viernes 21/1/22

Garzón y la oposición

En este país tienes la sensación de que media España despelleja a la otra media. Lo del respeto al rival, lo de la ética de los comportamientos, es cosa de blandos y equidistantes, sospechosos de malditos rojos para unos y de fachas sin solución para otros.

A veces, manifestar la verdad en el lugar equivocado hace que la misma se vuelva contra quien la dice. Las declaraciones del Ministro de Consumo sobre las macrogranjas, la contaminación que producen y la calidad de su carne, pueden ser ciertas. 

Es más, no han sido pocas las veces que hemos visto programas denunciando este tipo de explotación, e incluso la corrupción que se movía por algunas zonas, que llegó a salpicar a marcas muy conocidas, pero ya se sabe que poderoso caballero es don dinero y una buena campaña de publicidad, te deja un lodazal como un spa.

Ahora bien, que esto lo diga un ministro del Gobierno de España, el de Consumo, es para nota. Si tan claro lo tiene, debería realizar estas declaraciones en sede parlamentaria, informando de los medios que el ejecutivo va a proponer para acabar con una práctica que puede ser perjudicial para la salud de los ciudadanos y el propio sector ganadero. Efectuar estas declaraciones en un medio extranjero, desde luego no parece lo más correcto.

A veces, manifestar la verdad en el lugar equivocado hace que la misma se vuelva contra quien la dice

El Ministro Alberto Garzón, posiblemente, quiso quedar en la entrevista concedida a The Guardian, como un ministro enrollado con el medioambiente, y defensor de los pequeños ganaderos. Ahora bien, al hablar de una carne española de peor calidad, sin duda se produce un descrédito para las propias exportaciones del sector, de las que dependen muchos puestos de trabajo o, es que acaso, el Sr. Ministro cree que el consumidor inglés va a mirar en la etiqueta de la carne española, para buscar cuál es de una macrogranja y cuál de una explotación que cumple todas las normas legales, ecológicas y morales que la Unión Europea nos recomienda.

La irresponsabilidad no está en las declaraciones, la irresponsabilidad está en dónde y cómo se hacen, pero sobre todo está en denunciar algo como si fuera un espectador o un líder de la oposición, sin darse cuenta que es miembro del Gobierno de España. Su responsabilidad no solo es la  denuncia de lo que sucede en nuestro país, sino como miembro del Gobierno dar soluciones a los ciudadanos, no complicarnos más la vida, no están los tiempos para jugar con las cosas de comer.

Al Sr. Garzón le pasa que a pesar del tiempo no ha cambiado "el chip", quizás porque ahora son muy escasos, sigue pensando como ese líder de IU que denuncia los incumplimientos del Gobierno, sin darse cuenta de que ahora él es miembro del mismo. Quizás sea la falta de costumbre, que todavía algunos no se han hecho a la idea, o ese subconsciente que no pocas veces nos traiciona, que las costumbres se te pegan como una lapa.  

Ahora, eso de la lapidación del Sr. Alberto Garzón, por parte de algunos, viene también de aquello "de digas lo que digas..." te están esperando con la escopeta cargada, sobre todo los que quieren cobrarse viejas rencillas, y los intolerantes que creen que todos tienen que ser de su condición y opinión.

Al Ministro hay que reconocerle cierta tendencia a meter la pata, primero con el turismo, después el sector del juguete, por no hablar de alguna campaña sobre lo que debemos comer, que dejaba bastante que desear. Ahora, para rematar, da munición dialéctica a la oposición, al sector ganadero y al propio campo. Esto de ganar "amigos", desde el Ministerio, parece que no se le da muy bien. Unos cursillos de Yolanda Díaz no le irían nada mal.

Se puede hablar de la torpeza del Sr. Garzón, pero no merece esa lapidación de la que tan acostumbrados nos tienen las redes sociales teledirigidas. Hay personajes, y lo que es peor, organizaciones que tienen todo un ejército de soldados que se dedican a disparar a todo lo que se mueve si no es de los suyos. Así, a lo que hacen los demás se le pone una clara intencionalidad con el fin de hacerles daño. No importa ni la forma, ni el medio, ni la ética, todo es válido para derribar al rival político.

Recordemos aquellos lejanos tiempos y los chistes que se hacían sobre aquel buen ministro de Asuntos Exteriores, el Sr. Fernando Morán. Allí corrían los bulos, envueltos en esa maldita gracia, que tiene cuando te ríes del contrario para despellejarle e intentar arrebatarle todo su prestigio, y si puede ser, su propia honradez. Con el tiempo y la distancia, hemos visto claramente la canallada que se hizo, en su momento, y en aquellos tiempos no había los medios que tenemos ahora.

En este país tienes la sensación de que media España despelleja a la otra media.

En este país tienes la sensación de que media España despelleja a la otra media. Lo del respeto al rival, lo de la ética de los comportamientos, es cosa de blandos y equidistantes, sospechosos de malditos rojos para unos y de fachas sin solución para otros. Ahora bien que los lobbies no nos hagan creer "que cielo está en el suelo y el suelo en el cielo". 

Desde luego hay un serio problema en un sector donde unos pocos, los más grandes, parecen que tienen un nuevo derecho de pernada. Por ello, el Gobierno debe ponerse menos colorado y  actuar más siguiendo las propias recomendaciones de la Unión Europea.  Si el Sr. Garzón ha escrito renglones torcidos, que se corrijan, pero no se olviden.

Con el nuevo año más nos valdría mirar lo que se puede aportar para mejorar nuestra situación, qué estar tan preocupados en derribar o meter el dedo en el ojo al que no piensa como nosotros. Una sociedad que suma lo mejor de cada uno, sabemos que además de avanzar más rápidamente es más justa. 

Al Sr. Garzón se le puede pedir que mida mejor sus palabras, las consecuencias de las mismas, dónde y cuándo las dice, que aporte sus conocimientos al Gobierno para mejorar nuestras normas, y a los que solo ven leña para hacer fuego cuando pasan por el bosque, que reflexionen, si el único objetivo es derribar al que no opina como ellos, pobre ejercicio de oposición, pobre favor hacen al país que tanto dicen querer.

 

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