viernes 30/7/21
OCIO

Los mejores atardeceres para despedir el día en Cantabria

Vista desde La Picota
Vista desde La Picota

Nadie podrá acusarnos de que nos traiciona la pasión por la tierruca si decimos que Cantabria está profusamente salpicada de lugares insólitos desde los que contemplar el atardecer. Entre esos sitios especiales, cuesta destacar uno en particular, desde las villas marineras hasta la cima de las montañas Cantabria sorprende casi tras cada recodo con estampas paisajísticas impresionantes, cada una de ellas dignas de su particular elogio.

PLAYA DE LOS LOCOS

Entre esos lugares especiales, destaca especialmente Suances, villa marinera por antonomasia. Nos detenemos en un lugar emblemático, la Playa de Los Locos, y en un momento preciso, la caída de la tarde en un día sin nubes, recordando, ante todo, que el sol no debe mirarse directamente. Nos situamos sobre los acantilados que delimitan la playa, en la zona donde la Estatua de los Vientos los recibe, dejándose atravesar por ellos. Abajo veremos el arenal, más reducido o extenso según lo determine el flujo de las mareas. Hacia la izquierda, más allá del perfil del acantilado, se divisa la línea caliza de los Picos de Europa. De frente, el Mar Cantábrico se pierde en el horizonte en una inmensidad azul, el mismo escenario que puede contemplarse a lo largo de toda la cornisa cantábrica. Una postal ideal para enviar a cualquier rincón del mundo.

Playa de Los Locos, SuancesPlaya de Los Locos

LA PICOTA

Continuando por la costa cántabra llegamos a la Costa Quebrada, pero nos situamos en dirección opuesta al mar, una decisión que se comprende rápidamente. Subimos el monte La Picota, una montaña bicéfala que se eleva 240 metros sobre el nivel del mar. Al llegar a su cumbre se contempla una de las mejores panorámicas de todo Cantabria, la ría de Mogro desembocando en el embravecido Mar Cantábrico, precedida del extenso arenal de la playa de Valdearenas, el Parque Natural de las Dunas y los Pinares de Liencres. Una estampa única para contemplar cómo se esconde el astro rey. Un emplazamiento inspirador para disfrutar al unísono del mar y la montaña.

Vista desde La PicotaMonte La Picota

PLAYA DEL PUNTAL

Si partimos en barco desde Santander podemos navegar hasta la playa del Puntal, un arenal de 4.500 metros de extensión situado en la localidad de Somo. Se trata de un lugar de culto para muchos amantes del mar que acuden en transporte marítimo para atracar en uno de sus dos embarcaderos de madera, entre los cuales podemos ver cómo se cruzan los últimos rayos de sol hasta que este es bañado por el mar. Regalándonos un momento idílico en el que por unos segundos disfrutamos de la luz que emana esta estrella una vez que ya ha traspasado los confines de la tierra. Un momento digno de ser congelado en la retina.

Muelle del chiringuito El PuntalEl Puntal

EL MIRADOR DE SANTA CATALINA

Alejándonos de la costa, nos trasladamos hasta el interior de Cantabria para cruzar la garganta de roca caliza del desfiladero de La Hermida, que nos conduce al municipio de Peñarrubia, donde subimos una pronunciada cuesta bajo la sombra de las copas de los árboles del bosque verde que nos rodea hasta la cima de esta montaña de 1.433 metros de altura. En la cúspide se encuentra el Mirador de Santa Catalina, que ejerce de centinela de aquellos osados que se atreven a cruzar el desfiladero de La Hermida como si de una maqueta se tratase. Unas vistas que quitan el hipo y que, cuando cae el sol, parece que este es pinchado por las montañas, dibujando una lámina única en la que la geometría y la colorimetría forman una composición magnética. 

Mirador de Santa CatalinaMirador de Santa Catalina

En todos estos emplazamientos la luz del sol se derrama en destellos sobre la superficie de las olas y las montañas mientras la tarde avanza hacia su final. Cuando el sol besa tímidamente el filo del mar y la cumbre del monte hasta fundirse luz, agua y tierra en un abrazo cósmico, aunque también podría decirse que el sol reposa en la esperanza de un nuevo amanecer, que el agua del mar ha extinguido el fuego solar o que la noche toma el relevo del día, recordando que así discurre, inexorable, el ciclo de la vida.

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