sábado 25/9/21

Esta es una bella historia para recordar y para admirar

La isla de Guernsey es la segunda mayor isla del Archipiélago de las Islas del Canal, una de las más de 20 islas e islotes importantes que oficialmente existen en el Archipiélago de las islas del Canal o islas Anglonormandas, al Oeste de la península francesa de Cotentin; en Normandía (Francia) 

Decía el médico español Santiago Ramón y Cajal, allá por los primeros años del pasado siglo XX que: “Si hay algo en nosotros verdaderamente divino, eso es la voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter, desafiamos la adversidad, reconstruimos el cerebro, y nos superamos diariamente”.

En el idioma de la isla de Guernsey (el guernesiais o dgèrnésiais) tienen una palabra para decir “Bienvenido”, esta es: “Bian v'nus”. Y si algún día vas a esta isla, que mejor que comenzar una conversación en guernesiais diciendo, por ejemplo: Coume tchi que l'affaire va?: “¿Cómo van las cosas?”.

La isla de Guernsey es la segunda mayor isla del Archipiélago de las Islas del Canal, una de las más de 20 islas e islotes importantes que oficialmente existen en el Archipiélago de las islas del Canal o islas Anglonormandas, al Oeste de la península francesa de Cotentin; en Normandía (Francia). Y aunque son Dependencias de la Corona Británica, en realidad no forman parte del Reino Unido, ni tampoco de la Unión Europea. En realidad es una posesión de la Corona británica, por lo que el jefe de Estado (su duque) es la reina británica Isabel II del Reino Unido; representada en esta isla por el teniente gobernador. Administrativamente están divididas en dos provincias (bailiwicks): Jersey y Guernsey.

El territorio o provincia de Guernsey comprende la propia isla de Guernsey (que forma la mayor parte de la provincia) y sus islas vecinas: Alderney (2.400 habitantes), Sark (610 habitantes) y Herm (60  habitantes); además de otras islas muy pequeñas, como Jethou, Brecqhou, Burhou, Lihou y otros islotes. Las dos islas vecinas más grandes, Alderney y Sark, disfrutan de diversos grados de independencia legislativa, sin embargo, tienen sus propios sistemas legales; aunque son responsables ante la “Royal Court”: la Royal Court de Guernsey.

Jersey tiene 116,2 km², y aproximadamente 90.000 habitantes. Guernsey tiene 63,4 km², y aproximadamente 65.000 habitantes. La superficie total del archipiélago es de unos 195 km², en el cual viven aproximadamente unos 150.000 habitantes.

Guernsey está ubicada a tan solo 44 kilómetros de la costa de Francia, pero no es francesa, ni tampoco inglesa; por lo que se ha llevado lo mejor de ambos países: el encanto de la Inglaterra tradicional, y la dulzura de la vida al estilo francés. Una isla en donde nunca nada se encuentra lejos, y en donde cualquier escenario resulta ideal para pasear en bicicleta o para hacer caminatas por los acantilados. Los senderos bordeados de flores silvestres conducen hasta los arroyos aparentemente más inaccesibles, y donde la naturaleza parece que está siempre bajo un control aparente; con jardines siempre coloridos de rododendros, camelias y magnolias que entre sí compiten en singular belleza. Guernsey se parecería mucho a un ramo de flores que con intención ha sido colocado en mitad del mar.

En el año 933 la isla de Guernsey fue tomada por el Ducado de Normandía: en el Norte de Francia. Y cuando en 1066 los normandos invadieron Inglaterra, Normandía e Inglaterra se unieron bajo una única monarquía. Sin embargo, durante la Edad Media, Inglaterra perdió casi todas sus posesiones feudales en el continente europeo, aunque conservaría sus islas en el Canal de la Mancha; incluyendo Guernsey.

En la actualidad, la lengua en Jersey se encuentra gravemente amenazada por lo nuevos colonos

En la actualidad, la lengua en Jersey se encuentra gravemente amenazada por lo nuevos colonos, que principalmente llegaron en el siglo pasado de otras partes del mundo (pero principalmente del Reino Unido); los cuales no hablan jèrriais, ni tampoco muestran ningún interés por hablarlo.

La lengua de Guernsey (en francés: Guernesey, y oficialmente: Bailía de Guernsey) es el inglés (predominante) y el francés (legislativo), si bien la lengua propia de la isla es el guernesiais, o también: dgèrnésiais o guerneseyés; que oficialmente habla menos del 3% de la población de manera fluida. Otro 3% por cierto es capaz de entenderlo sin problemas, si bien tiene algún tipo de dificultad a la hora de hablarlo o escribirlo. Finalmente, un 14% tiene algunas nociones básicas de guernesiais. A esto se añade que el 70% de las personas que hablan guernesiais tienen más de 70 años; y entre los jóvenes, tan solo el 0,1% saben hablar guernesiais con fluidez.

El resumen es que la lengua de Guernsey actualmente está seriamente amenazada, hasta el punto de estar catalogada y clasificada con la categoría de “en peligro”. Por el momento, la lengua de Guernsey recibe una pequeña subvención de los Estados de Guernsey, si bien no existe un partido político en la isla (como pudieran existir en Cornuallés o en Galés) que vele por los intereses particulares de su rico y variada patrimonio cultural y lingüístico. Es únicamente la iniciativa popular y espontánea quien logra salvar con mucho entusiasmo y voluntad el mantenimiento de esta lengua singular.

Incluso en una isla tan pequeña existen varias variaciones regionales, todas ellas perfectamente definidas por parroquias, hasta el punto de que hasta hace unos años, a veces resultaba difícil entender a un hablante del Norte, a uno del Sur. Con todo, la variedad de guernesiais que se ha rescatado (y que se está estandarizando) es una suma de variedades de todas ellas. Con todo, una de cada siete personas manifiesta que puede entender algunas palabras en guernesiais.

El “golpe mortal” en contra de la lengua de Guernsey se produjo durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con la evacuación al Reino Unido (1940) de la mayor parte de los escolares que en ese momento vivían en la isla antes de que se produjera la ocupación alemana de las islas del Canal. Tras la finalización del conflicto armado, muchos de los niños que se marcharon al Reino Unido, cuando regresaron transcurridos unos años, se dieron cuenta que en gran medida habían ido olvidado de manera progresiva su lengua materna; al no hablarla en su nuevo país: Inglaterra y Gales, principalmente. Tampoco las autoridades británicas incentivaron en ningún momento el estudio o el mantenimiento de esta lengua en el Reino Unido, pues despectivamente lo llamaban, y aún lo siguen llamando: “patois” (dialecto), o “francés de Guernsey”.

A todo ello hay que sumar la incentivación por parte del Gobierno británico de “importar” inmigrantes monolingües en solo inglés (política que practican desde hace siglos), junto a inmigrantes del Tercer Mundo, lo que trajo, y ha traído como lógica consecuencia, el inevitable debilitamiento de la posición del guernesiais a nivel general en toda la isla.

El guernesiais es un patrimonio lingüístico único y sería fantástico que la gente le prestara más atención

El portugués es hablado por casi tantas personas como el guernesiais, ya que muchos portugueses han venido a trabajar a la isla, y aún continúan hablando su lengua propia. Un buen número de personas también hablan francés, que hasta 1948 fue el idioma oficial en la isla.

Julia Sallabank, una activista del idioma guernesiais, nos recuerda: “Las Islas del Canal son destinos populares para los turistas, pero muchos visitantes, e incluso algunas personas que viven en Guernsey, no saben que tienen su propio idioma. Sin embargo, hace 200 años había muy pocas personas de Guernsey que podían hablar inglés. El idioma que hablaban eran el guernesiais, una variedad de francés normando, que se ha hablado en el área durante más de 1.000 años”. 

Sin embargo, el Gobierno de la isla (aunque oficialmente podría hacer más por la lengua, aún no termina por implicarse del todo) ha empezado a visibilizar la lengua guernesiais, como consecuencia del despertar y del interés de sus habitantes; que con gran entusiasmo apoyan el resurgir de su lengua nacional. Igual que en su día lo hizo el principal poeta en lengua guernesiais: George Métivier (1790-1881). Algunos escritores de cuentos y poetas del siglo XX incluyen a personas como: T.A. Grut, Hélier d'Rocqôine, Majorie Ozanne, Renée Jehan, Marie De Garis; quienes con la ayuda de L'Assembllaïe D'Guernesiais y La Société Guernesiaise publicaron en 1967: “Le Dictiounnaire Angllais-Guernesiais”: El diccionario inglés-dgèrnésiais.

La publicación de este diccionario normalizado, junto a otros, ha servido, y aún sirve, para que poco a poco la población de las islas vayan progresivamente revitalizando y visibilizando su lengua nacional; que ahora incluso ya se anuncia en algunos folletos turísticos.

En el año 2009, se realizó un estudio (que duró dos años) por parte de la Universidad de Caen y la Universidad de Cambridge, en 114 lugares alrededor de Normandía y las Islas del Canal. Para ello se contó con el trabajo y la colaboración de 29 hablantes del normando de Guernsey, o de “Guernsey French”; como lo denominaron los investigadores, y en ellos se constató (como en su momento muy bien lo reflejó la Dr. Mari Jones): “Nos quedamos atónitos con los resultados en Guernsey al descubrir que el idioma autóctono aún se hablaba mucho allí. En Guernsey se habla más francés normando que en la mayoría de los lugares de Normandía”, comentó Mari Jones.

La investigación descubrió que más de 300 personas todavía hablaban francés de Guernsey, y muchas todavía lo usaban como su primer idioma en la vida cotidiana. Otro dato sorprendente que reveló la investigación fue lo cerca que estaba el francés normando original del francés de Guernsey. “En Guernsey todas las características del idioma permanecen presentes”, dijo la Dr. Jones, lo que significa que si bien el francés normando se ha contaminado con elementos del francés “correcto o bueno”, el francés de Guernsey no lo ha hecho, y hasta el día de hoy se ha mantenido puro.

Una vez dijo esta profesora de la Universidad de Cambridge: “Hay ventajas cognitivas que están comprobadas cuando hablamos dos idiomas, y las habilidades de aprendizaje son altamente transferibles, con lo que aprender un tercer o cuarto idioma es mucho más fácil”.

“En vez de aprender un idioma común, como lo es el alemán o el español, ¿qué tal si empezamos por aprender guernesiais? Y es que aparte de obtener todos los beneficios culturales de saberlo, también obtendría las habilidades necesarias a la hora de aprender un nuevo idioma. No estoy diciendo que la gente deba verse obligada a aprenderlo, lo que estoy diciendo es que sería bueno que la gente creara conciencia acerca del guernesiais”.

“El guernesiais es un patrimonio lingüístico único y sería fantástico que la gente le prestara más atención”.

En la actualidad (y para la poca población de la isla), existen varios grupos dedicados a la salvaguarda de la lengua de Guernsey, bajo el paraguas del Coumité d'la Culture Guernesiaise (Comité Cultural de Guernsey). Grupos como Les Ravigotteurs y L'Assembllaïe d'Guernesiais, por ejemplo, quienes celebran noches sociales donde se alienta a las personas a hablar su lengua nacional. No obstante, las clases nocturnas son su mayor reclamo desde hace muchos años, y éstas se imparten en colegios, institutos, e incluso, en polideportivos.

En algunas escuelas la enseñanza de la lengua es una actividad opcional cuando se terminan las clases (aunque también se puede aprender a la hora del almuerzo), las cuales son muy populares; pues muchos padres y maestros participan y se implican activamente en la enseñanza de su lengua. Por otro lado, en los últimos años se han organizado eficazmente cursos y talleres para adultos, y también se ha creado una lista de voluntarios, llamados “Ley Bohti” (Los Amigos), que son personas que hablan la lengua; y que están dispuestas a enseñarla a quien se lo pida.

También se han puesto en marcha cursos de aprendizaje en línea (Internet), así como reproducciones en canales diversos como You Tube (https://www.youtube.com/watch?v=gXSfRh7Mumw), y otros más. En Navidad, los voluntarios en favor del guernesiais hacen repertorios en su lengua por la isla, dándola ésta a conocer entre los turistas y la población local.

Los Voluntarios en favor de la lengua de Guernsey, también realizan traducciones al guernesiais, y luego van a los museos o a las oficinas de Turismo para dar a conocer su lengua al gran público. También hacen grabaciones de sus mayores, o grabaciones en clases de guernesiais para posteriormente compartirlas en las redes sociales. Igualmente se encargan de comprar libros, para luego ponerlos estos en las bibliotecas de la isla, a fin de que su contenido pueda ser visto o estudiado. También realzan “excursiones” en donde ponen el adecuado nombre de Guernsey a las denominaciones de los pueblos, así como a los lugares más emblemáticos de la isla.

Hasta hace poco las personas que hablaban guernesiais eran ridiculizadas, y ciertamente existían restricciones por parte de las autoridades locales para que la lengua no se hablara. Sin embargo, desde hace unos años, esta situación ha ido cambiando de manera progresiva, y ahora las personas que viven en la isla se sienten orgullosas por poder hablarlo, o por haberlo podido aprender de nuevo. Y sucede que a medida que la lengua indígena disminuye, aumenta por el contrario la sensación de que esta parte única de la herencia de Guernsey no debe dejarse morir.

Hay en la actualidad más personas interesadas en aprender guernesiais en el Reino Unido, que en la misma isla de Guernsey

Por increíble que parezca, hay un dato que ha llamado poderosamente la atención a los investigadores de esta lengua, y esto es que hay en la actualidad más personas interesadas en aprender guernesiais en el Reino Unido, que en la misma isla de Guernsey. Así, el 84% de los nacidos en Guernsey no tienen ningún entendimiento en esta lengua, comparado con el 91% de personas nacidas en el Reino Unido que sí que lo tienen, y el 78% para las personas (casi 3.000) que son europeas nacidas en el continente. Estos datos indican claramente que parece que es más ventajoso ser europeo continental o de las Islas Británicas, a la hora de mantener y hacer que perdure el idioma de Guernsey, o “normando-francés”, como lo denominan los europeos continentales.

En la actualidad el guernesiais se considera extinto en la isla de Herm, y en peligro de extinción en el resto de las islas. Aunque aún a comienzos del presente siglo XXI, todavía se podía escuchar hablar en las islas del Canal en sercquiais y en aurignais; sin embargo, esto es hoy difícil o prácticamente improbable.

Ambas lenguas (el jèrriais, de la isla de Jersey; y el guernesiais, de la isla de Guernsey) son mutuamente inteligibles entre sí, sin embargo, ambas mantienen una fuerte similitud con el dialecto galonormando (actual normando normativo, en tanto que derivan de la lengua de oïl); que aún se habla en la región de Normandía: Noroeste de Francia, frente a las Islas del Canal.

Con todo, resultan notorias las influencias célticas procedentes de sus vecinos bretones y córnicos; a las que posteriormente se sumaron las influencias de los idiomas escandinavos y del inglés. De hecho, el nombre Guernsey proviene del nórdico antiguo. “Guerns”, tiene una etimología incierta, pudiendo significar: “verde”, “cuerno”; o bien puede provenir de algún nombre personal. A su vez “ey” significa: “isla”, en el nórdico antiguo.

La lengua de Guernsey ha sido hablada ininterrumpidamente por generaciones de personas de durante casi mil años y, aunque como todos los idiomas ha sufrido modificaciones, no obstante se ha mantenido notablemente intacto; conservando de esta manera muchas de sus características normandas distintivas y diferenciadas con el normando continental. De hecho, deriva de la antigua lengua hablada en Normandía en la época de Guillermo el Conquistador y, por lo tanto, está estrechamente relacionada con los parlamentarios normandos que entonces vivieron en aquellas tierras.

La historia nos recuerda que tras la anexión militar de la Galia por Julio César en el año 55 a.C. los galos (por razones como el comercio y el avance social) adoptaron el lenguaje de sus conquistadores. Esta lengua era, por supuesto, el latín. Sin embargo, aunque existía una forma escrita preferida, seguía habiendo una gran diversidad en el latín hablado dentro de los límites del Imperio Romano.

Este latín hablado o vulgar de los soldados y su séquito es lo que aquí nos interesa, pues aunque la lengua que se hablaba en la Galia era variopinta y muy disgregada, no por ello se la dejaba de considerar como socialmente inferior a la forma clásica; que en última instancia es de las que derivan el resto de las lenguas que componen el idioma de Oïl: o francés antiguo.

Esta lista incluye: “norman”, “gallo”, “picard”, “champenois”, “saintongeois”, “angevin”, “wallon”, “lorrain”, “franc-comptois”… y, finalmente, “francien”. Es este último lenguaje (el cual durante los siglos XVII y XVIII se sometió a una estandarización, codificación y finalmente elaboración) lo que en última instancia constituye el nacimiento del francés moderno.

Y así fue como esta circunstancia tuvo el efecto de relegar las otras variedades del viejo francés (preferentemente lenguas de “d’Òc” y “d’Oïl”) a una lógica posición de inferioridad social y cultural. Y aunque las autoridades civiles y eclesiásticas de Guernsey adoptaron esta forma estandarizada, el normando de Guernsey (a diferencia de los otros participantes de la lengua d’Oïl) escapó de las presiones de estandarización centralizadas que emanaban de París.

En el siglo IX, las tribus de Escandinavia comenzaron a realizar redadas y saqueos, hasta que finalmente establecieron asentamientos en lo que hoy es Normandía. Con el transcurrir del tiempo estos hombres y mujeres del Norte fueron abandonando progresivamente sus lenguas nórdicas, hasta que finalmente adoptaron la lengua vernácula de la tierra, agregando así un nuevo vocabulario a su nuevo hogar, y reforzando de esta manera ciertas características lingüísticas de lo que en este punto era una variedad distinta de la lengua d’Oïl.

Esta lengua (conocida como normando) fue el idioma que Guillermo el Conquistador y sus hombres se llevaron con ellos a Inglaterra en 1066, y que luego se convertiría en Inglaterra en el nuevo idioma de las clases dominantes allí, y en el de los siguientes tres siglos restantes. Y aunque los normandos estaban firmemente establecidos en Normandía, esta finalmente terminaría pasando a Francia en 1204. Guernsey en ese momento era una posesión del Ducado de Normandía, y por lo tanto, el lenguaje era lógicamente el normando. Con el transcurrir del tiempo, el inglés comenzó a hacer acto de presencia alrededor del siglo XIV, y ya hasta la actualidad.

A pesar de la homogeneización global que todo lo abarca, en Guernsey se está presenciando un resurgir progresivo y paulatino hacia su lengua nacional a través de los diversos (aunque pequeños) grupos de voluntarios por la lengua, quienes están deseosos de poder expresar su identidad cultural, y al tiempo, conservar su patrimonio lingüístico; pues todos sienten que el idioma constituye una seña de identidad poderosa dentro de su ser.

Desde hace unos años se pueden ver en las Oficina de Turismo de St. Peter Port (la capital de la isla, y uno de los puertos más hermosos de Europa) mensajes de bienvenida en guernesiais, y aunque no se escucha mucho en los medios de comunicación (la BBC emite en guernesiais las noticias los Sábados por la mañana), su presencia es continua y su visibilidad cada vez más notoria.

En la actualidad los grupos de acción en Guernsey realizan diversos eventos y actos de colaboración con Jersey y Normandía, y la prioridad de ambos es trabajar en diversos materiales para la enseñanza del idioma. Por otro lado, hay un periódico llamado “Le Rocher” (www.maisondenormandie.com), que está escrito en francés; pero que tiene contenidos y aspectos de guernesiais y de jèrriais.

En algunos escritos en favor de la lengua de la isla podemos leer “Permitir que nuestro idioma isleño se ahogue en un mar de indiferencia y apatía, sería perder para siempre el idioma ancestral que sobrevive hasta nuestros días, y sin duda negar una parte única e integral de nuestra herencia isleña”. Finalmente, en palabras de Ferdinant Brunot leemos: “Cuando un pueblo abandona su lenguaje es el último de los sacrificios, la marca de una transformación completa, una verdadera renuncia”.

Al igual que en el resto de las otras islas del Canal de la Mancha, la economía de Guernsey se basa en los servicios financieros (la isla está considerada como paraíso fiscal), el turismo y la agricultura. Un servicio de ferry conecta regularmente las islas con Gran Bretaña y Francia.

La capital de esta isla es Saint Peter Port, y el territorio se divide en 10 parroquias. Su Parlamento se llama: “Estados de Deliberación”, los cuales están compuestos por 45 diputados; elegidos en distritos de uno o más representantes cada cuatro años. Los principales grupos étnicos son: británicos, normandos, portugueses, letones y blancos de Suráfrica.

E incluso disponen de su propia bandera desde 1985: una cruz roja de San Jorge superpuesta con una cruz de oro en forma distintiva. Es así de esta manera como esta bandera proporciona un vínculo histórico con la época en que Guernsey formaba parte del Ducado de Normandía, (gobernado por Guillermo el Conquistador), aunque también con ello refleja la independencia actual de la isla, y su larga relación constitucional con la Corona inglesa.

La razón por la cual hemos dedicado un apartado especial para hablar acerca de esta pequeña y particular isla, es porque el Gobierno de Guernsey (consciente como es de que la lengua propia es un símbolo más de su identidad), apoya y dedica recursos y medios para promocionar y no dejar morir la belleza que supone su singular patrimonio cultural.

Este ejemplo de admiración, superación, progreso y rescate de una lengua amenazada y conminada, es el que deben de conocer y saber todos los habitantes de Cantabria, al igual que también su actual Gobierno. Y esta es la razón principal y el porqué de este apartado dentro de este libro, que muy bien podría extrapolarse para nuestra amada y querida lengua cántabra.

Decía el filósofo, político, orador y escritor romano de origen español, Séneca, allá por los primeros años del siglo I d.C. que: “La voluntad es lo que da valor a las cosas pequeñas”. 
 

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