domingo 20/6/21
MEDIO AMBIENTE

Soplan vientos convulsos en el norte

Molinos de viento
Molinos de viento

La Ley de Cambio Climático y Transición Energética, aprobada el pasado jueves en el Congreso, apunta a una transición hacia las energías renovables, tales como la eólica, la solar o la hidroeléctrica entre otras. Ahora todas las comunidades autónomas afrontan el reto climático con ímpetu y cierta premura por posicionarse en un lugar de referencia respecto a las nuevas políticas ambientales. Una carrera en la que algunas comunidades llevan ventaja mientras que otras permanecen aún en la casilla de salida. En esta carrera de fondo, la energía eólica se erige como una de las principales fuentes de energía renovable en el mundo.

El proceso para obtener esta energía consiste en levantar un parque eólico, sembrado de aerogeneradores que utilizan la fuerza y la velocidad del viento para generar energía eléctrica. El viento llega hasta las aspas del aerogenerador, haciendo que se pongan en movimiento y transformen la energía del viento en energía eléctrica, que puede iluminar tiendas, hogares y ciudades enteras.

España ha logrado codearse con los países que más energía aerodinámica generan

En Europa, España ha logrado codearse con los países que más energía aerodinámica generan, entre los que se encuentran Alemania, Reino Unido, Francia e Italia. A lo largo y ancho de España, 1.267 parques eólicos se nutren de los vientos que surcan los cielos y acarician las montañas. O al menos eso es lo que se desprende del balance anual referido al año 2020 de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), en el que se destaca que los aerogeneradores instalados en España transformaron en ese año una energía de 27.446 MW.

Por orden, Aragón, Navarra, Castilla y León, Castilla La Mancha, Islas Canarias, Andalucía y Galicia fueron las autonomías que más instalaciones eólicas llevaron a cabo a lo largo del pasado y peculiar 2020. En cabeza se posicionan Castilla y León, Aragón y Castilla La Mancha en cuanto a más instalaciones eólicas instaladas se refiere.

En el año 2008 se inauguró la primera instalación eólica en Cantabria, el parque eólico de Cañoneras, situado en la localidad de Soba. Dicho proyecto fue llevado a cabo por la empresa cántabra “Eólica 2000 S.L.”, además de participar otras empresas cántabras en el mismo. Parecía que el futuro ya estaba aquí, y así lo confirmaba el hecho de que en el año 2009 se publicó el Plan Eólico de Cantabria, que impulsaba la instalación de aerogeneradores para transformar el viento en energía eléctrica y poder suministrar hasta 1.500 megavatios. Este plan contaba con unas metas ambiciosas que preveían la instalación de entre 20 y 25 parques eólicos, los cuales contarían con cerca de 20 aerogeneradores cada uno.

No obstante, estas ambiciones cayeron en saco roto, cuando en el año 2012 se anuló judicialmente el concurso eólico en Cantabria. Ya que el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) revocó este plan porque confrontaba con el Plan de Energías Renovables (PER) y el Plan Energético de Cantabria (PLENERCAN). En la actualidad, existen varios proyectos que están corriendo distinta suerte en sus respectivos desarrollos. Así, el pasado mes de marzo trascendía que el Gobierno de Cantabria impulsará los dos proyectos eólicos que la compañía EDP Renovables (EDPR) tiene previsto desarrollar en los municipios de Valdeolea, Valdeprado del Río y Campoo de Enmedio. Se trata del parque eólico de Quintanillas, en el municipio de Valdeolea, de 27 MW con 5 aerogeneradores con el punto de conexión en Mataporquera, y al parque eólico Somaloma-Las Quemadas, que afecta a los municipios de Valdeprado del Río, Campoo de Enmedio y Valdeolea, con una potencia de 45 MW y 12 autogeneradores.

Tienen el viento en contra los proyectos que pretenden instalar en los Valles Pasiegos aerogeneradores de hasta 90 o más metros

Por el contrario, tienen el viento en contra los proyectos que pretenden instalar en los Valles Pasiegos aerogeneradores de hasta 90 o más metros de altura. Los principales proyectos eólicos en cuestión son dos. Por un lado, el de Garma Blanca, que contempla erigir 13 aerogeneradores que producirían una potencia total de 51 mw. Por su parte, el Parque de Ribota contaría con doce aerogeneradores y una potencia similar a los 51 megavatios de la otra instalación. Dichos proyectos se encuentran en la cuerda floja, debido a los informes desfavorables a los Estudios de Impacto Ambiental emitidos por el Servicio de Evaluación, dependiente de la Dirección General de Biodiversidad, Cambio Climático y Medio Ambiente del Gobierno regional. En estos informes, entre otros extremos, se manifiesta que los parques provocarían afecciones irreversibles e incompatibles con los valores de la zona. Además, existen otros dos proyectos en la misma zona pendientes de evaluación, Amaranta y Quebraduras, para los que se presumen otros tantos informes desfavorables.

En este contexto, a primeros de este mismo mes de mayo el Parlamento de Cantabria aprobaba una proposición no de ley  (PNL) mediante la que insta al Gobierno regional (PRC-PSOE) a incluir en el futuro Plan Regional de Ordenación del Territorio (PROT) y Plenercan 2021-2030 zonas de desa-rrollo y zonas de exclusión de proyectos eólicos. La iniciativa, que contó con el apoyo de todos los grupos de la Cámara menos Vox, defiende que Cantabria impulse las energías renovables, pero  creando zonas de desarrollo eólico en las que los parques generen menor impacto y otras de exclu-sión, como las zonas de los Valles Pasiegos o Trasmiera, con una especial fragilidad medioambiental o paisajística. 

PROS Y CONTRAS

La empresa Green Capital Power es la que se encuentra detrás de estos proyectos eólicos en los Valles Pasiegos. Si tales proyectos saliesen adelante, Cantabria podría dejar a un lado los combustibles fósiles en favor de las energías renovables. Además, la utilización del terreno sobre el que se asentarían estos parques eólicos conllevaría una alta remuneración económica para la comunidad.

En principio, hablamos de una energía limpia y renovable. Sin embargo, tiene en su contra el impacto paisajístico, no solo por su deterioro durante la construcción del parque y la ruptura visual del entorno natural una vez edificada la instalación, sino que, además, si años más tarde se desmantelase el parque eólico, el terreno no quedaría igual que ahora. Asimismo, los animales que campen por las zonas en las que se quieren instalar los parques verán alteradas sus rutas, no solo por suponer un obstáculo en las mismas, sino también porque estos parques generan un ruido que a la larga puede resultar perjudicial para los animales. También debemos tener en cuenta que las aspas de estos elementos se mueven a gran velocidad, convirtiéndose en auténticas guillotinas para las aves.

Además, atendiendo a la población que vive en la zona, las casas de los pueblos y aldeas aledañas a los parques se devaluarían, al tiempo que el turismo de zonas rurales podría verse perjudicado. 

De momento, parece que en Cantabria esta nueva versión de los tradicionales molinos de viento no tendrá viento en popa para instalarse en cualquier emplazamiento que resulte idóneo por el régimen de vientos, para regocijo de algunos y disgusto de otros. En cualquier caso, mientras el viento continúe soplando y la energía eléctrica siga constituyendo un bien de primera necesidad, el debate permanecerá abierto.
 

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