miércoles 23/6/21

De espaldas al final

Se habla de que todos los humanos tenemos la mala costumbre de morirnos, Oriente lo tiene mucho más superado, asumido, nosotros nos pasamos la vida viviendo de espaldas a esta realidad. 

Nacemos llorando y morimos normalmente haciendo llorar a los que nos quieren. En nuestra cultura una de las situaciones que peor llevamos es nuestro final, y el de las personas que queremos. Siempre está esa aseveración que dice que problema que no tiene solución, no es un problema... La muerte, nuestra desaparición no se si se le puede catalogar de problema, pero lo que todos tenemos claro y seguro es nuestra extinción.

Se habla de que todos los humanos tenemos la mala costumbre de morirnos, Oriente lo tiene mucho más superado, asumido, nosotros nos pasamos la vida viviendo de espaldas a esta realidad.  Si miramos a nuestro alrededor todo lo que tiene vida normalmente tiene un final. Somos hijos de las circunstancias, de las creencias, de las experiencias propias y transmitidas, y con todo el respeto hacia todas la creencias, ya se sabe, que si de algo estamos convencidos en nuestra especie es que su creencia,  religión es la verdadera, la pura, la que nos llevará a otras dimensiones. Nunca intentes convencer a un persona sobre su fe, contra lo irracional, no valen las demostraciones científicas, ni filosóficas, se cree o no se cree y punto. A veces el sufrimiento parece parte de un ritual que somete a toda la sociedad.  

Si miramos a nuestro alrededor todo lo que tiene vida normalmente tiene un final

La próxima semana llegará al Congreso por tercera vez la ley que pretende regular en nuestro país la eutanasia, esta vez cuenta con apoyos suficientes. Recientes encuestas muestran que más del 75% de la población pide una regulación para una muerte digna. Siempre ha habido un debate social donde hay que reconocer que son muchos los elementos éticos, morales, lo cierto es que es un clamor entre pacientes y familiares la petición de esa regulación, posiblemente pocas cosas sean más injustas que hacer sufrir inútilmente al personal, además cuando estamos en la posición más débil. 

Es la propia sociedad la que empuja al legislador a tomar medidas, como tantas veces estamos con una normas obsoletas. Mayorías conservadoras e incertidumbres políticas han retrasado una y otra vez la aprobación de esta norma, también hay grupos de presión que han utilizado sus influencias para que nada cambie, al igual que hicieron, con el aborto, el matrimonio homosexual..,  muchos de estos que se oponen, seguro que luego utilizarán la misma, lo dice la experiencia de otras normas a las que se han opuesto y que hoy están asumidas por toda la sociedad. 

Lejos queda esa hermosa película de Amenabar "Mar adentro" (2004) donde nos narraba la vida del marinero y escritor Ramón Sampedro, tetrapléjico tras un accidente y su petición de la aplicación de la eutanasia, su lucha para conseguir un ley  que reconozca el derecho a esa muerte digna. Muchos son los años que han transcurrido y seguimos con la misma legislación con los mismos problemas. Quienes tienen más medios pueden ir a un resort de Suiza a acabar sus días, a otros países de nuestro entorno donde esta situación está regulada. Sin duda necesitamos una norma que dé soluciones a dramas indeseados, a situaciones límites, que de una salida comprensiva y compasiva. Recientes acontecimientos han tenido una gran repercusión social, cómo la imputación de Ángel Hernández que ayudó a su mujer María José Carrasco  a morir, a petición de la misma, ya que estaba en una situación insoportable, esto fue  un acto de amor y así reconocido por toda la sociedad. 

Es triste e injusto que incluso para morir algunos se tengan que ir lejos de su país, o conseguir su producto en el mercado negro

Por una parte, en nuestro país la eutanasia y las diferentes formas de colaboración al suicidio son conductas ilícitas, están tipificadas en el artículo 143 del Código Penal "El que induzca al suicidio de otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años. Se impondrá la pena de prisión de dos a cinco años al que coopere con actos necesarios al suicidio de una persona". Por otra, nuestra Constitución declara en el preámbulo que es voluntad de la nación española el "asegurar a todos una digna calidad de vida", y en su artículo 10 enuncia que "la dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes,...", también el  art. 15 establece que "todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes".  Manifestaba hace ya muchos años Peces-Barba que "el problema es saber cuándo la vida deja de ser digna y ese es uno de los primeros problemas que tiene que plantearse la ley y dar soluciones". En nuestro derecho constitucional encaja perfectamente una norma que contemple la eutanasia.

Posiblemente tenemos que aprender de la experiencia de los Países Bajos que no solo han legalizado la eutanasia, impulsando además esos cuidados paliativos tan necesarios. Actualmente están profundizando y estudiando la posibilidad de lo que llaman la pastilla de la eutanasia o "píldora Drion". Huib Drion fue un juez del Tribunal Supremo holandés, conocido ensayista y académico, el hace más de cuarenta años ya propuso una iniciativa para que el Estado pusiera a disposición de los ciudadanos mayores de 70 años una píldora con el fin de que pudieran decidir en qué momento quieren acabar de vivir. La realidad es que no es un debate fácil, y la seguridad en la voluntad y las condiciones para poder usarla tiene que regularse acertadamente. Algunos con humor negro dicen que puede estar propuesto por el FMI en su política de acabar con los grandes costes que suponen las pensiones.

Es triste e injusto que incluso para morir algunos se tengan que ir lejos de su país, o conseguir su producto en el mercado negro, por internet donde se ha abierto un mercado ilegal. Sin duda nadie quiere ver a un ser querido en esas situaciones lamentables, sufriendo, simplemente mantenido con vida muchas veces por medios artificiales démonos la oportunidad de hacer un tránsito con la dignidad que nos merecemos.

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