viernes. 19.08.2022

Los bancos, las cajas de ahorro y las oportunidades perdidas

No estaría nada mal que el compromiso de la Fundación Botín con la tierra que le ve nacer, por ejemplo, y como mera sugerencia, se enfocara en que en la capital de Cantabria pudiera existir algún día una Academia Cántabra de la Lengua. A lo mejor la sede de Pedrueca es un compromiso asumible y realizable. Sobre todo si tenemos en cuenta (y como muy bien rezan los folletos informativos que el Centro ha distribuido a los visitantes) que: “(…) la investigación desarrollada por la Fundación Botín y el Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale constituye el eje principal del programa formativo del Centro Botín, compuesto por actividades culturales y formativas para niños, jóvenes, familias y adultos que despiertan su curiosidad, imaginación y creatividad”.

Cuando en el año 1857 se funda el Banco de Santander (siglo XIX) más de la mitad de la población de esta ciudad (entonces con apenas 68.000 habitantes) hablaba cántabru sin conciencia de ello. Incluso en algunos barrios como era el caso del Cabildu de Riba (Cabildo de Arriba) este porcentaje era superior al 80-85%. Barrios que entonces vivían mayoritariamente de la mar y del pequeño comercio.

El Bancu de Sanander (Banco de Santander), en cántabru, hubiera sido un buen nombre entonces para un banco

El Bancu de Sanander (Banco de Santander), en cántabru, hubiera sido un buen nombre entonces para un banco (pues sin complejos el poner el nombre de un banco en la lengua propia lo hacen desde hace mucho tiempo otras entidades bancarias en España: Caixa Ontinyent, en Valencia, y Caixa Pollença, en Mallorca), si las familias que lo formaron se hubieran ceñido a la cultura lingüística cántabra que a mediados del siglo XIX era entonces la preponderante en esta ciudad, y que ya comenzando el siglo XVIII empezaba a iniciarse tímidamente hacia la urbe moderna que con el paso de los años luego fue y sería la ciudad de Santander.

En el libro: “1857-2007. Banco Santander 150 años de historia”, Pablo Martín Aceña nos dice: “El 25 de Enero de 1857 los más destacados comerciantes de la Montaña se reunían con el objeto de fundar un banco”. Y en la Introducción del libro nos remarca: “El Banco Santander es un caso singular en la historia financiera española y europea, por su longevidad y por su trayectoria. Muy pocas instituciones han disfrutado de tan larga existencia, un siglo y medio, y menos aún pueden exhibir una ejecutoria tan excepcional”.

Han pasado 165 años desde su fundación, sin embargo aún esperamos con paciencia, a que este banco (el primero de España, y uno de los mejor posicionados en el mundo) tenga un detalle, un guiño, un aliento, o si se prefiere, un reconocimiento público hacia la lengua cántabra que vio nacer esta entidad. Y no solo como homenaje hacia sus habitantes, también hacia sus clientes, y, en definitiva, también hacia el pueblo que le llevó desde un principio hacia el éxito que hoy es y representa como institución que es a nivel mundial e internacional.

Continúa Pablo Martín Aceña en la Introducción del libro con la siguiente disertación: “Nuestra historia comienza el 15 de Mayo de 1857, cuando la reina Isabel II, de acuerdo con el parecer de su Consejo de Ministros, firmó en el Palacio Real de Madrid el decreto que autorizó la creación de un banco de emisión y descuento en la ciudad de Santander. La fundaron setenta y dos hombres de negocios, todos ellos vinculados a la economía de la región y al comercio colonial. Su creación obedeció a la demanda de crédito y de medios de pago para atender las necesidades financieras de una economía en pleno proceso de expansión, estimulada por la construcción del ferrocarril y por el tráfico de exportación e importación con ultramar, que tuvo en el puerto de Santander uno de sus puntos de origen y destino”.

La fundaron setenta y dos hombres de negocios, todos ellos vinculados a la economía de la región y al comercio colonial

“La primera Junta de Gobierno (Consejo de Administración) la formaron doce individuos, en representación de los accionistas fundadores: Juan de Abarca y Sobrino, Domingo Díaz Bustamante y Vélez, Jerónimo Roiz de la Parra, Luis Gallo, José María Aguirre y Laurencín, Juan Pombo Conejo, Aureliano Pedraja, Antonio Labat, Antonio Cortiguera, Agustín González Gordón, Felipe Alvear y Bonifacio Ferrer de la Vega. A ellos corresponde el mérito de haber puesto en marcha una de las instituciones financieras privadas más importantes de España y de Europa”.

“El Banco Santander se creó con un capital de cinco millones de reales (1.250.000 pesetas/7.513 euros), representado por 2.500 acciones de 2.000 reales cada una, y con una duración de veinticinco años. El primer presidente de la entidad fue Juan Pombo Conejo, fundador de una de las familias más sobresalientes de la vida política, social y económica de Cantabria. El primer director fue José Antonio Cedrún y de la Pedraja, abogado, financiero y político. Y el primer secretario general Antonio del Diestro, también abogado y financiero. El Santander comenzó sus operaciones una apacible mañana del 20 de Agosto de 1857, en la calle Martillo, esquina a la de Celosía, hoy calle General Mola; con una plantilla de 17 personas”.

Pensamos que poco a poco se va haciendo el camino, y es por esto por lo que esperamos con ilusión a que sus máximos dirigentes algún día inicien el camino en favor del reconocimiento (pues son una institución privada y no tan sujeta a los dictados de los gobiernos de turno) del cántabru como lengua también de Cantabria. En definitiva, como lengua del país que les vio nacer.

Su actual presidenta (Ana Patricia Botín), aparte de ser una de las mujeres más poderosas del mundo, también sabemos y nos consta que ama a su tierra, y no lo decimos solo y únicamente porque a veces tenga a bien lucir el lábaru en reuniones y encuentros institucionales y oficiales,  sino porque en sus intervenciones públicas esto es notorio y manifiesto.

Con todo, y aunque estos son gestos que la honran y la dignifican, a muchas personas interesadas en defender el patrimonio lingüístico de Cantabria también les gustaría sobre manera el que su actual presidenta, y sobre todo sus directivos y socios, fueran también valientes y dieran un paso al frente a la hora de apoyar y de hacer públicamente gestos en favor de esa otra lengua de Cantabria: el cántabru. Situación y circunstancia que con total naturalidad se da en otras Comunidades Autónomas que poseen y conservan una lengua propia.

Una lengua que siempre ha sido voluntariamente olvidada, y muchas veces menospreciada por el poder político y económico. Y todo a pesar de que “mandos intermedios” y con peso dentro del Banco Santander”, ya en su momento se plantearon la posibilidad “de dar más protagonismo a esa otra lengua olvidada de Cantabria”.

Bien con gestos a la galería (cesión de locales, dar voz en eventos…), o bien (y esto sería muy bien recibido) con apoyos económicos (ese que ahora tanto necesita "la muvición cantabriega" en favor de su supervivencia), toda ayuda que se pudiera recibir en favor del cántabru del Banco Santander en estos momentos sería muy bien recibida, y seguro, y también, infinitamente agradecida.

Faltaría que por parte de este banco (o al menos de sus “otros” dirigentes) también se mostrara y se hiciera públicamente una acción de compromiso y de solidaridad con nuestra lengua, hoy y desde hace mucho tiempo, gravemente amenazada y silenciada desde las instituciones y los estamentos oficiales.

Hablando del Banco de Santander no podríamos pasar por alto (y no sería justo), el que no nos refiriéramos a uno de sus “buques insignias”: La Fundación Botín. Y es que con el objetivo de convertirse en un referente artístico en España, en Europa, y en todo el mundo (además de generar desarrollo social a partir de la cultura y la creatividad), la Fundación Botín abrió el 23 de Junio de 2017 (se cumplen ahora cinco años) sus puertas en un lugar privilegiado de Santander; ubicado éste entre el centro de la ciudad y en su magnífica bahía: los históricos Jardines de Pereda, remodelados por el reconocido paisajista Fernando Caruncho.

Por lo tanto, el año 2017 ha sido, sin duda alguna, el más importante para la Fundación Botín en su más de medio siglo de historia, debido principalmente a la ansiada apertura del centro de arte diseñado por el octogenario genovés Renzo Piano.

En ese pasado ejercicio esta entidad creada en 1964 por Marcelino Botín Sanz de Sautuola y su mujer, Carmen Yllera, destinó 19’5 millones de euros a sus programas y actividades, de los que 3’5 fueron a sufragar la construcción de la joya de la corona, cuyo coste final (presupuestado inicialmente en cerca de 80 millones de euros) sigue siendo aún hoy un secreto, o bien un formidable misterio.

El edificio (de 10.285 metros cuadrados de superficie) está situado en voladizo sobre el mar (está suspendido sobre columnas a la altura de las copas de los árboles de los Jardines de Pereda), además de estar revestido por 270.000 piezas circulares de cerámica nacarada que reflejan la luz y los colores cambiantes del mar y el cielo del Cantábrico. Articulado en dos volúmenes (el Oeste dedicado al arte, y el Este a las actividades culturales y formativas) que suman 2.500 metros cuadrados, un auditorio para 300 personas, aulas formativas, área de trabajo, el restaurante… el lugar es un nuevo templo dedicado a la modernidad y al futuro.

Modernidad y futuro que igualmente también deseamos para la lengua cántabra en su total extensión y prolongación, a través de igualmente otros espacios donde esta realidad pueda ser vislumbrada y expuesta, contemplada y apreciada, observada y atendida, considerada y respetada. Y si no es de una manera tan majestuosa y excelsa como nos alegramos que lo es esta del Centro Botín, al memos sí en una más humilde y modesta, pero presencial y asistencial en todos los Ayuntamientos de Cantabria. Centros y espacios en donde la lengua cántabra pueda estar verdaderamente representada y simbolizada, personificada y escenificada con mayúscula… también para el deleite, contemplación, aprendizaje y enseñanza de un patrimonio que es propio y también universal.

Nos encantaría ver pronto representado en tan magnífico y singular edificio (al que se han acercado a contemplar y conocer varios millones de personas), muestras y exposiciones de nuestra amada y querida lengua cántabra. Pues seguro que a muchos de los visitantes que se acercan hasta aquí para contemplar a Carsten Höller, los dibujos de Goya, la retrospectiva de Julie Mehretu o incluso, el proceso creativo de Miró; les sorprende y agrada saber y conocer también acerca de nuestra lengua cántabra.

Y todo porque sabemos que sus visitantes (que proceden de los cinco continentes) son sabedores de que la Fundación concede especial importancia (como conocen sus responsables) a tres ejes principales sobre los cuales basculan: eficiencia, innovación y colaboración.

A modo de simple y llana insinuación, y puesto que la antigua sede de Pedrueca ahora va a albergar otras propuestas (como por ejemplo el taller de artes plásticas), a lo mejor es una buena idea conceder espacio, visibilidad y presencia; a aquellas iniciativas que propugnen en esta tierra la divulgación de una lengua singular y propia de Cantabria: el cántabru.

No estaría nada mal que el compromiso de la Fundación Botín con la tierra que le ve nacer, por ejemplo, y como mera sugerencia, se enfocara en que en la capital de Cantabria pudiera existir algún día una Academia Cántabra de la Lengua. A lo mejor la sede de Pedrueca es un compromiso asumible y realizable. Sobre todo si tenemos en cuenta (y como muy bien rezan los folletos informativos que el Centro ha distribuido a los visitantes) que: “(…) la investigación desarrollada por la Fundación Botín y el Centro de Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale constituye el eje principal del programa formativo del Centro Botín, compuesto por actividades culturales y formativas para niños, jóvenes, familias y adultos que despiertan su curiosidad, imaginación y creatividad”.

Y continúa (y tomando como ejemplo uno más de sus muchos folletos divulgativos, o si se prefiere: uno más de los muchos que edita) diciendo: “El Centro Botín quiere ser parte de la vida diaria de los habitantes de Santander, y contribuir a fortalecer el tejido social y cultural de la ciudad. Un lugar de encuentro que con el arte, la música, el cine, el teatro, la literatura o la danza dinamice la vida de la ciudad”.

Pues eso, que a lo mejor pronto sus promotores y responsables se implican en promocionar, proteger, salvaguardar y dar visibilidad a una lengua cántabra que es propia y única de un pueblo singular y excepcional. ¡¡Que esta realidad venga y suceda pronto!!

Por otro lado, y por lo que tiene que ver con Caja Cantabria (fundada en 1898), merecería éste ser tratado a través de un capítulo aparte, pero lo resumiremos brevemente diciendo que la desaparición de esta, así como de otras muchas más cajas rurales, en realidad forma parte de un complejo proceso que en verdad nada tiene que ver con ningún tipo de crisis económica o financiera iniciada supuestamente en 2007, y que obligaba a que éstas fueran rescatadas por el Estado, a fin de así poder ser “salvadas”. No, esa no es en realidad la verdad que nos “vendieron” para poder así (y utilizando el lenguaje periodístico de la época) proceder a: “reestructurar el sector y hacer frente de esta manera a las nuevas realidades y coyunturas económicas y financieras que en ese momento se presentaban por delante en un mundo cambiante”.

En 2005, por ejemplo, había más de 300 cajas de ahorros registradas en España

En 2005, por ejemplo, había más de 300 cajas de ahorros registradas en España, y en 2007-2008 (antes de la supuesta crisis), eran unas 45, permaneciendo a día de hoy solo dos: Caixa Ontinyent (fundada en 1884) y Caixa Pollença fundada en 1880). Algunas de las preguntas que habría que hacerse podrían ser, y por no alargar mucho el tema, por ejemplo, las siguientes: “¿Por qué en España han desaparecido las cajas de ahorro y en Alemania sobreviven más de 400?”, “¿es conocedora la ciudadanía de que a día de hoy cinco bancos controlan en España el 70% del negocio, y que esta concentración supera a la de Alemania, Francia e Italia?”, ¿a qué nos conduce el hecho de que el dinero digital y los pagos con tarjeta desplacen cada vez más el pago con efectivo, lo que beneficia, en forma de comisiones, a las principales entidades financieras?

Quizá es por esto (y también por más cosas) por lo que cada vez más personas se preguntan acerca del verdadero significado de la palabra “tecnocracia”, esa que se opone precisamente a la democracia, ya que es la “juristocracia” justamente lo opuesto a la democracia. Ninguna institución europea o internacional debería nunca de usurpar (cada vez más) el poder financiero y personal que nadie les dio y del cual a nadie rinden cuantas.

En realidad las cajas de ahorro o rurales (aunque también se las llamaba “sociales”) desparecieron cuando los representantes institucionales y/o gubernamentales (políticos) metieron “el sujocicu” (su cara) en unas entidades que sin ánimo de lucro (y guiadas siempre por fines sociales) velaban por favorecer y contribuir siempre al desarrollo sostenible del territorio en donde estas ejercían su labor. Y es que las cajas de ahorros, al no tener accionistas, destinaban siempre una parte muy  importante de su beneficio neto a la obra benéfica social (OBS) del territorio en el cual la entidad estaba asentada.

Por esta razón es por lo que eran y resultaban ser siempre más atractivas que los bancos, pues debían destinar anualmente una buena parte importante de sus ganancias a fines sociales y culturales. Por razones como esta es por lo que en España las cajas de ahorros llegaron a representar en su momento más del 50% del mercado financiero. Sin embargo, y por ejemplo, lo que empezó a suceder es que muchas de sus decisiones tomadas desde las direcciones de las cajas estaban ya marcadas y tomadas por criterios de marcado cariz políticos. De este modo no tiene porqué extrañarnos el hecho de que se llegara a dar el caso de que uno de cada 3 gestores pertenecieran a la política. Y este sería, a la postre, uno de los varios y muchos principios que al final acabarían por abocar al fin de las cajas de ahorro.

Otro factor que determinó su desaparición fue la “bancarizaron” que se dio en los comienzos de los años 90 cuando las cajas de ahorros empezaron a comportarse como si fueran bancos, compitiendo así con otras entidades financieras. No olvidemos que la ley 26/2013 limitaba el radio de actuación de las cajas y del dinero que recibían.

Un último factor tiene que ver con lo que en su día manifestó el Catedrático de Economía Aplicada por la Universidad de Sevilla, Joaquín Guzmán Cuevas, y que denominaba: “la presión consciente de los poderes fácticos internacionales y el avance inexorablemente del pensamiento único ultra liberal en nuestro escenario financiero”.

Detrás de este “proceso de acumulación y abarcación financiera y bancaria” (que no siempre y necesariamente abarca a todos los países) se encuentran instituciones globales como el Foro Económico Mundial (FEM) y la Organización Mundial del Comercio  (OMC), que decididamente impulsan desde hace años la  “identidad digital mundial para las personas y las cosas”. Sin embargo ha sido el FEM quien ha dado un nombre a este grupo de tecnologías: TradeTech, o si se prefiere: “cadena de bloques”, la inteligencia artificial (IA) y el internet de las cosas (IoT), aunque el uso de la palabra “comercio” (y con todo) puede fácilmente inducir a error a algunas personas, ya que no se trata solo de identificar y rastrear productos, a no ser que las personas sean también tratadas como productos, “digitales o físicos”; que en realidad es a lo que se tiende y lo que en última instancia se pretende.

Si cada batalla se gana siempre antes de ser peleada, si para ello se tiene la fuerza moral necesaria, como en su día dijo Tsun Zu (un general, estratega militar y filósofo de la antigua China en el siglo VI a.C.), lo mismo podríamos decir ahora para el cántabru si para ello se posee antes el deseo justo de ganar que nos conduce a la victoria de usar e institucionalizar el cántabru como lengua de comunicación y de cultura también (y para el ámbito que nos atañe) en lo que respecta al ámbito financiero.

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