lunes 21/6/21

Como un dolor de muelas

El diálogo, el consenso, sumar para solucionar los problemas, ese idioma parece ya una lengua muerta, y más cuando se nota, se palpa, el ambiente preelectoral. 

Quién no ha tenido un dolor de muelas, y se ha acordado de lo habido y por haber, pasando a un segundo plano todo lo que no fuera que cesara el mismo, cuando el corazón latía en ese flemón parecía que el mundo temblaba, se inflamaba como un volcán a punto de explotar, y el dolor nos inundaba, ahogando incluso la razón.

Afortunadamente los medicamentos y los expertos en la materia nos ponen los remedios para volver a la rutina, y olvidarnos de tan fuertes dolores e incomodas situaciones. Algo parecido está pasando en nuestra sociedad con esa aparición de los intolerantes, déspotas e incluso violentos. Esos que tienen cátedra en posesión de la verdad,  doctorado en malos modos, y sobre todo son expertos en decirnos a los demás lo que tenemos que hacer.

Son como un dolor de muelas, no te los quitas de encima de ninguna forma, en las redes sociales llega un momento que parecen ser suyas, desde su anonimato, en las oficinas del Estado Mayor de sus organizaciones lanzan sus armas de destrucción masiva, proyectiles directos contra todos los que osan pensar diferente. Se unen para hacer TT a los suyos, sus ideas en una cadena que más bien es una condena para los demás, enciendes el televisor y allí donde haya una tertulia aparecen como setas.  Ellos lo vieron antes, ellos lo saben todo, ellos y siempre ellos. Son como una guerrilla o como un escuadrón, muchas veces poco ilustrado, nos quieren hacer cambiar el mundo, pero no para avanzar en los derechos sociales, para mejorar nuestro entorno, sino lamentablemente para volver a un triste pasado que dábamos por superado.

Decir que todo está mal, que sólo existe el negro en nuestra sociedad, no sería justo, sobre todo por las personas que trabajan todos los días poniendo los ladrillos de un mundo mejor

Tenemos algunos que se apuntan a la vía eslovena, otros a la vietnamita, y muchos a la de Trump, Bolsonaro, Silvani... o a la que haga falta. Lo importante es que triunfen sus posiciones, desde algunas instituciones se les apoya y se les aplaude con la excusa de que sin violencia no se avanza, hay que romper las costuras, y quizás las costillas de algunos, para algunos siguen vigentes los principios del pelirrojo Nicolás "el fin justica los medios"... Ahí están los que sólo ven la patria particular de su casa, los que todo lo que no sea una y grande les parece ceder, y quieren que desaparezcan de la faz de la tierra hasta las CC.AA. y por qué no, los ayuntamientos, puestos a pedir, su idea de Estado es única y excluyente o ellos

El diálogo, el consenso, sumar para solucionar los problemas, ese idioma parece ya una lengua muerta, y más cuando se nota, se palpa, el ambiente preelectoral. Se calienta desde las tribunas al personal, para movilizar y despertar a suyos, se les excita e incita, y todo con el fin de lograr que introduzcan su papeleta. Es cierto, que nuestros partidos clásicos se lo tienen que hacer mirar, con demasiados profesionales de lo ajeno, donde la corrupción corre por sus venas, como el alcohol en alguna fiesta subida de tono, y desde la lejanía da la impresión que su mayor preocupación es aquello de "¿qué hay de lo mío?". No son pocos los que dicen que el verdadero INEM está en los partidos políticos, verdaderas agencias de colocación de familiares y amigos. Algunos llevan 35 años en cargos públicos y se venden como renovadores, más de 20 años maltratando a familias inocentes, con la situación de los derribos, todavía sin darles esas soluciones que anuncian e incluso aprueban cada legislatura y jamás llegan, o 12 años gobernando nunca han tenido una Consejera de su partido, pero van con la pancarta del feminismo, o los que nos hablan de honradez y les crecen los casos de corrupción como las amapolas.

Decir que todo está mal, que sólo existe el negro en nuestra sociedad, no sería justo, sobre todo por las personas que trabajan todos los días poniendo los ladrillos de un mundo mejor, tendiendo puentes hacia la amistad, desde los que te regalan una sonrisa, hasta los que caminan pidiendo alimentos para los más desfavorecidos, desde los que en la sanidad, en la educación, en la empresa pública y privada, en la administración... cumplen no sólo con su trabajo, sino que nos regalan un plus de amabilidad, verdaderos medicamentos contra ese dolor de muelas que son las caries de la intolerancia.

El antídoto, la medicación es más libertad, más tolerancia, más solidaridad, más participación, más y mejor justicia.  

¿Todos los que se dedican al noble arte de la política son ladrones y gente de malvivir?no, pero ahora están en cuarentena, bajo sospecha, algunos incluso en las cárceles, son demasiados los que no vienen a servir, sino servirse,  no quieren ser útiles, sino importantes. Seguro que los hay honrados, y buena gente, pero cada vez cuesta más encontrarlos, no vienen de Marte aunque a veces escuchándolos parecen no ser de este mundo, la realidad es que son hijos de nuestro pueblo, con algunas de sus virtudes y muchos de sus defectos. A veces deberían aprovechar la grandeza del silencio, ya que la vida nos da grandes oportunidades para callarnos.

Los elegimos nosotros y tenemos que asumir nuestra cuota de responsabilidad, eso de que "cada pueblo tiene el Gobierno que se merece" puede ser demasiado injusto, lo diga Churchill o Gandhi, "Si hay un idiota en el poder es porque los que eligieron están bien representados" Lo grave empieza cuando ese dolor de muelas, esa intolerancia, esa infección se generaliza por todo el organismo, como ya sucedió en el pasado con trágicas consecuencias. Por ello el antídoto, la medicación es más libertad, más tolerancia, más solidaridad, más participación, más y mejor justicia.  

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