martes. 06.12.2022
SUCESOS

44 años de prisión para el hombre que asesinó a su mujer y a su hija en Vizcaya

Las víctimas fueron golpeadas con una maza y degolladas "en un acto de dominación" por su condición de mujeres "que obraban conforme a su voluntad"
Audiencia Provincial de Vizcaya
Audiencia Provincial de Vizcaya. Foto: Google Maps

La Audiencia Provincial de Bizkaia ha condenado a 44 años de cárcel al hombre que asesinó a su mujer y a su hija en la vivienda familiar de la localidad vizcaína de Abanto Zierbena el pasado marzo de 2020. Este las golpeó con una maza en la cabeza y las degolló, "en un acto de dominación" por su condición de mujeres, "que obraban conforme a su voluntad", según la sentencia.

El tribunal ha impuesto al acusado una pena de 22 años de prisión por cada uno de los dos delitos de asesinato con alevosía -con la concurrencia de las circunstancias agravantes de parentesco y de género, y la atenuante de confesión-, así como inhabilitación absoluta durante el tiempo de condena. Una vez cumplidas dichas penas, será sometido a libertad vigilada por un plazo de diez años, con obligación de participar en programas formativos contra la violencia de género. Asimismo, el procesado deberá indemnizar con 170.000 euros a la madre y abuela de las víctimas y con 40.000 a cada uno de los hermanos y tíos. Tras el juicio, el jurado consideró probado que el hombre causó la muerte de su mujer e hija de manera "intencionada".

El acusado, sobre las 15:00 horas del 10 de marzo de 2020, llegó al domicilio familiar del barrio San Fuentes de Abanto Zierbene (Vizcaya). Una vez dentro, vio a su mujer dormida en un sofá del salón de la planta baja, se dirigió a la cocina, donde días antes había dejado dos mazas de demolición a las que había cortado los mangos, cogió una de ellas y un cuchillo de sierra (ambas de grandes dimensiones) y, dirigiéndose de nuevo a la sala y "con la intención de acabar con su vida, la golpeó fuertemente". Tras darle con la maza en la cabeza, la degolló con el cuchillo causando su muerte.

A continuación, subió al dormitorio donde se encontraba su hija adormilada sobre la alfombra con un antifaz sobre los ojos y, antes de entrar, se dirigió a la biblioteca para hacerse con unas bridas y unos trozos de cuerdas. Ya en la habitación, y sin que la hija se percatara de que portaba el cuchillo y la maza, le dijo que iban simular un secuestro, para que se dejara atar los pies con las cuerdas a la altura de los tobillos y las manos a la espalda con las bridas. Una vez inmovilizada en el suelo y con la cabeza boca abajo, "la golpeó fuertemente con la maza en la cabeza para acto seguido degollarla, causando su muerte". Transcurrido un tiempo indeterminado, el acusado regresó a la habitación con un segundo cuchillo y, aunque la hija ya estaba fallecida, le realizó un corte profundo en la zona cervical posterior hasta llegar al plano óseo.

La resolución judicial destaca que "las circunstancias de lugar y tiempo y el tipo de armas empleadas en el acometimiento facilitaron al acusado perpetrarlo sin riesgo para su persona" y sin que la víctima "tuviera ninguna posibilidad de defenderse". Así, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Bizkaia subraya que la causa fundamental del fallecimiento se produjo por "shock hipovolémico secundario" debido a la herida de arma blanca sufrida a nivel cervical con sección de la vía aérea y vascular. Asimismo, el cadáver presentaba fractura de cráneo por los traumatismos recibidos en zona frontoparietal derecha de la cabeza, "incompatibles con la vida".

COMPORTAMIENTOS MACHISTAS

En el momento del fallecimiento, la mujer contaba con 56 años de edad y su hija 24. La Audiencia Provincial subraya que el acusado "tenía comportamientos machistas y despectivos hacia las mujeres en general, habiendo protagonizado diversos incidentes en reuniones familiares por dicho motivo".

La magistrada afirma que el procesado asesinó a madre e hija "en atención a su condición de mujeres en un acto de dominación, tras haber venido mantenido con anterioridad un comportamiento autoritario sobre ellas, quienes obraban conforme a su voluntad y sobre las que presentaba, además, una notoria superioridad física".

Los ingresos de la familia procedían de una inmobiliaria, gestionada por el acusado y un cuñado, y atravesaba en los últimos tiempos "una mala situación". Por esta razón, el encausado sufría una "vivencia angustiosa de ruina inminente de la familia, de cuyo sustento se consideraba único responsable". En todo caso, la sentencia aclara que, en el momento de los hechos, "no presentaba alteraciones significativas de sus facultades intelectivas ni volitivas, por lo que podía conocer la realidad y actuar conforme a su voluntad libremente formada".

Al día siguiente, relató en un bar de Portugalete a sus hermanas y cuñado lo sucedido, y les dijo que no denunciaran los crímenes hasta transcurrido un tiempo porque se iba a suicidar. Sin embargo, estos acudieron inmediatamente a una comisaría. Luego, el agresor relató al agente que le llamó por teléfono con anterioridad a su detención los dos asesinatos. Posteriormente, fue detenido por agentes de la Policía en el interior de un trastero de la empresa familiar cercano al domicilio. El acusado aseguró que había ingerido unas 50 pastillas de orfidal, por lo que fue trasladado de urgencia al Hospital de Cruces, donde fue atendido "sin que se llegara a constatar que hubiera estado en riesgo su vida, presentando un nivel de alcohol en sangre de 1,29 g/l y restos de pastillas en dosis terapéuticas".

La resolución judicial constata que "no se ha probado que el acusado cometiera los hechos guiado por la finalidad" de que su mujer o su hija "no sufrieran". En los meses anteriores a los hechos, el acusado consumía alcohol en cantidades excesivas o ingería pastillas como orfidal (lorazepam) y trankimazin (alprazolam). Tampoco está demostrado que cometiera los hechos en estado de intoxicación alcohólica.

Además de las condenas de cárcel, inhabilitación y las indemnizaciones que deberá pagar, el condenado deberá abonar también las cosas procesales, incluidas las de la acusación particular. Además, continuará en prisión provisional hasta que sea firme la sentencia, ya que, contra ella, cabe recurso de apelación ante la Sala Civil y Penal del TSJPV, que deberá presentarse en un plazo de diez días, que se contarán desde el día siguiente de la notificación de la resolución judicial.

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