lunes. 15.08.2022

Úrali, uruna, dalle y calli La Juenti Nueva

Ojala podamos seguir recordando muchas más palabras cántabras, para que pronto estas vuelvan de nuevo a formar parte del corpus vivo de nuestra realidad y cotidianidad.

A quién no le ha pasado la sensación de tener la respuesta a algo o de algo, saber que se sabe, y luego al final no dar con la palabra correcta en el momento en el que se necesita. Popularmente esto se conoce como “tener algo en la punta de la lengua”. Pues bien, en Cantabria existe una palabra que es “úrali”, la cual explica el fenómeno por el cual se tiene una palabra “en la punta de la lengua”, pero luego ésta no termina por salir o darse a conocer.

Todo responde en realidad a un proceso cerebral que tiene un nombre científico: letológica. La palabra etimológicamente viene del griego, “lethe”, que significa “olvido” y “logos” que da “palabra”. En definitiva, se refiere a cuando la memoria nos traiciona y se nos olvida justo lo que queremos decir, aunque en el fondo sepamos lo que es. Suele pasar con cosas concretas, como nombres de personas, libros, películas o lugares, etc.

Siempre se ha creído que el término fue creado por el psicólogo Carl Jung a principios del siglo XX, aunque la palabra ya aparece en una edición de 1915 del “Diccionario Dorland Enciclopédico Ilustrado de Medicina”. En este volumen, se define como la “incapacidad de recordar la palabra correcta”.

En realidad es una circunstancia absolutamente normal, que le puede pasar a cualquiera en muchos momentos y circunstancias de la vida. Precisamente Jung investigó sobre el tema y sobre cómo el subconsciente tiene que ver con estos bloqueos temporales de la memoria.

Y lo que al final ocurre es que la memoria se almacena en el cerebro de una forma particular. En el hipocampo, lo hace a corto plazo, pero luego los recuerdos se establecen en otras partes del cerebro. Por eso si alguna palabra la hemos escuchado pero no la utilizamos de una forma habitual, ésta finalmente se queda almacenada, y como no se han creado las suficientes conexiones para que la mente acceda a ellas de una manera rápida, al final no las recordamos con la suficiente claridad como para expresarlas y darlas a conocer.

Ojala podamos seguir recordando (como ésta de úrali) muchas más palabras cántabras, para que pronto estas vuelvan de nuevo a formar parte del corpus vivo de nuestra realidad y cotidianidad.  “Humedanza” (palabra cántabra), al castellano da: “humedad”, y la palabra cántabra “uruna”, dice el fantástico diccionario cántabro: “Léxico cántabro”, de Miguel Ángel Saiz Barrio, significa: “humedad de la niebla”. ¿Por qué no decir, por lo tanto, “uruna”, en vez de, por ejemplo: “día de niebla húmeda”, “la niebla es hoy húmeda”, “hoy la niebla viene con humedad”, “la niebla viene húmeda”, “el día es húmedo”, etc.

¿No será mejor decir “uruna” en vez de “humedad de la niebla? Como estos ejemplos hay muchísimos más. Demos por lo tanto valor y originalidad a nuestra lengua y rescatemos sin miedo y sin complejos nuestro idioma. El tiempo y el momento es ahora.

A la “guadaña” en Cantabria siempre se le ha denominado mayoritariamente con el nombre de “dalle”, si esta es grande, o de proporciones al uso estándar, y “dañu”, si es más pequeña en cuanto a tamaño y dimensiones.

En algunos casos también se han referido en Cantabria a la hora de nombrar a la “guadaña” con el nombre de “dañu”, si bien hasta finales del pasado siglo era mayoritaria la forma en "dalle” (también en la Cantabria Histórica) a la hora de referirse a esta herramienta agrícola compuesta de una cuchilla curva insertada en un palo (normalmente rígido), usada para segar hierba, almas, forraje para el ganado o cereales.

En el libro: “Léxico cántabro”, de Miguel Ángel Saiz Barrio, encontramos que la palabra cántabra “dalla” significa: “rozón corto para segar zarzas, rozo, etc. La “dalleta” sería otra forma y manera más familiar y coloquial de referirnos a la “dalla”. La diferencia con la “dalla” era solo a la hora de decorarla, pues la “dalleta” siempre venía con más “ornamentación” o dibujos tallados a navaja o cuchillo, lo que visualmente siempre la hacía más “atractiva” a la vista que la “dalla”. El mismo diccionario anteriormente referenciado dice de la “dalleta” lo siguiente: “dalle de corte y mango cortos para rozar arbustos de las praderías”.

La “dallaa” sería al castellano: “cada uno de los cortes realizados cuando se siega. Y “cambaa” dice el diccionario: “lo que se siega a cada golpe de dalle o guadaña”. No confundir “cambaa” con “cambadu”, que al castellano es: “media luna que se coloca en los extremos de la base de una cuna que permite que se la pueda mecer”.

Si se promovieran los concursos de siega en Cantabria, como antaño sucedía (más adelante mostramos unas secuencias), es seguro que la población del país podría tener un acceso más directo y cercano, no solo a su lengua, sino también a la tradición. Confiamos en que estos concursos de antaño puedan volver de nuevo a producirse muy pronto en nuestra tierra.

https://postureocantabro.com/7o-concurso-de-siega-dalle-1957/ [1]

En el barrio de La Barquera (concretamente en el Paseo de la Barquera), barrio de pescadores por antonomasia de San Vicenti de la Barquera (San Vicente de la Barquera), a escasos metros de la Cofradía de Pescadores (al comienzo del puerto), y frente a Correos; se encuentra la calli pindia(calle cuesta arriba) de “Fuente Nueva”.

Una calle ésta que está situada junto al puerto de San Vicente de la Barquera, al tiempo que ofrece unas bonitas vistas al centro histórico (la Puebla Vieja a escasos 300 metros) a la bahía, y a la ría; las cuales forman parte del Parque Natural de Oyambre: un espacio natural protegido de gran valor ecológico integrado por rías, acantilados, playas, dunas, praderías y bosques que albergan una fauna y una flora de gran importancia y singularidad.

A principios del siglo XX esta calle era conocida y nombrada en cántabru (y de forma mayoritaria por sus habitantes) con su único y original nombre de: La Juenti Nueva: La Fuente Nueva. Sin embargo, y ya desde hace tiempo, al haber sido salvajemente castellanizada su toponimia; su denominación oficial ahora es: “Fuente Nueva”. Le han quitado, por lo tanto al nombre de la calle, incluso, y también, su tan y habitual artículo (la), que tan característico es en esta localidad y en otas de Cantabria; y que es como siempre se ha dicho y nombrado a esta calle y lugar de esta villa marinera.

Baste este simple y sencillo ejemplo de una conocida y popular localidad cántabra para dar a conocer la escandalosa y desmesurada, injusta y tremenda, espantosa y abusiva campaña de anulación y desprestigio que se ha venido orquestado desde finales del siglo XVIII (y desde los estamentos “oficiales” del Estado), para inhabilitar, derogar y suprimir conscientemente una lengua (el cántabru), que siempre ha sido usada y utilizada por absolutamente todos los estamentos sociales y culturales, políticos y religiosos de esta noble y singular villa de San Vicente de la Barquera.

Ni siquiera durante las épocas de mayor esplendor durante la Edad Media (tras la concesión del fuero por Alfonso VIII), y en una época en la que sus hombres protagonizaron importantes gestas marineras en la reconquista de ciudades andaluzas a los moros, o durante las fantásticas expediciones a Terranova (Canadá); dejaron estos cántabros de hablar su propia lengua cántabra.

Abogamos decididamente porque las calles de nuestros pueblos y ciudades recuperen cuanto antes (y en el menor espacio de tiempo posible) su anterior nombre en cántabru, o al menos, su doble enunciado en cántabru y en castellano; reflejándolo así en las placas de sus calles y plazas, callejas y espacios públicos varios, parques y avenidas. Que no quede un espacio público en donde el cántabru no esté presente.

 ¡¡Qué asina sea escapáu!! (¡¡ Qué así sea pronto !!)

Úrali, uruna, dalle y calli La Juenti Nueva
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