domingo. 03.07.2022

Cantabria está viviendo, en materia turística, un año como los que se registraron antes de la pandemia, con ocupaciones hoteleras cercanas al 100% y llenos en muchos de los recursos turísticos de la región. Y el verano, según las previsiones del sector, apunta a que será de récord, recuperando las sensaciones que la pandemia eliminó de raíz. Sin embargo, hay un nubarrón que amenaza con aguar la fiesta de la hostelería, y es la falta de personal, concretamente de camareros y cocineros, con los problemas que eso acarrea en cuanto al servicio y la capacidad de atención al público.

No es algo exclusivo de Cantabria. Las empresas consideran que la pandemia ha agudizado un problema que ya venía de lejos, y desde luego, los problemas que genera el Covid-19, que obliga a coger bajas a personal con contratos temporales y precarios, pone en jaque el delicado equilibrio con el que los establecimientos desarrollan parte de su actividad. Y ese parece ser el principal problema de una escasez de personal que se ha generalizado en todo el país.

Actualmente faltan en España 50.000 camareros con respecto a los que había antes de la pandemia. Dicho de otro modo, son trabajadores que no han vuelto al sector una vez que la situación sanitaria ha recuperado cierta normalidad. ¿El motivo? Fundamentalmente, las condiciones laborales, ya que 2 de cada 3 contratos que se firman en el sector son eventuales y de bajo salario. Lo que tradicionalmente se conoce como trabajo precario.

 

De hecho, en Cantabria se estaba negociando una renovación del convenio del sector que, a tenor de los últimos acontecimientos, no va a llegar antes de verano. El pasado 10 de mayo la Asociación Empresarial de Hostelería de Cantabria (AEHC) daba por rotas las negociaciones con los sindicatos, a los que acusaba de “reclamar subidas de hasta un 24% en los salarios, que resultan totalmente insaumibles”.

Sin embargo, tanto Comisiones Obreras como UGT han rechazado lo que consideran una “falsedad muy alejada de la realidad”, pues la subida que ellos proponen es de un 11,5% acumulado durante cuatro años. La ruptura de estas negociaciones afecta en Cantabria a 15.000 trabajadores.

Para los sindicatos, el meollo del problema es evidente: “quieren carta blanca y una legislación laboral a su gusto”. Y aunque entienden que los contratos fijos discontinuos son una necesidad para un sector que va por épocas, no están dispuestos a que eso sea “a cualquier precio”. "Las condiciones de los trabajadores de la hostelería deben estar a la altura de la importancia del sector en Cantabria, que según el propio Cuevas supone el 13% del PIB de la comunidad", señalaron los sindicatos en un comunicado.

No es la primera vez que el sector se enfrenta a la falta de personal. Ya en 2019, antes de que el coronavirus llegara a nuestras vidas, la Asociación de Hostelería de Cantabria planteó la posibilidad de traer a la región a 400 camareros de Perú precisamente por la falta de personal cualificado. De hecho, el presidente de la Asociación, Ángel Cuevas, llegó a calificar de “importante” la carencia de profesionales, y apuntó que podía deberse a que el sector no es “excesivamente atractivo” al tener que trabajar en fines de semana y vacaciones.

Más recientemente, concretamente en el mes de marzo, Podemos denunció el “visto bueno” que el Gobierno de Cantabria habría dado a otra propuesta de Cuevas, solo que en esta ocasión no eran ciudadanos procedentes de Perú, sino refugiadas que han llegado a la región procedentes de Ucrania. Todo ello, claro está, “a bajo coste”.

Como señaló la formación, en Cantabria hay actualmente “más de 8.000 demandantes de empleo” dentro del sector hostelero, por lo que el hecho de lanzar este tipo de ofertas solo busca “precarizar aún más las condiciones salariales y laborales”, que son las que, precisamente, se estaban intentando mejorar en la negociación del nuevo convenio que la Asociación de Hostelería da por rota.

ESPAÑA

Pero Cantabria no es un caso aislado, ni en la problemática ni en el tipo de soluciones que se plantean. Sin ir más lejos, la Asociación de Hosteleros de Guipuzkoa está trabajando en la idea de traer 50 profesionales de Colombia, algo que contribuiría a paliar la “grave falta de personal” que existe.

En el caso de Murcia, por ejemplo, la patronal achaca los problemas a las interrupciones de la actividad a las que obliga el Covid-19 cada cierto tiempo, pero los sindicatos se posicionan más en el sentido de CCOO y UGT en Cantabria, es decir, apuntan a las “indignas condiciones laborales”.

En Galicia se repite la situación. La Comunidad Autónoma cuenta con unos 2.000 camareros menos que antes de la pandemia, a pesar de que el sector está recuperando los niveles de actividad prepandemia. Castilla y León, La Rioja o Castilla-La Mancha viven situaciones similares.

En todos los casos el debate se centra en los mismos focos. Por un lado, los hosteleros apuntan a la falta de formación y a las dificultades de adaptarse a unos horarios que obligan a trabajar “cuando todo el mundo se divierte”. Por otro, los sindicatos ponen el dedo en la llaga de las condiciones laborales, de trabajos precarios en los que no hay horas extra, se cobra poco y se trabaja mucho. Y dado que los contratos no son indefinidos, muchos jóvenes prefieren probar suerte en otros sectores donde las condiciones sean mejores.

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