lunes. 26.09.2022

Arrecaderías, jardinis d'enfancia y tamién muchu más

A día de hoy la primera infancia se encuentra con una indiscutible realidad en donde las ciudades no ofrecen a los niños, ya no solo suficientes espacios para el juego libre (más allá de lugares preparados donde son acompañados y vigilados), sino que, además, tampoco tienen elementos identificativos relevantes que hagan clara referencia al cántabru y a su cultura de una manera clara y harto definida.

La creación de arrecaderías (guarderías) y centros educativos enfocados en el cántabru, y a donde acuden niños y niñas desde prácticamente sus primeros años de vida: jardinis d'enfancia (jardines de infancia), puede suponer un antes y un después a la hora de hablar de la revitalización profunda y a gran escala de nuestra lengua; haciendo así que éste avance extraordinariamente y genere (por fin) los pasos de gigante que tanto necesita esta lengua amenazada. En cántabru existe una palabra llamada acambatu que al castellano significa: "zancada". "Acambatar" sería entonces, y para el caso que nos ocupa: "andar dando zancadas".

Estos centros (aún por crearse) podrían responder perfectamente, no ya solo a las necesidades de un público variado que desea aprender o reaprender el idioma cántabru desde su más temprana edad, sino también a la urgente necesidad de dar conocimiento de nuestro idioma desde los comienzos mismos de la vida. Sin duda, el momento más importante del ser humano, y con todo aquel que seguro le marcará a lo largo de su existencia.

Estos centros, que a partir de ahora les podríamos llamar, si así lo deseamos: Jardinis d'enfancia (Jardines de infancia), pueden suponer una de las puntas de lanza más interesantes a la hora de desarrollar el uso de la lengua cántabra por las generaciones más jóvenes, y que con el tiempo harán posible que el cántabru se juegue su futuro. Pues ellos harán posible que se implementen los recursos financieros y humanos más importantes y necesarios para poder transmitir, así y de esta manera, el cántabru a las niñas y a los niños más pequeños para aprender la lengua desde la más temprana escuela, desarrollando de esta manera la formación de adultos, y finalmente (y sí así es su deseo), la formación de los nuevos profesores que consolidarán la lengua para las generaciones venideras.

Desde hace años sabemos que existe una demanda creciente por aprender cántabru desde la más temprana infancia: dentro del círculo familiar (por supuesto), pero también, y por ejemplo, con las niñeras y con las guarderías. Y es que promover el bilingüismo temprano es de vital importancia en este caso para el buen curso y afianzamiento de la lengua. Por ejemplo, creando un enjambre y conglomerado de asociaciones, entidades, agrupaciones... que con el tiempo serán y podrán ser el soporte de la lengua a una escala ya mucho mayor y de mayor implantación.

Por otro lado la autonomía, y cómo se posibilita ésta en el marco de la construcción y el funcionamiento de nuestras ciudades tiene a todas luces un efecto importantísimo en el desarrollo final de los niños y de las niñas, que en un futuro próximo van a ser (o pueden ser si la política lo permite) los verdaderos protagonistas y hablantes de cántabru en unas ciudades que aún tienen mucho por hacer y ofrecer en un largo recorrido para que estas se integren plenamente en un proyecto fiable y con garantías verificadas de construcción de una lengua con personalidad, y al tiempo con suficientes garantías jurídicas y asistenciales que conduzcan a un futuro en cántabru para con el conjunto de nuestra sociedad.

Y ello no solo es extremadamente importante en sí mismo, sino que además éste es un cambio de perspectiva que nos ofrece (y puede proporcionar) una mirada más clara de cómo son nuestras ciudades, y de cómo ellas están o no orientadas hacia la plena visibilización y normativización y normalización del cántabru. Por normativización entendemos un proceso de establecimiento de normas lingüísticas que tiene por objeto hacer de una lengua un instrumento adecuado para la comunicación. Pero para antes conseguir la normativización debe de contarse o de crearse previamente con una ortografía, una gramática normativa y un diccionario normativo estandarizado y ampliamente difundido en la sociedad.

Una vez dado este paso crucial, que es de una importancia fundamental, podemos pasar a las escuelas y a las necesidades que éstas deben de cubrir para que desde la más temprana infancia y juventud la ciudad pueda vivir y expresarse en cántabru. Escuelas que deben de estar perfectamente conectadas y enlazadas con los parques y con los jardines de nuestras ciudades para que ambos, en un conjunto coordinado y perfecto, puedan llevar al unísono actividades y eventos, siempre en un nuevo ámbito y en un marco cántabro lingüístico perfectamente coordinado con las diversas y distintas Administraciones, que velarán porque los parques y los jardines de nuestras ciudades puedan tener grafía, carteles y cuanta identificación escrita hubiere y fuera necesaria para tal fin.

A día de hoy la primera infancia se encuentra con una indiscutible realidad en donde las ciudades no ofrecen a los niños, ya no solo suficientes espacios para el juego libre (más allá de lugares preparados donde son acompañados y vigilados), sino que, además, tampoco tienen elementos identificativos relevantes que hagan clara referencia al cántabru y a su cultura de una manera clara y harto definida.

Y ya para finalizar se podría decir que una mesa redonda (como bien indica su nombre) es una mesa circular, si bien las personas también lo suelen relacionar (porque no siempre las mesas son redondas) con la dinámica y el debate que convoca a un grupo de participantes (sin diferencias, ni jerarquías) para presentar y desarrollar sus opiniones y puntos de vista sobre una o muchas determinadas cuestiones y materias a tratar, convenir y determinar.

La Internet, a través de la Wikipedia nos especifica al respecto lo siguiente: "Es un compendio de expertos en el que se expone y desarrolla un tema de forma completa y detallada, enfocándolo desde diversos ángulos a través de intervenciones individuales, breves, sintéticas y de sucesión. El auditorio formula preguntas y dudas que los expertos aclaran y responden, con el pasar de un tiempo adecuado a 20 minutos".

Las mesas redondas podrían ser convocadas en los cafés, en los parques públicos, en los eventos deportivos, y en cuantos sitios se nos pudieran antojar que pudieran ser los más favorables y convenientes a la hora de poder expandir nuestro mensaje de divulgación de una lengua minorizada y amenazada como en este caso sucede con el cántabru.

La creación por parte de algún local, bar, taberna, de certámenes o mesas redondas relacionadas con el cántabru (o con el aprendizaje del idioma), serviría y podría servir también para dar publicidad a un tipo de realidad de la cual ahora y más que nunca el cántabru está más que necesitado.

Sería bueno en este sentido el poder hablar con alguna o algunas personas que conozcamos que poseen este tipo de establecimientos públicos, a fin de que se decanten y animen a realizar estas actuaciones y eventos de manera periódica y regular.

Igualmente este tipo de planteamientos también podrían ser sugeridos y planteados en las juntas vecinales del barrio, en las bibliotecas municipales dependientes de los ayuntamientos, etc.

Al final de lo que se trata o trataría sería de que las actuaciones se fueran planteado y ejecutando (una tras la otra y sin parar), a fin de que estas sirvieran para poder ir creando de una manera progresiva una "instancia", o bien, un "caldo de cultivo" favorable en todos los órdenes a favor del idioma.

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