jueves 20/1/22

Derechos Humanos

El 10 de diciembre se conmemora el 68 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es necesario hacer normas y leyes justas, dar al derecho ese contenido internacional que haga que se respeten en cualquier parte del mundo normas básicas de convivencia. Tiene que haber garantías para todas las personas, que nos protejan de los delitos, de la opresión y de la miseria. Que nuestros derechos no sean normas utópicas, ni sueños imposibles, tiene que ser derecho positivo, aplicable, respetado por todos los Estados y que llegue a todos los ciudadanos, existiendo medidas coercitivas que disuadan de su incumplimiento.

Los derechos que emanan de estas leyes son fundamentales y lo es tanto, o más, su cumplimiento. En nuestro país somos expertos en hacer normas, en legislar en caliente, a golpe de actualidad, para que luego muchas de esas normas duerman el sueño de los justos. La autoridad a las normas no se la da su aparición en el BOE, sino la justicia y utilidad de las mismas. Una norma sin sentido, es como un semáforo en el desierto, como mucho sólo se respetará la primera vez. Ahora bien, un tema mucho más preocupante es cuando unas normas de carácter internacional como los Derechos Humanos, no son respetados, ya que se pueden considerar como la base de una Constitución Universal, que deben servir para defender las necesidades más elementales de todo ser humano.

Es necesario hacer normas y leyes justas

Lamentablemente son tantos los incumplimientos y violaciones de estos derechos humanos, que daría para una larga lista. Hoy desgraciadamente en Siria, la vida vale lo que una carrera a un sitio a cubierto, en un pueblo como Alepo que nos recuerda  Berlín o Varsovia de la II Guerra Mundial, donde se quita la vida barrio por barrio, casa por casa, hablar de Derechos Humanos en esa situación puede resultar hasta grotesco. Allí, entre esas ruinas, una niña de siete años decía que tenía miedo, "que estaban bombardeando a sus muñecas"

Muchos de los que salieron huyendo de las bombas del enemigo y el amigo, ya no se distinguen, naufragan y mueren en nuestro Mediterráneo, aquí, al lado nuestro, mientras nuestra sociedad y sus dirigentes hablan al momento de tragedias puntuales, proponen soluciones y medidas para luego ir apagando el ruido, y volver al olvido, estas iniciativas son simplemente "mucho digo, mucho hablo por mi mala conciencia, de lo que no hago".

Es cierto, que no hay que irse fuera de nuestras fronteras para encontrar a personas que pasan hambre y frío, que viven en la miseria energética y social, algunos llevan mucho tiempo, otros son hijos de una crisis de banqueros que pagan sin préstamos los que menos tienen. Puede dar la impresión que todo es negro, que no hay esperanza, que el "apocalipsis now" está a la vuelta de la esquina, desgraciadamente, es cierto todo lo afirmado, pero también es verdad que nuestra sociedad es muy diferente a la de posguerras, sea la Civil o la Mundial. Hemos avanzado sustancialmente, aunque nos produzcan preocupación e incluso miedo algunos movimientos xenófobos que están apareciendo en el corazón de nuestra culta Europa y al otro lado del charco.

Puede dar la impresión que todo es negro, que no hay esperanza

Son innegables los avances obtenidos desde la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Antes, las violaciones de los Derechos Humanos eran consideradas temas internos de los  distintos países, actualmente, la presión social y los cambios legislativos han conseguido que cada vez haya menos impunidad, aunque todavía es largo el camino a transitar. Hay una mayor sensibilidad social contra las violaciones de los Derechos Humanos.

Decía Eduardo Galeano, "Si la maquinaria militar no mata, se oxida", por ello, las tentaciones de "jugar" a la guerra desde algunos despachos pueden ser demasiado poderosasPor otra parte, se empieza a reclamar nuevos derechos a sumar a los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero quizás haya que trabajar y mucho, para que al menos los aprobados hace 69 años puedan tener una vigencia real, puedan dar la oportunidad de vida mejor a muchas personas.

Que en cada pueblo haya una calle, una plaza con una placa que nos traiga a la memoria estos derechos tan encomiables y necesarios para todos

Hay un derecho que si podemos ejercer, el derecho a la protesta, incluso, a la indignación contra quienes nos maltratan. La rebeldía contra la injusticia, que no nos tengan por sumisos siervos, sino por iguales en derechos y libertades como reconoce el artículo 1º de esta valiosa Declaración. Esos derechos intentan expresar aquello que los seres humanos precisamos para tener una vida digna. Los Derechos Humanos son universales, innatos, irrenunciables, inalienables, imprescriptibles e indivisibles, solo falta que sean respetados.

Para ello, nada mejor que recordarlos, que en cada pueblo haya una calle, una plaza con una placa que nos traiga a la memoria estos derechos tan encomiables y necesarios para todos. Desde un pequeño pueblo de Cantabria, en Argoños, un grupo de personas queremos poner nuestra voz a los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos a las 12 horas del sábado, 17 de diciembre, en el Centro Cultural, donde están invitados a aumentar este coro, para que nuestro eco llegue más lejos.

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