miércoles 23/6/21

En agosto mucho gato por liebre...

Si hablamos de consumo, el número de inspectores que revisan la normativa de la venta de productos que no cumplen esas normas no es escaso, es simplemente ridículo.

Al final llegó agosto, ese mes que tantos esperamos para disfrutar del merecido descanso, esas vacaciones idealizadas durante el año. Huyen de la ciudad, los que pueden, tomando camino hacia el pueblo, la montaña, la playa, visitar nuevas tierras, conocer los sueños de esas noche de verano.

También es este mes donde algunos espabilados, que van de listos por la vida, quieren hacer su agosto particular. Así cuando nos relajamos, bajamos la guardia, de ello se aprovechan estos personajes para darnos gato por liebre, pata negra por cerdo de Polonia, fletan por lenguado, corujo como rodaballo, miel por mezcla de siropes, los rejos (pata de pota) por pulpo, garrafón por reserva... y facturas que suben como la espuma de la cerveza echadas desde lo alto de la barra. 

Podemos ser de los países de occidente donde más normas producimos por metro cuadrado, tenemos normas para todo, a veces se puede decir que legislamos muy por encima de nuestra posibilidades, normas municipales, forales, autonómicas, estatales, europeas... Pero eso sí, a la hora de cumplirlas ya es otra cosa, y sobre todo que pocas autoridades tenemos para vigilar las mismas, en agosto menos, ya que estos encargados del control también están disfrutando de sus vacaciones. Es una realidad la necesidad de personas que controlen lo legislado, que el fraude y el engaño no disfruten de todas la facilidades, la permisividad y a veces impunidad en nuestro país. 

Hemos visto la propia denuncia de los Inspectores de Hacienda que hablan del poco personal para perseguir a aquellos que se quieren quedar con lo que por ley es de todos. Eso sí, no esperemos ver una manifestación de ciudadanos pidiendo un aumento de inspectores de Hacienda, esto sería como si nos hubieran convencido que todos tenemos algo que esconder. De esta forma, aquellos que disponen de más parné, lo tienen mucho más fácil para distraer los recursos, o mejor dicho, robarnos a todos los demás.

Aquellos que disponen de más parné, lo tienen mucho más fácil para distraer los recursos, o mejor dicho, robarnos a todos los demás

Si hablamos de consumo, el número de inspectores que revisan la normativa de la venta de productos que no cumplen esas normas no es escaso, es simplemente ridículo. Si preguntas en el bar del pueblo, o en chiringuito de playa la última vez que pasó un inspector por allí os mirarán con cara de extrañados, y con gotas de mala leche, como diciendo, pero, ¿este qué quiere?, ¿meterme en problemas?. La falta de control sobre los productos de alimentación en puestos no autorizados puede tener graves consecuencias, a pesar de haber una cultura de venta en la calle, de esa venta ambulante, muy necesaria, se hace muy difícil identificar los que cumplen la norma o no. Quizás lo ciudadanos más que las normas debemos usar la racionalidad, ya que alimentos que llevan tantas horas al sol en condiciones poco salubres tienen que llevarnos a la precaución.  

Sin embargo, vemos todos ante nuestros ojos situaciones que parecen imposibles de creer, famosos mercadillos que están hasta la bandera, situados justo enfrente de la autoridad competente, por toda nuestra piel de toro,  donde se venden todo tipo de falsificaciones, mientras las autoridades vigilan que los amigos de lo ajeno, carteristas de manos rápidas, no se lleven lo que no es suyo, pero el control sobre la ventas parece pertenecer a una autoridad invisible. Muchas veces tenemos que entonar el mea culpa, comprar la camiseta de fútbol de Messi por 10€, un bolso de Milán por 15€, el reloj suizo 25€, artículos deportivos conocidos por todos, ropa de marca que llevan los más pijos, calzado de pura piel, gafas de sol de primeras marcas mundiales, perfumes que su olor dura lo que dura su compra, y tantas cosas, donde el mundo de las vanidades y apariencias hace que nos gastemos el dinero en falsificaciones y sucedáneos de la realidad. Recuerdo una vez en el Gran Bazar de Estambúl  que el vendedor nos aseguraba "falsificado 100%, pero de la mejor calidad", por lo menos allí nadie se podía llamar a engaño.

Que decir de los que se apropian hasta de nuestras aceras, si paseas por cualquier acera de nuestros pueblos puedes observar un uso de la propiedad pública como uso privado, la apropiación indebida del espacio común, que se produce por parte de establecimientos privados al amparo de unas ordenanzas municipales,  muchas veces poco acertadas, menos  controladas y respetadas. Paradójicamente tuvieron parte de su auge en la ley 42/2010, de 30 de diciembre, más conocida como la "ley antitabaco" que sacó a muchos clientes de los establecimientos a la calle, produciendo colateralmente unos daños que parece que a nuestras autoridades no les merece la pena subsanar, y es que eso de sancionar a los que luego te pueden votar, pues ya se sabe, hay nubes que tapan el cielo de la razón, para ver el sol del interés particular . 

Hay veces donde te tienes que bajar a la carretera para pasar, las mesas, sillas y sombrillas ocupan en su totalidad la calle, y si quieres meterte en problemas solo tienes que llamarle la atención a los responsables del local. Por allí pasan todas la autoridades sin que ninguna haga lo más mínimo para que se cumpla la legalidad vigente. Si vas en silla de ruedas, con el coche del niño, o con la abuela que apenas puede andar, es casi misión imposible driblar los obstáculos, y quedas a la buena disposición que tenga el que ocupa el lugar público. Se están incumpliendo los derechos de los ciudadanos, pero hay una tolerancia casi total en muchos municipios a este tipo de infracciones.

Fiestas de pueblos , donde  al lado de la sede de ese Ayuntamiento y con todo tipo de policía local, autonómica, e incluso estatal, se vende alcohol a menores sin ningún rubor, es igual que tengan o no el cartel  obligatorio de "no se puede vender alcohol a menores de 18 años",  tal y como subrayan las leyes de diferentes CC.AA. sobre la prevención del consumo de bebidas alcohólicas en la infancia y la adolescencia. No ser respeta ni nuestra Constitución que en su artículo 43  consagra "el derecho de todos los ciudadanos a la protección de la Salud, al tiempo que establece la responsabilidad de los Poderes Públicos como garantía fundamental de este derecho y establece el mandato de organizar o tutelar la Salud Pública". En ocasiones los carteles incitan directamente a la compra de alcohol.

Hay veces donde te tienes que bajar a la carretera para pasar, las mesas, sillas y sombrillas ocupan en su totalidad la calle

Visto el perjuicio para la salud, el económico y social que provocan los productos en mal estado, falsificados, estas conductas están penadas en nuestro código penal, delitos contra la salud pública, contra la propiedad industrial, estafa, evasión fiscal... No son pocas las veces que somos conscientes los consumidores de adquirir productos falsificados, robados, sabemos qué se puede estar cometiendo un delito, como describe el artículo 298.1 del Código Penal "será castigado con pena de prisión de seis meses a dos años quien, con ánimo de lucro y sabiendo que comete un delito "contra el patrimonio o el orden socioeconómico", reciba, adquiera u oculte productos de origen ilícito". Pero... la tolerancia y la impunidad hacen que el posible delito sea algo tan natural que no solo no es denunciado, ni castigado, sino que pasa a ser algo normal en nuestro comportamiento. ¿Quién va a denunciar una compra por 10 euros en un lugar no autorizado, en una falsificación que te ha costado el 10% del valor del producto?  Muchas veces no somos conscientes que comprar cosas pirateadas, y ser cómplices de ese mercado ilegal tiene consecuencias, desde el dinero negro a los productos no controlados que pueden dar lugar a problemas.

Nuestras autoridades que tienen el deber de velar y controlar las infracciones cometidas por los listos de turno, ya sea por falta de personal, por no enemistarse con el infractor, por no complicarse la vida, por...  miran hacia cielo y pasan silbando. Que no nos tomen el pelo, ante ello nos queda nuestra propia racionalidad para que no nos den gato por liebre.