martes 18/5/21

El edadismo, una discriminación que avanza

Con esta grave pandemia que padecemos han salido a la luz situaciones y comportamientos que como sociedad nos tienen que hacer meditar y reflexionar, hacia dónde caminamos, cuáles son nuestros valores y por los que realmente merece la pena luchar .

El edadismo, o discriminación por razón de edad, no es algo nuevo, aquello de lo que no vale se tira, se aparta o simplemente se ignora está demasiado presente en nuestra sociedad de consumo.

Tristemente a veces aquello que se realiza con los objetos tiene una correlación en nuestro comportamiento en otros ámbitos. Hoy no hay tiempo para repetir dos veces una frase, ni para escuchar a quien tiene dificultades para expresarse, poco a poco se va haciendo un arrinconamiento de lo diferente, de aquellos que nos cuestan entender  o simplemente nos molestan.

Con esta grave pandemia que padecemos han salido a la luz situaciones y comportamientos que como sociedad nos tienen que hacer meditar y reflexionar, hacia dónde caminamos, cuáles son nuestros valores y por los que realmente merece la pena luchar. 

De extrema dureza han sido esas condenas a muerte por razón de edad, cuando no había respiradores y las UCIs estaban a tope, se hacía real aquello de elegir a quién se dejaba con vida y a quién morir, siempre con la edad como condicionante.

Tiene 80 años y ya ha hecho su vida, ahora le toca descansar en la paz de los difuntos. Esa opinión era suficiente para que se cambiase de pantalla y nos olvidaramos de lo vivido en las residencias. El 67% de todas las víctimas mortales relacionadas con el Covid-19 han sido residentes de centros de la tercera edad. Taparlo, o pasar página como parece recomendar la Fiscalía General del Estado, cuya primera obligación es defender los derechos de todos los ciudadanos, sin buscar los responsables de comportamientos que han dado lugar a tantas pérdidas de vidas, a tanto sufrimiento es acto además de crueldad con las familias que han sufrido tanto. Decir que no hay ningún responsable sin una investigación a fondo es además de una grave irresponsabilidad que puede estar contemplada en nuestro código penal.

Esto se parece tanto a la política ficción, aquello de que cuando hay un grave problema en la sociedad pronto proclaman el cambio de la legislación

Da la impresión de que nuestros mayores tienen sus derechos fundamentales mermados, limitados y su muerte ya no tiene importancia para nuestras autoridades, qué duro, qué pena, qué injusto. Recordar cuando la petición de justicia era un clamor de una sociedad que veía cómo los mayores morían la mayoría de las veces en la soledad de sus habitaciones abandonados a su mala suerte. Las distintas Fiscalías de las Comunidades Autónomas abrieron hasta 160 diligencias de investigación penal, por la supuesta comisión de hechos delictivos en la gestión de la pandemia en las residencias. Se pudieron cometer graves  delitos como homicidios por imprudencia. 

Esto se parece tanto a la política ficción, aquello de que cuando hay un grave problema en la sociedad pronto proclaman el cambio de la legislación, se enumeran muchas medidas a tomar,  pero cuando pasa la presión social todo queda en simple humo que ciega nuestros ojos para calmar esa petición de justicia. Este sería desde luego, uno de los hechos más duros e injustos vividos últimamente, y donde queda de manifiesto ese edadismo, esa discriminación en función de la edad, eso donde lo que no nos parece útil puede quedar simplemente abandonado.

No es necesario  ir a situaciones tan trágicas, todos somos conscientes que la edad es un condicionante desde que nacemos. El tiempo, ese caballo desbocado que nunca se para, nos transporta a los años donde las arrugas y las canas nos identifican con el cartel, 'con el sello de mayores, no hace falta enseñar ningún documento, se nos ve de lejos.

El edadismo es una forma de discrimanación que se sufre, sin duda, en el ámbito del mundo laboral, donde pasar de 40 y estar buscando trabajo es sin duda una misión complicada. De los tres millones de parados que hay en nuestro país, un millón y medio son mayores de 45 años. El 37% de la población tiene más de 50 años, que es tanto como decir que están fuera del mercado laboral, perder tu trabajo con esas edades es condenarte a vagar por el mundo de la economía sumergida. Hay un contrasentido entre lo que habla de la necesidad de retrasar la edad de jubilación, y la expulsión del mercado laboral a personas con poco más de 40 años, cuando luego queremos que trabajen hasta cerca de los 70.

Esa discriminación, ese edadismo, está haciendo que se desprecie a un gran grupo de profesionales en el mundo laboral

Esa discriminación, ese edadismo, está haciendo que se desprecie a un gran grupo de profesionales en el mundo laboral que puede aportar a la sociedad  años de madurez y conocimientos.  Hay tantas personas que tienen la experiencia de trabajar muchos años bajo presión, con dificultades en todos los ámbitos, y donde la empresa privada sin embargo por la edad no les considera rentables y les da la espalda. Hay demasiados expertos que saben sumar, hacer cálculos,  pero igual no entienden de ética de los comportamientos, ni de las aportaciones emocionales, ni del valor de experiencia. 

Puede ser que los mismos prejuicios que sufren muchas personas por ser pobres, por su color de piel, por su religión, por su orientación sexual... los sufren también nuestros mayores, los que provocan esa ola de discrimanción por razón simplemente de la edad. Hay quien les echa la culpa de todos los males porque consumen muchos recursos, el pago de sus pensiones, los servicios sanitarios, algunos beneficios sociales, y les ven como parásitos, que chupan los recursos, sin quizás simplemente pararse a pensar que son la mayor red social y de solidaridad de un país, que sus pensiones sirven para que muchas familias vayan tirando, que son los que cuidan los nietos para que sus hijos puedan conciliar la vida laboral y familiar, que su experiencia es una fuente de riqueza para todos, y que su memoria es nuestra historia.

El Tratado de la Unión Europea protege a los ciudadanos contra cualquier tipo de discriminación, incluida la de la edad, pero da la impresión que eso no es suficiente, y no estaría nada mal que nuestro país, como lo han hecho otros legisle para proteger a esta especie con arrugas y canas, que tan necesaria es para una sociedad sana,  justa y con memoria histórica.

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