miércoles 3/3/21

21 de Febrero: Día Internacional de la Lengua Materna

Diversos estudios han reconocido que la emoción de aprender está ligada con la lengua materna, que es la que nos conecta directamente con el área cerebral de la emoción, o con aquellas lenguas que producen en nosotros efectos emocionales.

Si queremos conocer la historia de las emociones, tenemos que hablar de algunos filósofos importantes, como, por ejemplo, de Alcmeón de Crotona (filósofo pitagórico del siglo VI a.C. dedicado a la medicina), quien en el 500 a. C., afirmó que el cerebro era un radiador (enfriador de humores); por lo que la sede del alma era el corazón. Empédocles de Agrigento (un filósofo y político griego del siglo V a.C.), además de interesarse por el pensamiento de Parménides de Elea (otro filósofo griego del siglo VI  a.C.), se encargó de afirmar que el corazón es la sede del alma. Aristóteles (filósofo, polímata y científico griego del siglo IV a.C.) diría que el corazón era el lugar de las sensaciones y de la inteligencia.

Hay una relación evidente entre pensamientos, sentimientos y emociones

Existe una parte de nuestro cerebro que está dedicada a los pensamientos, y que a su vez se ha desarrollado a partir de la región emocional. Unas zonas cerebrales estas que siguen estando muy enlazadas mediante múltiples circuitos neuronales, lo que significa que hay una relación evidente entre pensamientos, sentimientos y emociones. Es decir, poseemos áreas cerebrales encargadas de “leer” nuestras emociones más viscerales, y al tiempo, de también darles un sentido en forma de sentimiento.

Esto quiere decir que se puede soñar en función de tu lenguaje y de tus palabras, pero si estas palabras y estos lenguajes han sido desposeídos de su verdadero valor intrínseco, y además, trastocadas y cambiadas, o, simplemente, suprimidas por otra lengua (que se ha superpuesto a la original); entonces la persona (el hablante que empleaba su lengua) pierde originalidad y gracia, ingenio y genialidad.

Si se logra algún día, y definitivamente, desconectar a las personas de sus emociones y de su cerebro, de su corazón y de sus sensaciones, entonces sin duda será mucho más fácil el que éstas puedan ser más fácilmente manejadas y operadas, conducidas y manipuladas a voluntad. Llegados hasta aquí habría que preguntarse: ¿Y cuándo es mucho más fácil y lógico que esta circunstancia se produzca? Respuesta: Cuando, precisamente, a las personas se las despoja de su cultura (lengua materna) y de su identidad.

Una parte de esta nueva realidad la origina la globalización, que en estos momentos ha entrado en una etapa de transformaciones. Algunos analistas hablan de desglobalización, otros de reglobalización. Es difícil anticipar hacia qué tipo de globalización vamos, pero lo que sí que es cierto es que se ha entrado de lleno en un proceso de transición; que sin duda nos encamina hacia una globalización distinta a la que hemos conocido hasta el momento.

“Un estudiante Erasmus aprende mejor la lengua del país en el que está estudiando si hace amigos, se enamora"

Diversos estudios han reconocido que la emoción de aprender está ligada con la lengua materna, que es la que nos conecta directamente con el área cerebral de la emoción, o con aquellas lenguas que producen en nosotros efectos emocionales. Por ejemplo, afirma Ángeles Ruiz de Velasco (doctora en Pedagogía y profesora titular de educación infantil): “Un estudiante Erasmus aprende mejor la lengua del país en el que está estudiando si hace amigos, se enamora, o le gustan las clases a las que asiste”.

Asimismo, Pilar García Mouton (profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas) confirma que: “Una educación de calidad debe basar el aprendizaje, sobre todo el de las primeras etapas, en una enseñanza adecuada de la lengua materna y en la lengua materna. Quien domina su lengua materna desarrolla sus capacidades intelectuales mucho mejor y se expresa y defiende también mejor. En cambio, quien tenga carencias en su primer aprendizaje lingüístico, tendrá muchas más dificultades para desarrollar sus capacidades para aprender otras lenguas, y al final será una persona más indefensa socialmente”.

No obstante, mantener y fomentar las lenguas maternas no está en contradicción con el aprendizaje de los idiomas foráneos, como así lo manifiesta Juan Uriagereka (profesor de Lingüística), para quien: “Saber más de una lengua es útil por varias razones. Primero, porque te permite conocer más gente y sus culturas. Segundo, porque ejercitas el cerebro. Tercero, porque en determinadas circunstancias te puede permitir enrocarte en una identidad, si es que lo necesitas. E incluso es posible que haya componentes cerebrales que se activen con el aprendizaje de más lenguas. Pero, personalmente, no tengo dudas de que fomentar las lenguas, empezando por la materna, es el equivalente a impulsar las humanidades y las artes, junto con las matemáticas y las ciencias. Todo ello forma parte de la educación integral”.

En el mundo se hablan más de 7.000 idiomas, de los cuales el 50% es probable que desaparezca en unas pocas generaciones: no más de dos o tres generaciones. De los idiomas que sobrevivan, el 96% corresponderán a lenguas que solo serán habladas por el 4% de la población mundial. El resto de la población del planeta hablará unos pocos idiomas que se convertirán a posteriori en mayoritarios.

Esta fue la razón y el pronóstico que apremió en su día a que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) estableciera en 1999 (concretamente el 21 de febrero) el Día Internacional de la Lengua Materna. Pues la UNESCO es consciente de que los idiomas (con su compleja imbricación con la identidad, la comunicación, la integración social, la educación y el desarrollo) son factores de importancia estratégica para las personas y también para todo el planeta. Sin embargo, debido a los procesos de mundialización que pesan sobre una gran parte de las lenguas, existe la grave amenaza de que muchas de estas lenguas puedan desaparecer por y para siempre.

Por lo tanto, celebrar y reivindicar el Día Internacional de la Lengua Materna (21 de Febrero) en Cantabria es hoy más que nunca una obligación moral, aunque también política y de compromiso para y con nuestra lengua. Y defenderla y promoverla son algunos de los objetivos de la celebración de este día, sobre todo, desde que un 21 de Febrero de 1952 cayeran abatidos en una manifestación en favor de la lengua materna tres jóvenes de Bangladesh que deseaban que su lengua propia (el bangla) fuera reconocida como lengua oficial en el país del delta del Ganges.

Sería la UNESCO quien se encargaría de impulsar (a modo de icono y también como conmemoración) esa fecha de evocación, y ya más tarde le correspondería a las Naciones Unidas el respaldar por completo esta celebración. Y es que ambos organismos estaban y están en la actualidad de acuerdo en la necesidad de apoyar a la lengua materna, además de apostar por la educación plurilingüe en el conjunto de la sociedad.

En concreto se persigue promover el reconocimiento y la práctica de las lenguas nativas, que son tan esenciales en la vida misma del ser humano. Pues aparte de ser el primer idioma, también se trata de la primera lengua que aprendemos, el idioma en el que nos comunicamos fundamentalmente, y que, además, más usamos y con el que mejor nos expresamos. Aunque también, y finalmente, es la lengua con la que nos identificamos.

Es el instrumento de mayor alcance para preservar y desarrollar el patrimonio cultural

Y las ventajas que conlleva usarla son varias y diversas, entre las que destaca, el que es el instrumento de mayor alcance para preservar y desarrollar el patrimonio cultural, además de que permite conseguir una clara concienciación de las tradiciones lingüísticas. Igualmente hace que la persona valore más sus raíces, sus costumbres y sus tradiciones, al tiempo que también tiene a dicha lengua como parte esencial de su cosmovisión e identidad. Es más, ella será en gran medida la encargada de contribuir a construir esa identidad, pues se sabe que la lengua materna es esencial para que cualquier persona pueda formarse como ciudadano libre, seguro de sí mismo, tolerante e igual.

A todo ello hay que añadir que fomentar las distintas y diferentes lenguas maternas es una manera de contribuir a crear una sociedad multilingüe, lo cual trae consigo, entre otras cosas, que se impulsen valores tales como el respeto, el diálogo y la comprensión.

En la actualidad los diversos informes muestran que Asia es el lugar en donde más lengua perviven, con aproximadamente 2.294 idiomas vivos: 32,3% del total. De hecho, es la región en donde más se usan estas lenguas maternas, por delante de África (2.144 y 30.2%), Pacífico (1.313 y 18.5%), América (1.061 y 14,9%) y Europa (287 y 4%).

La experiencia demuestra que cuando un niño o una niña han vivido una correcta y rica adquisición de su lengua materna, siempre va a tener mayores probabilidades de alcanzar el éxito académico y social, y, además, estar más preparado para aprender otros idiomas. Esto es algo que se sabe y se conoce desde hace no menos de 50 años en el ámbito de la enseñanza y de la pedagogía en todas y en cada una de sus variantes
y especialidades.

Y es que la adquisición de la lengua materna es un fenómeno natural que se da bajo circunstancias normales de desarrollo, y no a partir de la enseñanza explicita de ésta. Comienza prácticamente desde que el niño nace (con sus primeros llantos y balbuceos), y se consideran actores cruciales los adultos de referencia: la madre y el padre principalmente.

Cualquier persona (salvo algunos casos especiales) tiene la capacidad de aprender nuestra lengua materna (que en este caso es el cántabru), y en ese sentido no hay idiomas más difíciles que otros, ya que todo lo que se necesita para un desarrollo satisfactorio de ésta es un entorno favorable; idealmente en un ámbito familiar y seguro. Por ejemplo, se ha podido constatar que los bebés tienen un “apetito” particular por la entonación, los tonos agudos y el timbre de la voz de la madre.

La creación de un día exclusivo y particular para poner valor y vigencia a esta conciencia, es y será un añadido que valdrá a la hora de empoderar nuestra realidad lingüística de riqueza y experiencia, bienestar y hábito, costumbre y práctica.
 

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