martes 13/4/21
TURISMO

La zona oriental, territorio para la mountain bike

La zona oriental es un auténtico paraíso para los amantes de la bicicleta y el mountain bike
La zona oriental es un auténtico paraíso para los amantes de la bicicleta y el mountain bike

La zona oriental es un auténtico paraíso para los amantes de la bicicleta y el mountain bike. Para estos proponemos este circuito alrededor de la Sierra del Hornijo, con 47 kilómetros de recorrido y una dificultad media. Para llevar a cabo la misma debemos salir desde el pueblo de Riva tomando rumbo hacia el oeste primero y después hacia el Sur, ascendiendo de manera paralela al Río Asón. Desde aquí llegamos a Arredondo, donde la subida comienza a hacerse a través de un valle glacial, que cuenta a ambos lados con moles calizas de gran altura. Después de este importante esfuerzo el primer gran premio es el nacimiento del Río Asón, una cascada espectacular que en primavera ofrece su mejor versión. Se trata de un paraje impresionante. Poco a poco se sigue avanzando hacia el Collado del Asón y cuando se está cerca de coronar el alto se debe girar a la izquierda a través de una pista que acerca al pueblo de La Gándara. Desde aquí se asciende hacia Astrana en una parte exigente hasta alcanzar el collado y dirigirse desde ahí hacia San Pedro. Allí hay que desviarse a la izquierda para continuar con una rampa de mucha pendiente que divide la sierra, conocidas como La Canal de Ancillo.

Desde aquí se continúa hacia Rozas, Indo y atravesando Ramales antes de ascender de nuevo el curso del Asón hacia Riva. Esta jornada se puede coronar con un día de turismo por Ramales de la Victoria. Cuenta con una arquitectura popular muy bien conservada, con miradores acristalados y algunas casonas de indianos con bellos jardines y verjas. Sobre todas ellas sobresale el palacio de Revillagigedo (siglo XVIII). Sin embargo, su patrimonio más valioso lo constituye el grupo de cuevas localizado a principios de siglo por Alcalde del Río: Covalanas, La Haza, Cullalvera y Sotarriza albergan en su interior magníficas pinturas rupestres.

Para aquellos que se están iniciando, una de las propuestas más interesantes es la Vía Verde de Castro-Traslaviña, entre la pedanía de Santullán y el paraje de Herreros. Son algo más de cinco kilómetros en un camino de gravilla que tiene tramos de asfalto. A la vía de Traslaviña se puede acceder desde Castro, Mioño, Lusa, Santullán, Los Corrales y Otañes. Iniciaremos nuestro itinerario (km. 0) desde la rotonda de Brazomar, donde la antigua vía empieza a ser verde. Llegamos a la rotonda en la que distinguimos la fábrica de anchoas Lolín, y que distribuye los accesos al casco urbano, a la N -634 y a Sámano (CA 520), a Santullán (CA-250), a Otañes (CA-250), y a la autovía A-8. Si venimos desde la Calle Leonardo Rucabado, de frente, observamos los restos del pretil del que fue Viaducto de Brazomar. Accedemos a la parte superior del pretil por un camino con escaleras a la zona superior y recuperamos el antiguo trazado de la vía de Traslaviña. Observamos el andén del antiguo apeadero de Brazomar zona restaurada por el Taller de Empleo de Rutas Verdes en el año 2008 (programa del Servicio Cántabro de Empleo en colaboración con el Ayuntamiento de Castro Urdiales).

Desde el apeadero entramos en una zona atrincherada y una vez atravesada, el firme de la vía verde se convierte durante unos 200 m. en la red viaria que da acceso a una urbanización de chalets. Continuamos en línea recta por una zona de densa vegetación que nos acerca al bosquecillo de Valverde y al túnel del mismo nombre de casi 400 m. Tras pasar el Túnel de Valverde, llegamos a Mioño. Un campo de fútbol construido sobre las instalaciones ferroviarias estrecha la vía verde a la llegada de la Estación de Mioño. A partir de aquí, el trazado continúa recto, unos 600 m. hasta Lusa, atravesamos una zona de llosa, con prados y huertas divisando al fondo el monte de Dícido y la peña de Santullán transformada por la cantera. Entre los pueblos de Lusa y Santullán pasa la autovía Bilbao-Castro Urdiales que interrumpe unos 200 m. del trazado original del camino de la vía, para retornarlo al norte de Santullán. Para retomar la vía verde podemos coger la CA-250 en dirección a Santullán y antes de llegar al núcleo urbano girar a la izquierda y bajar por un acceso de fuerte pendiente al cementerio de Santullán. También podemos llegar por Lusa, atravesando el pueblo en dirección al río Cabrera, cruzándole por un puentecillo, tomamos la pista ascendente hasta el paso por debajo de la autovía subiendo por un camino para luego bajar atravesando un establo; nos estamos aproximando por la margen izquierda del río hasta un puentecillo que nos llevará al antiguo trazado de la vía. Desde aquí, continuaremos en línea recta por un vial asfaltado hasta el Puente de San Juan (ficha nº 11). Desde aquí la vía se nos presenta sin interrupciones hasta su final.

La plataforma del ferrocarril, convertida en vía verde, se adentra atravesando trincheras, taludes sobre el monte, y suaves laderas en las que domina el verde de los prados. En el Km. 3,1 poco después de dejar a un lado las ruinas de la casa ferroviaria de la capataza, la vía verde cruza, de manera transversal y a nivel, la carretera que sube al barrio de Los Corrales. Esta carretera nos brinda la oportunidad de enlazar con la antigua vía del ferrocarril minero de Castro-Alén, cuya plataforma se atisba esculpida en las paredes rocosas de la ladera contraria, al pie del Pico de la Cruz.

Proseguimos sobre la traza del antiguo ferrocarril Castro-Traslaviña, apuramos los últimos retazos de pradera que se alargan hacia la Casa Torre de Otañes, que observamos a nuestra derecha desde el apeadero de los Corrales. Continuamos hasta la estación de Otañes (Km. 4). En su entorno se encuentra un área de descanso y desde el andén se divisa el pueblo de Otañes al que podemos acceder desde una carretera local; desde aquí también podemos ascender por pista forestal a la zona minera de Setares y conectar con la antigua vía minera.

A partir de la estación el paisaje se hace más abrupto. La suave ladera izquierda se convierte en la cara occidental del monte La Helguera.  A partir del paso superior del Km. 5 (carretera entre Otañes y Baltezana) dejamos atrás cualquier traza urbana y a medida de que el valle se estrecha nos adentramos por un paisaje en el que dominan las plantaciones de eucaliptos, a veces salpicadas por ejemplares de vegetación autóctona y en el que se atraviesa por húmedas trincheras forradas de musgo, helechos y enredaderas. Pronto alcanzamos uno de los hitos de esta jornada, el imponente viaducto de los Vados (Km. 7,1). Tres arcos sustentan a esta mole convertida en un mirador de excepción, sobre el río Cabrera y por encima de la CA-250.  Tras ello, el trazado del ferrocarril acomete una ascensión de recrecida pendiente jalonada de pequeñas trincheras y balcones.  Finalmente y tras una recta, aparentemente larga, la ruta gira hacia el sur y se sumerge en una profunda trinchera excavada en una roca y forrada de musgo y de abundante vegetación que hace más húmedo y fresco la parte final del trazado, en las inmediaciones del túnel de Herreros, al pie de las ruinas del poblado minero, y en la que se distinguen los contrafuertes que sostenían el depósito y canalización del agua que desviaba el arroyo de Herreros cuando el tren estaba en funcionamiento. En este último tramo, la ruta avanza contigua al arroyo de Herreros.

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