lunes. 27.06.2022

La lengua como arma política del nacionalismo excluyente

Cuando los Borbones pasaron por las guillotinas revolucionarias a finales del siglo XVIII, solo la mitad de sus súbditos hablaban en francés. Setenta años más tarde (en el momento de la unificación italiana), se estima que solo un 2 o 3% de los habitantes de la Península Apenina hablaba italiano. Y es que tuvieron que pasar décadas entre la aparición del nacionalismo (comienzos del siglo XIX), y la asociación inseparable a una lengua como condición de nacionalidad, para que el concepto se fijara. Pues antaño lo más “natural” era (y también lo más frecuente en las sociedades pasadas), la coexistencia de distintas lenguas dentro de un mismo país, región, o una propia persona.

Los detractores de lo ajeno, y también aquellos que desean imponer sus postulados siempre recurrirán, o bien a frases hechas y prefabricadas, o bien a atacar al contrincante o díscolo con sus políticas de perfil y análisis comedido y estudiado, empleando (precisamente) los mismos argumentos de victimización que ellos utilizan cuando les conviene y ello es de su apetencia y parecer.

Las grandes lenguas que hoy dominan el mundo por el número abultado de hablantes tienen y disponen de recursos más que suficientes como para poder modificar la conducta y los gustos de los subordinados “ciudadanos globales”, que deben de estar siempre dispuestos a dejarse inocular la “lógica” de que “mejor es entenderse en una lengua conocida, que por medio de una que solo pueden hablar o comprender algunas personas”. Personas a las que, por cierto, suelen catalogar como de baja extracción social y educacional, al tiempo que con empleos (por lo general) no muy bien remunerados.

Sirva esta introducción para decir que el ganador del Premio Nacional de Narrativa 2021 (del escritor Xesús Fraga), que otorga el Ministerio de Cultura y Deporte por el libro: “Virtudes (e misterios), y la cual es una historia escrita en gallego (la historia de su propia familia marcada por la migración) dice que: _“El idioma, cualquiera de ellos, debería ser un vehículo de entendimiento, no de enfrentamiento”_.

En una entrevista para el diario La Voz de Galicia, de 19 de Octubre de 2021, el mismo autor afirma: _“Considero reseñable que un certamen de estas características se haga eco de la diversidad de idiomas que existen en nuestro país. Y es que un idioma propio debería ser algo de lo que sentirse orgulloso. Pero no ese orgullo mal entendido que se erige superior, sino aquel que se basa en el conocimiento de sus virtudes y sus defectos, de su importancia y de sus limitaciones. Un orgullo que aplauda lo propio sin menospreciar al resto”_.

Cuando los Borbones pasaron por las guillotinas revolucionarias a finales del siglo XVIII, solo la mitad de sus súbditos hablaban en francés. Setenta años más tarde (en el momento de la unificación italiana), se estima que solo un 2 o 3% de los habitantes de la Península Apenina hablaba italiano. Y es que tuvieron que pasar décadas entre la aparición del nacionalismo (comienzos del siglo XIX), y la asociación inseparable a una lengua como condición de nacionalidad, para que el concepto se fijara. Pues antaño lo más “natural” era (y también lo más frecuente en las sociedades pasadas), la coexistencia de distintas lenguas dentro de un mismo país, región, o una propia persona.

Y es que nada es menos común que los países habitados exclusivamente por personas de una sola lengua y cultura uniformes, excepto ahora, en los comienzos del siglo XXI, pues es a través de estas políticas de ingeniería social y política como las personas son desposeídas para siempre de esencia y voluntad, criterio y lógica… para así poder ser más fácilmente manipuladas y sometidas a los dictados de las grandes empresas, las corporaciones y los estamentos variados de pelaje desconocido o no aclarado, que sobre ellas ejercerán en el momento que lo deseen su camino de alineación y subordinación no replicable y nunca rebelado.

Hoy traeremos a colación, ahora que ya se acerca el mes de Julio, acerca de un pueblo llamado Coumboscuro, un lugar en donde nadie habla italiano, y en donde nadie por ello se escandaliza o bien se lleva las manos a la cabeza.

Hoy traeremos a colación, ahora que ya se acerca el mes de Julio, acerca de un pueblo llamado Coumboscuro

Concretamente, en el valle de Grana, en la Provincia de Cuneo (Piamonte italiano) se encuentra entre picos alpinos y campos de lavanda (a 1050 metros de altitud), el bello pueblo provenzal de Sancto Lucio de Comboscuro. Un bello lugar (también conocido como la “Pequeña Provenza” italiana) situado cerca de la frontera con Francia, entre la región del Piamonte Italiano y la occitana región francesa de Provenza-Alpes-Costa Azul. En línea recta hasta Mónaco apenas hay 73 km, si bien la distancia por carreteras sinuosas es de casi 230 km. Un viaje largo pero que, sin duda, merece la pena para disfrutar de la tranquilidad del mundo rural y la naturaleza de la zona.

Verdes prados entre las montañas e impresionantes vistas desde los picos alpinos esperan al viajero en un clima de paz total, sin olvidar los extensos campos de lavanda de brillante color púrpura que nos vienen a la mente al pensar en la Provenza. Un lugar donde la vida aún gira alrededor de la agricultura y la ganadería, todo ello en un clima de tranquilidad máxima. Así, en general, la vida en el pueblo trascurre en calma entre los trabajos del campo y alguna que otra actividad cultural, desde obras de teatro con actores ataviados con trajes tradicionales, hasta conciertos, festivales o bailes folclóricos. Por ejemplo, en Julio se lleva a cabo una peregrinación que parte de la Provenza y termina en Coumboscuro con un gran festival.

En este pueblo apartado de apenas 30 vecinos el idioma oficial es y ha sido siempre el provenzal, un antiguo dialecto medieval neolatino del occitano, hoy en grave peligro de extinción, o si se prefiere, el mismo idioma (si bien con variedades diferenciadas del occitano) que todavía se habla en la región de la Occitana francesa, o el mismo, por ejemplo, que aún se sigue hablando en la también región occitana del Valle de Arán; que sigue conservando y manteniendo su variante occitano-aranesa.

A grandes rasgos se podría decir que el occitano está compuesto por tres grandes grupos dialectales: 1. Gascón, aranés. 2. Occitano meridional: languedociano y provenzal. 3. Noroccitano: limosín, auvernense y vivaroalpino. Y no por ello las gentes de Francia o de Italia se escandalizan, organizan campañas mediáticas, o bien hacen llamamientos al entendimiento, a la concordia, o a la paz social y o/la fraternidad universal entre los diferentes pueblos que hoy habitan la tierra para que nadie se sienta discriminado por no poder hablar occitano.

A día de hoy en Coumboscuro la gente sigue hablando provenzal occitano, y por lo que parece, nadie se siente hoy tentado a hablar en algún momento italiano. Es más, en los años cincuenta se fundó el “Centro Coumboscuro Prouvençal”, que dio lugar luego a un primer redescubrimiento de la civilización provenzal en Italia.

Unos hablantes de occitano que apenas llegan ahora a los 2 millones, de modo que el número de quienes se comunican en el dialecto provenzal es infinitamente menor. Es por ello que los habitantes de Coumboscuro y el resto de lugares donde el provenzal es todavía la lengua nativa, están preocupados por salvaguardarlo y por su futuro, pues perder esta riqueza equivale tanto como a perder un valioso patrimonio cultural, del que ya la UNESCO dio buena cuenta al incluirlo en 2010 como lengua en peligro de extinción en su “Atlas de Idiomas del Mundo en Peligro de Desaparición”.

El provenzal, en provenzal (pʀuveⁿsˈaw), y escrito “_provençau_” en ortografía clásica, o “_prouvençau_” en ortografía mistraliana, es un dialecto o variedad regional del idioma occitano que en la actualidad habla una minoría de la población en el Sureste de Francia y el Noroeste de Italia, aunque existan lingüistas que no incluyan en el provenzal las hablas de los altos valles del Piamonte, en el Noroeste de Italia (Val Maira, Val Varacha, Val d’Estura, Entraigas, Limon, Vinai, Sestriere), por considerar esta lengua italo-provenzal como parte del dialecto vivaroalpino.

Muchas veces la palabra “provenzal” se usa comúnmente para referirse a todos los dialectos del occitano

Muchas veces la palabra “provenzal” se usa comúnmente para referirse a todos los dialectos del occitano, pero en verdad se refiere específicamente al dialecto hablado en la antigua provincia francesa de la Provenza, territorio al cual se suma la región oriental del Languedoc (zona de Nîmes), en Francia.

Desde el enlace: www.coumboscuro.org [1] descubrimos bajo el título: “Provenzal y occitano. Dos pensamientos opuestos” estas definiciones a tener en cuenta por lo que respecta al provenzal hablado en la parte italiana: _“Actualmente el idioma provenzal no está incluido en la ley “482/99, relativo a la Protección de las minorías históricas lingüísticas” del Estado italiano. Esto ha desencadenado una fuerte fricción, ya que el territorio de la minoría lingüística provenzal está señalado en la ley como de habla occitana”_.

“El contraste entre los provenzales (que piden respeto a las lenguas locales bajo el perfil de un pensamiento humanista y pluralista) y los promotores de la occitana (Nación) y el occitano (lengua normalizada) es público y la “cuestión provenzal” se plantea en cada nivel”.

La literatura provenzal moderna fue impulsada por el laureado Premio Nobel Frédéric Mistral y la asociación Félibrige, que fundó con otros escritores. Entre los escritores modernos en provenzal se destacan: Robert Lafont, Pierre Pessemesse, Claude Barsotti, Max-Philippe Delavouët, Philippe Gardy, Florian Vernet, Danielle Julien, Jòrgi Gròs y muchos otros más.

El ejemplo de este pequeño pueblo provenzal italiano debería de hacer repensar y recapacitar a más de un intolerante de las lenguas minoritarias, porque de igual manera que el provenzal se mantiene aún con relativa fuerza y mejor vitalidad en el Valle de Grana, así mismo y también esto mismo se podría aplicar a la hora de mantener el cántabru en sus respectivas áreas y/o lugares de normal uso y divulgación, si para ello el propio Gobierno cántabro toma adecuadas acciones y empresas para su verdadero uso y divulgación entre la sociedad.

La lengua como arma política del nacionalismo excluyente
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