miércoles 23/6/21

El amigo oriental

El miedo va dentro de nuestro ADN, grabado de tantos recuerdos de nuestros antepasados

Me han pasado un video de esos que llegan por whatsapp que te quitan tiempo y llenan la memoria del móvil , lo cierto es que me ha hecho reflexionar sobre las tonterías y la capacidad que tenemos para mirar con cara de mala leche a todo aquello que no comprendemos o nos da medio.

En el mismo se ve un hombre oriental, lo siento no soy capaz de distinguir un japonés de un chino, o coreano..., me asegura un amigo chino que a ellos les sucede lo mismo con nosotros, todos parecemos iguales, con esas grandes narices, orejas y más que blancos, rostros pálidos. El amigo oriental pasa por varias situaciones, en un gimnasio empieza a toser y ve que los demás le miran con cara de pocos amigos, y se marchan del lugar, se huele el sobaquillo, a ver si son los efluvios de su sudor, hasta que se da cuenta de lo que pasa realmente, tienen miedo a que tenga el ya famoso coronavirus.

Piensa, pues a esto le tengo que sacar partido, así va a un establecimiento de comida rápida donde hay una cola enorme, y tose dos veces, de repente todos desaparecen como alma que se lleva el diablo, e incluso el dependiente le deja su consumición desde la distancia, ni siquiera le quiere cobrar, no sea que el dinero esté contaminado. Se dirige a coger un ascensor, está casi a tope, pero con un simple tosido ya todo el ascensor es para él. Por último, va al cine, se sienta en la butaca con un paquete de palomitas, cuando va a comer una, se oye un fuerte tosido, y el cine se desaloja en menos tiempo que si se hubiera realizado una evacuación por un incendio. Nuestro amigo oriental no entiende nada, hasta que allá al fondo se ve a una chica que es quien realmente ha tosido riéndose con cara de pilla.

Esta broma inocente nos describe perfectamente, el grado de alarma, miedo y  tontería que nos rodea

Bueno, esta broma inocente nos describe perfectamente, el grado de alarma, miedo y  tontería que nos rodea. Somos capaces de acaparar mascarillas, geles hidroalcohólicos, así las farmacias vendieron en enero un 300% más de estos productos, sin justificación alguna para ello. Nos inundan de informaciones, todos los medios abren con el  número de afectados por minuto y resultado, lugar, estado, de dónde vino... 

Relataba el otro día el periodista Lorenzo Milá en una crónica desde el epicentro de la zona contaminada en Lombardía, que los médicos no se cansaban de repetir que estamos ante un tipo de gripe nueva, que es verdad que no tenemos memoria vírica, ni vacuna, pero al final estamos hablando de un tipo de gripe, y  todas la gripes se ceban con los que somos mayores, tienen predilección por los ancianos, qué le vamos hacer, normalmente tenemos menos defensas y otras enfermedades que complican la situación del enfermo. Vamos, lo que ocurre normalmente con una gripe común y el índice de mortalidad es inferior a ésta, en torno al 3%.  Desde luego es normal y debe existir preocupación, siempre la hay ante lo desconocido, ante lo nuevo, pero no nos puede llevar a estados tan absurdos como los descritos.

El miedo va dentro de nuestro ADN, grabado de tantos recuerdos de nuestros antepasados, y ese miedo nos ha metido en muchos problemas pero también ha salvado muchas vidas, es como un escudo ante un posible mal, aunque no nos puede llevar a perder la racionalidad. El temor ya se ha extendiendo por todo el mundo, se refleja en algo tan sensible al mismo como el mundo del dinero, las bolsas en una semana han perdido un 10%, y la incertidumbre pone nubarrones sobre la economía mundial.

No hablamos de virus como el ébola con una muy alta tasa de mortalidad, que sigue afectando a una zona de determinada de África, sobre todo a la República Democrática del Congo, así la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la crisis del ébola para esa zona considerándolo una emergencia internacional de salud pública. La enfermedad ya ha matado desde la aparición de nuevos focos de infección a más de 1.700 personas en el este del país desde 2018, y da la impresión que a esto no se le da la importancia debida, pocas veces lo hemos visto en la primera página de nuestros medios. Quizás es más sangrante que exista una vacuna desde 2015  contra el ébola, testada por la OMS, sin embargo hasta que no llegue o mute en algo que sintamos como un peligro cercano y real para la mayoría será como si no existiera ese grave problema de salud.

Hay que pedir sentido común, proporcionalidad y racionalidad,  una información veraz sin alarmismos, y sobre todo los recursos necesarios para encontrar los medios que acaben con la enfermedad.

Para poner unos datos comparativos  en la última campaña de España (2018-2019) hubo 6.300 muertes que se atribuyeron a la gripe de los 525.300 casos, según los datos del Centro Nacional de Epidemiología . El coronavirus COVID-19 ha afectado a más 84.000 casos de contagio en muchos países del mundo, la mayoría 78.894 en China, donde se han registrado 2.788 muertes. Fuera de China se han confirmado casos en otros 53 países, incluidos 36 en España. Hay que pedir sentido común, proporcionalidad y racionalidad,  una información veraz sin alarmismos, y sobre todo los recursos necesarios para encontrar los medios que acaben con la enfermedad. La OMS lleva una gestión también para mirárselo, primero no le daba importancia y ahora eleva a "muy alto" el riesgo de propagación del virus.

En tiempos donde la xenofobia recorre muchos territorios, donde al diferente se le mira con recelo por una parte de la población, estas situaciones acentúan las discriminaciones y las injusticias con muchas personas. Ese virus tan letal como es el de la intolerancia se sigue propagando, son necesarias políticas educativas que no nos hagan caer, no ya en el tontería, si no en hacer daño gratuito a los demás.

Mi amigo Ming, sí de esos que trabaja en una tienda de "todo a...", me cuenta que nota miradas extrañas, decía "quizás esté un poco más susceptible, pero la verdad es que percibimos a veces esa sensación de ser tratados como los nuevos leprosos". Ni mi amigo oriental, ni nadie merece ese desprecio, ni esa discriminación. Que el miedo no ciegue nuestros ojos, ni la razón.

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