domingo 1/8/21
MEMORIA

Crónicas de la Posguerra en Cantabria. Las fosas comunes de Hermosa (1938) y Santiago de Cudeyo (1940)

El cementerio de Santiago de Cudeyo, en la actualidad
El cementerio de Santiago de Cudeyo, en la actualidad

Cada 14 de abril, en conmemoración de la proclamación de la Segunda República hace ahora 90 años, al menos dos decenas de militantes socialistas de Medio Cudeyo se reúnen en el cementerio de la localidad de Valdecilla para recordar, junto a la placa dispuesta en el exterior derecho del mismo, a los 12 republicanos asesinados y enterrados allí (aunque en ella sólo figuren los nombres de siete personas según el estudio de Fernando Obregón), dentro de una fosa común, por las fuerzas sublevadas franquistas entre los meses de noviembre de 1937 y septiembre de 1939. Se sabe que, en cada una de las veces que la fosa se abría y excavaba por sus futuros huéspedes obligados a punta de pistola, franquistas y falangistas locales contaban con la inestimable ayuda del famoso “gasolinero” de Solares, quien proporcionaba no sólo los útiles para abrir la tierra, como palas y azadas, sino también la misma gasolina que devoraba a algunos de los cadáveres después del tiro en la cabeza.

A izquierda, imagen de la placa que conmemora a los republicanos fusilados en el cementerio de Valdecilla. A la derecha, vista del cruce de Solares desde el lateral de la gasolinera (años 60 del siglo XX) A izquierda, imagen de la placa que conmemora a los republicanos fusilados en el cementerio de Valdecilla. A la derecha, vista del cruce de Solares desde el lateral de la gasolinera (años 60 del siglo XX)

Sin embargo, lo que no se sabía, o se desconocía hasta la publicación del Mapa de Fosas comunes de Cantabria, dirigido por el profesor de la Universidad de Cantabria Ángel Arméndariz en el año 2016, es que en el referido municipio de Medio Cudeyo aún existen dos más, concretamente en los pueblos de Hermosa y Santiago de Cudeyo.

HISTORIA DE DOS EMBOSCADOS EN PEÑA CABARGA: “VÍCTOR” Y “TASIO”

Victoriano Saíz Ruiz (26 años), conocido como “Víctor”, de profesión alpargatero, y el tornero Anastasio Zubía Liaño, “Tasio” (33 años), vecinos ambos del colindante pueblo de Liaño, son las respectivas identidades de los dos hombres cuyos restos mortales reposan en algún lugar del diminuto cementerio de Santiago de Cudeyo, en una fosa sin identificar. Fueron asesinados un 12 de octubre de 1940 en las estribaciones de Santiago, en la zona del plantío, tres años después del final de la guerra en Cantabria, tras ser descubiertos en el interior de un túnel que habían excavado debajo de la cuadra que el segundo tenía en propiedad en el Barrio el Plano (Liaño), junto a su casa. Gracias a la reciente película La Trinchera Infinita (2019), basada en el libro de Jesús Torbado, Los Topos (1977), hemos podido saber cómo era la vida clandestina de aquellas personas con responsabilidades políticas en el régimen republicano, condenados a esconderse en sus propios hogares para no caer en las garras del enemigo victorioso en la guerra civil. Vivir en un agujero bien valía la pena para no acabar con uno en la frente en aquella España de los primeros tiempos del franquismo.

Fueron asesinados un 12 de octubre de 1940 en las estribaciones de Santiago, en la zona del plantío, tres años después del final de la guerra en Cantabria

Su historia es digna de ser contada; tras el bombardeo de Solares por parte de la aviación fascista un 24 de agosto de 1937, bombardeo que, por cierto, hubo de costar la vida a 3 vecinos del pueblo, uno de ellos el niño Manuel Ortiz Aguirre, de apenas 3 años de edad, además de los subsiguientes daños ocasionados en la zona del mercado, la estación y la Iglesia de Santa María de Cudeyo, decenas de personas se echaron al monte con el objetivo de sobrevivir a la inminente entrada de las tropas sublevadas en Medio Cudeyo, ya fuera al cercano Pico del Castillo o bien a las cuevas y empalizadas dispuestas en el Macizo de Peña Cabarga, cuya moderada altitud proporciona unas excepcionales vistas de Santander y el entorno de la bahía. Entre ellos se encontraban Víctor y Tasio, quienes, con la ayuda de otro emboscado, Manuel Coterillo, lograrían sobrevivir más de tres años en la montaña, al más puro estilo maqui, en similares y decadentes condiciones a los conocidos guerrilleros de la región Juanín y Bedoya. Allí resistirán hasta el mes de octubre de 1940 cuando, resguardados del frío del incipiente otoño del norte en la clandestinidad de la casa de Tasio, fueron descubiertos por la Guardia Civil, no sabemos si con alguna delación o denuncia de por medio.

El trayecto entre Liaño y Santiago de Cudeyo fue el último de sus breves vidas. Antes de llegar al pueblo, en la curva de izquierdas que bordea a la conocida zona del plantío, fueron fusilados según la Ley de Fugas; o lo que era la mismo, simular el supuesto intento de fuga de los presos para legitimar su asesinato. A partir de aquí, gracias a testimonios orales de algunos vecinos, sabemos que sus cuerpos, luego del fusilamiento, fueron cargados en el carro de otro vecino, presumiblemente el enterrador del pueblo, y llevados al cementerio de Santiago de Cudeyo, cuya fosa permanece todavía hoy en el anonimato. Tasio, miembro del PSOE y activo participante en los sucesos revolucionarios de 1934, era hermano del también socialista Dionisio Zubía, alcalde republicano de Villaescusa.

HERMOSA: VARIOS AZADAZOS Y UNA VENGANZA FAMILIAR

Hermosa es el tercer pueblo del municipio, junto a los citados Valdecilla y Santiago, que cuenta con una fosa común. Al menos cinco individuos, según los datos del Mapa de Fosas del gobierno de Cantabria, descansan en algún lugar del camposanto, también desconocido. Sólo se conoce la identidad de dos de ellos. Del primero, José Manuel Trueba y Rivas, procedente de San Miguel de Aras (Junta de Voto), sabemos que fue asesinado un 11 de marzo de 1938, también finalizada la guerra civil en Cantabria, debido a supuestas filiaciones izquierdas y/o venganzas personales.

Imagen del cementerio de Hermosa tomada desde la entrada Imagen del cementerio de Hermosa tomada desde la entrada

De Felipe Ortiz Ruiz, el segundo individuo conocido, en cambio, tenemos algo más de información. En su caso, las represalias familiares parecen más que evidentes a pesar de tener 68 años y ninguna significación política conocida. El 9 de marzo, dos días antes del fusilamiento de Trueba y Rivas, Felipe fue “paseado” en Hermosa cuando se disponía a llevar, como ganadero que era, a uno de sus animales al veterinario de Liérganes, lugar de su nacimiento. El principal detonante de su muerte hoy bien nos podría horrorizar, aunque en aquel contexto de victoria franquista tenía su explicación, que no quiere decir justificación: ser familiar directo, concretamente tío, del emboscado y guerrillero Ramiro Agudo. Aunque se ha dicho que era quien le daba de comer y auxiliaba de forma clandestina, el asesinato de Felipe quizá se explique mejor con lo ocurrido un mes antes, en febrero de 1938, cuando Ramiro, el sobrino, consiguió escapar de su propio fusilamiento en el Alto de Jesús del Monte. Según cuentan testimonios orales, franquistas y falangistas de Liérganes fueron entonces a buscar al ya anciano ganadero. Partirle la cabeza con una azada en el mismo sitio en el que lo encontraron, el monte de Hermosa, fue su venganza hacia el fugado sobrino Ramiro. Felipe Ortiz dejaba mujer y cinco hijos, además de un animal enfermo que no pudo llegar al veterinario.

Es lo que tienen las guerras civiles, que, al margen de los muertos de uno u otro bando, también se llevan por delante a personas inocentes. No obstante, en este caso, la guerra ya había terminado, y los muertos, además de gente inocente, lo son de un solo: ya saben ustedes cuál.

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