viernes 17/9/21

Amas de cría: el cántabru en estado puro fuera de La Cantabria

Para estas familias de la clase adinerada y bien relacionada, era un símbolo de su prestigio y distinción social que su vástago o vástaga fuese paseado y criado por una nodriza engalanada con su traje de pasiega. Un paso casi obligado en este ritual de ostentación era la visita al estudio del fotógrafo, donde el ama de cría y la niña o el niño se hacían retratar luciendo sus mejores galas; obteniendo así un recuerdo para la posteridad y una fotografía más que añadir al álbum familiar.

Hubo un tiempo, ya pasado, en el que las mujeres del Pas o de la Pasieguería (San Pedro del Romeral, Espinosa de los Monteros, Vega de Pas y San Roque de Riomiera), amamantaron y también criaron a muchos reyes, nobles y, al final, a personas adineradas de los siglos XVII al XX; para lo cual estas contrataban los servicios de un ama de cría pasiega.

Y buena prueba de esto que decimos en su día dieron fe las miles y miles de personas que, o bien contrataron los servicios de las amas de cría cántabras, o bien se relacionaron con ellas en ciudades o pueblos grandes y pequeños, no solo de España, sino, incluso de fuera. En Granada, por ejemplo, hay un enorme espacio que se abre frente a la fachada de la catedral. Lo llaman: Plaza de las Pasiegas, porque allí esperaban las nodrizas cántabras a algún burgués (o como entonces también se decía: gentes de posibles), adinerado que requiriera sus servicios o, como poco, que los expósitos necesitasen leche fresca.

De hecho, tanto se extendió entre la realeza (por ejemplo, el rey Alfonso XII, fue amantado por cántabras pasiegas, como fue el caso de María Gómez Martínez), la nobleza y la burguesía española, la moda de tener a un ama de cría pasiega, que su traje regional llegó incluso a identificarse con el trabajo de ama de cría; pasando así a ser considerado (poco más o menos) un uniforme de trabajo más y en toda regla.

Para estas familias de la clase adinerada y bien relacionada, era un símbolo de su prestigio y distinción social que su vástago o vástaga fuese paseado y criado por una nodriza engalanada con su traje de pasiega. Un paso casi obligado en este ritual de ostentación era la visita al estudio del fotógrafo, donde el ama de cría y la niña o el niño se hacían retratar luciendo sus mejores galas; obteniendo así un recuerdo para la posteridad y una fotografía más que añadir al álbum familiar.

Libros sobre las “amas de cría pasiegas” hay varios, yo me quedo con uno que me ha gustado especialmente de Concepción Revuelta: “Te di mi palabra”. Aquí un enlace: https://www.vallespasiegos.org/comarca/7079-2019-02-15-11-52-52 [1]

Gustavo Cotera (experto en indumentaria tradicional, al tiempo que también autor de numerosas publicaciones sobre el tema) nos hace una excelente descripción de la mujer cántabra, a la vez que nos habla de su forma de hablar; la cual distingue sobre otras hablas. A continuación su descripción:

"Su fama creció hasta el punto que mujeres de otras regiones se hacían pasar por pasiegas imitando su habla y su traje"

“Desde la antigüedad se conoce la figura de la nodriza, generalmente una joven madre campesina, a quien se contrataba para amamantar a los hijos de los ricos; y así las elegantes recién paridas no estropeasen sus cuerpos. Ya en la segunda mitad del XVIII se distinguían las pasiegas por ejercer tal oficio en gran parte de España: robustas, sanas y tiernas con los niños, su fama creció hasta el punto que mujeres de otras regiones se hacían pasar por pasiegas imitando su habla y su traje. Decir pasiega era decir ama de cría (y así lo recoge el diccionario) a pesar de que asturianas, vascas y gallegas competían con ellas en el mercado lácteo. Pero a todas sobrepujaron las de Pas, y su indumento vino a erigirse en distintivo de la profesión; si bien hubo excepciones vestidas al uso de su rincón nativo”.

“Con la entrada de las pasiegas en Palacio para criar a los vástagos reales, las cabañeras se encumbraron aún más si cabe: desde la reina a la esposa del banquero, aristócratas y burguesas hacían ostentación de su pasiega, luciéndola en el paseo, en el teatro y en la iglesia. Llegado el término de la lactancia, la nodriza volvía a su aldea con espléndidos regalos y un buen montón de duros de plata”.

En el periódico Público (13/06/2020), Marcos Pereda, en su artículo: “Los pasiegos: el pueblo maldito que acabó criando a los nobles de España”, nos habla por boca de José Javier Gómez (un pasiego que dedica buena parte de su tiempo a estudiar y difundir la vida de quienes habitaron estas tierras antes que él) que: “(…) los pasiegos no pedían nada al Estado, pero tampoco se deseaba que el Estado viniera a exigir”. Cuenta cierta anécdota bien reveladora: “En la Vega de Pas había una escuela donde te enseñaban a fingir ataques epilépticos. Para eludir la llamada a armas, claro. Otros directamente se tiraban en el verde y comían hierba. Cómo confiar un fusil a esas personas, ¿no?”.

Y es que los pasiegos (como antes de ellos hicieron el resto de los cántabros) solo rendían cuentas ante su pueblo y ante sus viejas costumbres y tradiciones. Y ciertamente sucedía que cuando llegaban las cartas para alistar a estos cántabros a las armas, o bien acudían los funcionarios ministeriales (que así les llamaban entonces los montañeses a los servidores del Estado) personándose en sus casas y lugares de trabajo habitual “por no haber aprendido (acudido) al llamado de la patria” (que era la forma en como se denominaban entonces a los no convocados), estos les respondían en su lengua cántabra; ininteligible entonces para estas personas que los montañeses llamaban: “de fuera”, “forasteros” y “de la capital” (este último ya más moderno).

Y continúa el artículo: (…) “Hace unos años, los doctores Pablo Sánchez Velasco, Juan Escribano de Diego y Francisco Leyba Cobián, publicaron un estudio (La población pasiega como modelo genético) en el cual intentaban rastrear el origen de estos pueblos en base a las patologías más frecuentes marcadas en su código humano”.

Aunque a los pasiegos se les ha hecho descender y conectar, no solo con los últimos celtas, o, por ejemplo, con la lejana Helvicia; al parecer el grupo al que más se asemejan los pasiegos es al de los polacos y al de los daneses: “(…) Los dos grupos con los que mayor coincidencia reúnen son polacos y daneses. Polacos y daneses… ya ven, ahí al ladito. Les dejo un momento para que su imaginación vuele hasta vikingos, invasiones, indoeuropeos que migran y demás cosas casi de novela histórica”.

Algunas palabras del antiguo danés, y sobre todo, del nórdico, aún se puedan rastrear fácilmente en el cántabru

No deja de ser curioso el hecho de que algunas palabras del antiguo danés, y sobre todo, del nórdico, aún se puedan rastrear fácilmente en el cántabru. Como, por ejemplo, sucede con: “skada” o “skaða”, que al castellano da: “fustigar” (y también “lesionar”); y que luego al cántabru da: escadar. Pero ya más bien con el significado de: fustigar el animal de labranza cuando éste se encuentra en la tierra haciendo labor. “Escaderar” sería más bien al castellano: “lesionar”.

“Leggr”, es una palabra escandinava antigua que da al castellano: “pierna”, y precisamente la palabra: “pierna” (pero cuando esta es femenina) al cántabru es: “legu”. No obstante, el cántabru emplea también el término: “jambla” y en menor medida: “jamblaa”, para referirse comúnmente a una pierna; y que indistintamente es masculina y femenina. Cuando la “pierna es larga y delgada”, el término concreto es: zancu. Y cuando las “piernas son largas” en general, el término empleado es más bien: “pernancona”.

La palabra castellana: “sacrificar” da al cántabru: eslatradar. Y sin embargo, hay una palabra en nórdico antiguo que es: “slatra”, que tiene por significado: “sacrificio”. Sacrificio, por otro lado, al cántabru no es: sacrificiu, sino más bien: eslatru, del verbo: “eslatrar”: que daría: “sacrificar”.

“Esquirre” es una palabra cántabra que al castellano da: “impresión”. Y es más que significativo y curioso, que precisamente en el nórdico antiguo exista una palabra que es circunstancialmente: “skirra”, que al castellano es literalmente: “susto”. No se conoce, por el contrario y hasta el momento (porque no hay constancia) cual sería o podría ser la palabra cántabra que traducida del castellano fuera: “susto”; pero quizá se podría decir o emplear (puesto que aún no está reflejada) la forma de: “esquirru”. A no ser que no se ponga (lo que significaría que al cántabru la palabra “susto” se escribiría igual que en castellano: susto), o bien se simplifique no empleando una palabra concreta para un fin concreto, o bien se opte por cambiar la terminación de la “o” por la “u”; quedando entonces al cántabru la forma de: “sustu”.

“Seti” es una palabra cántabra que da al castellano: “asiento”. Asiento en el sentido etimológico y sin más significación. Ya que para referirse a “un asiento que es rústico”, el cántabru entonces emplea el término: “oyeti” y también: “oyete”. Si el “asiento está fuera de la casa”, entonces será: “poyu” y “poyete-poyeti”. Y cuando el “asiento ya no posee respaldo”, entonces será: “taju”. En el nórdico antiguo existe el término: “sæti”, con la misma significación: “asiento”.

Para indicar que “algo está sucio”, el cántabru tiene desde hace mucho tiempo una palabra concreta que es: erditu, y también: edritu. “Suciedad” sería al cántabru: erdita, aunque también: erditá. El antiguo nórdico posee el término: “drit”, más bien empleado en el sentido de: “excremento” humano y animal.

A la palabra “fango” (sobre todo cuando este es muy profundo), el cántabru le asigna un término específico, concreto y determinado que es: mirru. Curiosamente, en antiguo nórdico existe la palabra: “myrr”, la cual posee muchas similitudes con el cántabru; en este caso con el significado de también: “fango”. Sin embargo, cuando es simplemente “fango”, el cántabru le da el significado de: barroque. Y todo ello tiene mucha lógica, si pensamos que la palabra castellana “embarrar”, al cántabru es: mirrar.

A la acción de “saquear” o también “rapiñar”, el cántabru le da el término de: enranacar. En el antiguo danés existe un término llamado: “ransaka”-“rannsaka”, que precisamente es al castellano: “saquear”. Por lógica similitud entenderíamos que al término castellano “saqueo”, al cántabru le pusiéramos: enranacu.

“Filiz”, que al castellano es: “feliz”, posee similitudes en los tres idiomas: nórdico antiguo, cántabru y castellano. Así la palabra nórdica antigua: “feliz”, es igual que en castellano: “feliz”. El nórdico antiguo también le dará una significación y un sentido concreto, en este caso el de: “buena suerte” y “destino”.

“Kasta” (palabra nórdica antigua), da al castellano: “emitir”. Sin embargo, el sentido etimológico es más bien el de: “tirar”. Pero empleándolo en la forma concreta de: “tirar a dar
una explicación”, o si se prefiere: “dar una respuesta concreta y/o determinada”. Curiosamente, a la acción de “emitir un sonido en voz alta”, el cántabru le da la definición de: castíu, con el significado de: “emitir un parecer o una significación”. O si se prefiere: “dar una opinión”. No confundir esto con la expresión cántabra de upinión, que al castellano es literalmente: “opinión”.

La palabra castellana: “tambalear” es al cántabru: “estacara”. Es muy habitual, o más bien era muy habitual escuchar en la Cantabria de los pueblos de antes la expresión: “m’estacaru”, con el significado de: “me tambaleo”; cuando algún mozo le daba por beber más de la cuenta en la “bitácula” (bar o taberna). En el nórdico antiguo existe un término que es: “stakra”, con el mismo significado de: “tambalear”, si bien empleado con la intención de: “para empujar algo o a alguien”.

Con el polaco antiguo sucede algo semejante. Por ejemplo, la palabra cántabra que hace mención o referencia a estar muy alegre, o con gran entusiasmo (acción de alegrar) es: viesolar, y en menor medida también: viesoliar. En polaco antiguo “feliz”, “alegre”. antaño daba: “wiesioły”. En la actualidad la palabra castellana que hace referencia a “alegre”, al cántabru es: alegri.

“Conicar” (palabra cántabra) es la acción verbal de “echar el caballo de raza (o caballo antiguo no mezclado) a las yeguas”. Curiosamente, hay una palabra polaca que hace referencia a una raza de caballo polaca llamada: “konik”.

Los cántabros fueron de los pueblos de Europa que más tardíamente fueron cristianizados

No deja de sorprender, y no es menos cierto, que los cántabros fueron de los pueblos de Europa que más tardíamente fueron cristianizados (sino los últimos de la Península Ibérica), al ser estas zonas y lugares de La Cantabria los últimos reductos de paganismo extremo, como de ello dan fe los padres jesuitas de Santander; que en el siglo XVII enviaron párrocos a cristianizar unos lugares en donde aún sus habitantes adoraban fuentes y ríos, robles y vientos, montañas y hogueras encendidas durante los Solsticios y los Equinocios.

Estos misioneros observaron escandalizados que las mujeres de estos lugares conservaban prácticas relativas al amamantamiento “poco cristianas”, pues los bebés de pocos días y semanas, no pocas veces eran entregados a a otras mujeres para que ellas también les amamantaran y cuidasen, y sin tener en cuenta quien pudiera ser el padre. Estas prácticas, en buena medida, fueron observadas, y de alguna manera, también reflejadas por los escritores latinos que narraron las costumbres primitivas y salvajes de los cántabros de hace dos mil años.

Vamos a cerrar este artículo con un enlace sobre la vida de una cántabra que llegó a Madrid en los años 20 del pasado siglo para cuidar de los hijos de una familia acaudalada. Este es el enlace que lleva por título: “Una montañesa en el Madrid de los años 20 y 30”.

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