiempo, incluso cualquier ruido.. aunque se produzca en las antípodas se reproduce y suena como una explosión  en tu cabeza, donde el efecto mariposa se manifiesta en todo su esplendor.

Dicen los expertos que tres de cada cuatro españoles padeceremos gripe o resfriado al menos una vez al año. ¡Ya quisiéramos tener las mismas posibilidades de que nos  tocara la lotería!. En estos días los virus de la gripe nos atacan con todo su mala baba, entran por cada poro de nuestra piel, se apoderan de nuestro sistema inmunológico hasta dejarnos noqueados. Después, dar el paso más pequeño cuesta tanto como subir la montaña más alta, te duele hasta el pensamiento, para que te dejen en paz eres capaz de firmar hasta el testamento, y sólo tienes ganas de coger el sofá y la cama que tienen ya la forma de nuestro cuerpo, quedarte  tapado con esa manta que no te la quitas ni para ir al escusado.

En esos momentos donde el frío entra por cualquier ranura, cuando más necesitas el calorcito de la estufa, de esa calefacción, entonces están allí al acecho los nuevos buitres que mediante el oligopolio eléctrico, y con el asesoramiento de aquellos que han sido nuestros representantes, intentan sacarnos hasta el último céntimo como quien exprime un limón. 

Es inconceible la situación de estas empresas y su comportamiento con los ciudadanos, sólo hay que ver cuantos de nuestros mayores pasan frío por el elevado coste de la factura de la luz. Hemos dejado a nuestros abuelos con la manta por la cabeza y pasando frío, por culpa de unas empresas que tienen de todo menos vergüenza.

En esos momentos donde el frío entra por cualquier ranura, entonces están allí al acecho los nuevos buitres que mediante el oligopolio eléctrico intentan sacarnos hasta el último céntimo

Hay veces donde se confirma que todo lo que puede empeorar, va a peor. La fiebre no baja, el pecho suena como si fueras ventrílocuo, dialoga en tu interior en un extraño y ronco idioma; entonces llenamos las urgencias de los hospitales hasta en algunos casos llegar a colapsar los mismos.

Una vez allí, entregamos nuestro cuerpo y si nos piden el alma también a los profesionales de la sanidad, así cuando tienes unos momentos para reflexionar, cuando tu mente recupera la neurona perdida o despistada, te das cuenta, que no todo es malo en nuestro país, que si de algo podemos estar orgullosos es de nuestra sanidad pública. Cuando se recorre un poco mundo ves que nuestro sistema es solidario y eficiente, tenemos una atención de calidad cuando realmente es necesaria.

Siempre hay excepciones, se pueden encontrar pegas y todo es mejorable; por esos mundos que algunos creen el Centro del Universo, por esas tierras inmensas de los americanos del norte, un gran país donde sin duda hay muchas cosas para aprender, pero no de su sistema sanitario, ni con la reforma de Obama, que ahora  que toma posesión  Donald Trump se encargará de  destrozar antes de darle una oportunidad .

A veces tendemos a flagelarnos, a pensar que todo lo que está fuera es mejor que lo nuestro, vamos que en el extranjero atan los perros con longanizas.  Con  relación al sistema sanitario público podemos afirmar que el nuestro es uno de los mejores, a pesar de recortes y algunos de los responsables políticos . Orgullosos de nuestra Sanidad, y de quienes la hacen posible. Ese gran equipo humano,  bien formado, que nos los quitan de las manos, los alemanes, suizos e incluso ingleses con "brexit" y todo. Contamos con profesionales de la salud, a los que hay que reconocer, y agradecer, su gran trabajo, su mano de santo, sus cuidados nos hacen volver al mundo del que por unos días nos hemos tenido de bajar, nos quitan esa fiebre que nos estaba matando, esos dolores que nos han dejado para el arrastre y nos sentimos como el elefante eternamente agradecidos.

A veces tendemos a flagelarnos, a pensar que todo lo que está fuera es mejor que lo nuestro

La profesionalidad, la amabilidad y cordialidad es una combinación mucho mejor que algunos antibióticos. Los pequeños detalles que te hacen la vida más agradable, que no salen en las portadas de los noticiarios, pero que te ayudan todos los días. Esas personas que te atienden con una sonrisa, que ante una pregunta no te miran como si les estuvieras pidiendo un crédito. El reconocimiento a esa buena gente que es capaz de ofrecer un poco de su tiempo para darte una explicación,  eso que no se mide, ni se paga en la nómina de fin de mes, pero... ¡qué grande es!

No demonicemos lo público y subamos a los altares lo privado. Aquel que tiene como finalidad principal ganar dinero pocas veces piensa en bien común. Los dioses nos protejan de la gripe, las eléctricas y de Trump...

Seguro que en muchos lugares se milita en esa revolución silenciosa de la paciencia, amabilidad y sonrisa. ¡Qué esta revolución silenciosa  sea un virus que se propague mucho más que el de la gripe!

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