domingo 5/12/21
ISIDRO CICERO

“Santander era el presidio más grande del mundo durante el Franquismo”

Miembro del Grupo de Trabajo Nacional de Memoria Histórica del PSOE, considera que es necesario terminar de desarrollar la ley de Zapatero, y asegura que en la capital cántabra “los alcaldes del PP nunca han querido tocar nada”.

Isidro Cicero es miembro del Grupo de Trabajo Nacional de Memoria Histórica del PSOE
Isidro Cicero es miembro del Grupo de Trabajo Nacional de Memoria Histórica del PSOE

Isidro Cicero ha luchado durante casi 40 años por restituir la memoria de las víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. Miembro del Grupo de Trabajo Nacional de Memoria Histórica del PSOE y coordinador del Grupo de Trabajo de Cantabria, a su juicio el primer paso para lograr la implantación de la Ley de Memoria Histórica es terminar su desarrollo, y lo que pretende es que se cumplan los cuatro aspectos básicos de la legislación impulsada por Zapatero, entre ellas la justicia hacia las víctimas y que se implanten acciones “de no repetición”.

¿A qué se debe el retraso o el incumplimiento de la Ley de Memoria Histórica?

La Ley de Memoria Histórica de Zapatero tuvo mala suerte. Todos los grupos de la izquierda memorialista la han criticado mucho porque no la terminó. La redactó y ahí se quedó; no hizo el reglamento de desarrollo de esa ley, donde tendrían que venir más especificadas las cosas más concretas, y tampoco tiene un régimen sancionador.

Las concreciones había que haberlas hecho después, pero cuando llegó el PP la metió en el congelador hasta el día de hoy. El PSOE había dedicado a la Ley de Memoria Histórica, a su desarrollo y su puesta en práctica 6 millones de euros, pero el PP deja a cero esa partida y solamente ha gastado lo correspondiente hasta junio, lo que ya estaba consignado, pero no dieron ni un euro más.

En Cantabria hemos intentado concretar que haya una ley regional de Memoria Histórica para que tenga el régimen sancionador a pie de plaza

Lo que ha ocurrido en Cantabria, y es lo más importante, es que hemos intentado concretar que haya una ley regional de Memoria Histórica para que tenga el régimen sancionador a pie de plaza, de modo que se conozca lo que es obligatorio y lo que es opinable. Es aquí, en lo que es obligatorio y lo que es opinable, donde nadan todos los que no quieren aplicar la Ley.

Por ejemplo, el alcalde de Santander. Nombra una Comisión de pseudoexpertos para tratar el tema, porque es cierto que cuenta con expertos, pero hay otros que están metidos para torpedear la ejecución de la ley, y la Comisión la nombra el alcalde.

El alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, pretende cambiar simplemente el sentido de algunos nombres de calles.

Esa es la solución que ha buscado, pero es una solución cobarde porque, cuando por ejemplo digan Canarias, hay que preguntarse por qué Canarias y no Asturias. ¿Tenemos alguna plaza dedicada a Asturias, a Castilla-La Mancha, a Extremadura? No. Entonces, ¿por qué Canarias? Porque había un destructor con ese nombre. Es una salida a medias.

¿Qué solución se puede dar para avanzar y que haya un protocolo de funcionamiento general?

En este sentido se puede comparar Torrelavega con Santander. En Torrelavega lo tienen todo muy claro desde hace muchos años. Todos los alcaldes que ha habido han ido quitando calles. Santander tiene este problema porque los alcaldes siempre han sido del PP y nunca han querido tocar nada de esto a no ser obligados. Y además cobardemente, por la puerta de atrás.

Santander tiene este problema porque los alcaldes siempre han sido del PP y nunca han querido tocar nada de esto a no ser obligados

Cuando se hizo el parking del Ayuntamiento de Santander se quita la estatua de Franco. No porque haya que quitarla, porque era un dictador y un criminal, sino porque hay que hacer un aparcamiento.

Lo que hay que hacer es que se cumpla la Ley de Memoria Histórica a rajatabla, esto es, desarrollarla y dotarla de presupuesto. En Cantabria hemos optado porque el Gobierno haga una ley regional, como en Andalucía o Navarra, donde queda claro lo que hay que hacer.

Entonces, ¿esta ley regional viene a cubrir las deficiencias de la ley de Zapatero?

Lo que hace es concretar y crear un régimen sancionador. Los criterios están en la línea final y en los trabajos de la Asamblea de la ONU, no se va a salir de ahí. Lo que va a solucionar son las particularidades de Cantabria, porque cada región tiene su especificidad.

El Gobierno tiene que hacer un borrador, que será muy parecido al que haya en otras comunidades, y luego pasarlo a otros grupos parlamentarios. Y también pasárselo a los grupos memorialistas que están trabajando desde hace años para que opinen, sugieran y controlen. El más numeroso es el PSOE, que somos unos 40, pero somos los últimos que nos hemos incorporado.

En Cataluña, por ejemplo, la especificidad son los refugiados, los huidos a Francia. En Cantabria la Ley de Memoria Histórica, ya que llegamos un poco tarde a ella, tiene que resolver el problema de los presos.

¿Cuántos presos políticos pudo llegar a haber en Santander?

Hay que tener en cuenta que a partir de otoño de 1937 se aglomeraron 50.000 presos. Torrelavega tiene 56.000 habitantes. Es como si todo Torrelavega se concentrara en Santander, pero en una ciudad que por entonces tenía entre 80.000 y 100.000 habitantes.

A partir de otoño de 1937 se aglomeraron 50.000 presos. Es como si todo Torrelavega se concentrara en Santander

Un historiador joven que se llama Obregón Anchorena ha hecho cálculos y ha dicho que Santander era el presidio más grande del mundo, proporcionalmente hablando. Eso es muy importante en la ciudad. Venían huyendo desde el sur hacia el este, y se concentraban aquí.

Como llegan tantos, hay que buscar sitio para retenerlos. En Santander hubo campos de concentración. Llama mucho la atención. Comenzó llenándose la Plaza de Toros, y cuando se llenó, se pasó al campo de fútbol de El Sardinero. Y después el Hipódromo de Bellavista; el Seminario de Corbán; las Caballerizas de La Magdalena; la tabacalera de la calle Castilla; los Salesianos; el Grupo Ramón Pelayo de la calle Alta, este de mujeres; las Salesas; y las Oblatas.

Pero luego es necesario clasificarlos. Para ello el General Dávila crea un sistema de represión y organización de todo. Es el que pone las bases, y llena la ciudad de juzgados militares. La Audiencia Militar la sitúan en el Instituto Santa Clara, y hay casi una decena de juzgados militares, comisarías, etc.

¿Cuál era el procedimiento para juzgar a los presos?

Cada mañana, a las 9:00 horas, sale un camión de Tabacalera, o de algún otro campo de concentración, a los juzgados militares, que los juzga. Para el mediodía ya tienen la sentencia de un juicio que dura 10 minutos. A los que sentencian a muerte, que en principio son todos, los llevan a la calle Alta, a la Prisión Provincial, que es la antesala del fusilamiento. Más de 3.000 personas van a parar a la tapia de Ciriego. En esa tapia se hace un agujero para que los fusilados vayan directamente a la zanja.

Lo terrorífico es que los presos del campo de concentración de Corbán debían abrir la zanja por la tarde y por la mañana cubrir los cadáveres. Los presos supervivientes de Corbán se acuerdan de oír los tiros al alba y de que, cuando había llovido, la tierra que habían cavado el día anterior rezumaba sangre.

Para hacerse una idea, con uno de los supervivientes con el que hablé aseguraba que al principio se fusilaba todos los días. Luego, solo los sábados.

En Santander hubo campos de concentración

De ahí también salían distribuidos a los campos de trabajo forzado. Hay que tener en cuenta que de los juzgados no daba tiempo a clasificar a los mozos, por lo que había una clasificación previa a ojo de buen cubero. Los viejos, cuanto antes se eliminen, mejor. No se les puede sacar rendimiento. Los jóvenes valen para trabajar, y los destinaban a todas las obras públicas y privadas que uno se pueda imaginar.

Había que construir. Todo lo que está construido en Cantabria, el mantenimiento, se llevó a cabo con destacamentos que salían de allí. Se les pagaba un salario que era de 2 pesetas diarias. Para hacernos una idea, en la época el salario medio era de 10 pesetas. Sin embargo, se quedaban con 1,50 pesetas para darles de comer, mantener la barraca, etc., y 50 céntimos para comer. Los grandes negocios, las grandes fortunas, empezaron allí.

¿Qué es lo que quieren conseguir los grupos de memoria histórica?

Lo que queremos es que donde se produjeron esos crímenes, esos horrores, se dignifique en primer lugar con un monumento, con una placa o con lo que sea. Todo esto se resume en cuatro puntos recogidos en la Ley de Memoria Histórica y que recomienda la ONU en su resolución sobre los crímenes franquistas.

Lo primero es que se establezca la verdad, algo muy necesario porque después de 40 años de educación falsa y engañosa, y de otros 40 años de verdades a medias, donde ha habido que contemporizar y templar gaitas, el crimen horrendo todavía no se ha contado. La ciudadanía, por planificación consciente de los criminales golpistas, ha sido maleducada y desinformada. Por tanto, establecer la verdad para no escuchar cosas como que “la culpa de la Guerra Civil la tuvieron los mineros de Asturias”, o “del PSOE, que estaba dividido”, o “por los lados se cometieron atrocidades”. Claro, pero las del otro lado ya nos las han contado varias veces, además de que son a la defensiva. Eso todavía está muy oscuro.

Segundo, la justicia. No vamos a pedir que nos indemnicen por lo que nuestros padres fueron obligados a construir como esclavos. Todavía no. Lo que queremos es que se dignifique y que se sepa, que esto lo hicieron unos esclavos de Franco. Y lo que no haya prescrito, que se persiga y se juzgue.

También que se haga reparación a las víctimas y, finalmente, que se hagan acciones “de no repetición”, para que no vuelva a ocurrir. Se puede repetir aquello, porque nadie nos garantiza que no alguien no se vuelva loco otra vez. Para mí, y para los grupos memorialistas, hay una solución única: la educación y la cultura. Hay que meter en los currículos escolares y hacer campañas de culturización sobre lo que ha sido el fascismo, lo que pretendía y lo que consiguió.

Se sigue estigmatizando mucho la ideología. A mucha gente no le gusta decir que es de izquierdas o de derechas. ¿Eso puede venir de la Dictadura?

Por supuesto. Creo que tenemos una necesidad ética de responder a esa gente. Se lo debemos a la gente, a nuestros padres y abuelos. Y debe ser el Estado el que lo tiene que hacer, el que debe ejecutar la Ley de la Memoria Histórica y hacer cumplir todas estas cosas.

Tenemos una necesidad ética de responder a esa gente. Se lo debemos a la gente, a nuestros padres y abuelos

Pero el Estado no va a hacerlo si no se lo exigimos. No lo han hecho los gobiernos del PSOE, mucho menos los gobiernos de la derecha. Por eso tenemos que estar atentos para que se desarrolle lo que se inició con Zapatero.

Con González se otorgó la indemnización por años de prisión, de la que quedaron fuera muchos. Se reconoció también a los combatientes del ejército que tenían cierta graduación. Se hicieron cosas, pero por entonces estaba muy vendido.

¿Cuántos grupos memorialistas hay en Cantabria?

Hay varios, pero uno de los que son muy activos es Héroes de la República y la Libertad, cuyo presidente es Antonio Ontañón. Su mérito principal es la dignificación de las fosas comunes de Ciriego. No se ha hecho el estudio ni se ha trabajado en ellas, pero se han dignificado, algo que ha servido al PP una vez más para salirse por el burladero. El Ayuntamiento dice que ya se ha hecho todo, pero lo cierto es que no se ha hecho nada, y lo poco lo ha hecho la Asociación. Que no saque pecho el PP porque no ha hecho nada.

También ha sido muy activa Archivo, Guerra y Exilio (AGE), que la presidía Jesús de Cos, que ha estado en el exilio hasta hace años y ahora es su compañera la que lo dirige. También ha formado parte de la dignificación de Ciriego y en otros dos o tres proyectos, concretamente uno que hay en Camargo a las víctimas cántabras de Mauthausen.

A estos se suman PSOE, UGT, CNT, Juventudes Socialistas, IU, Partido Comunista, La Vorágine-Desmemoriados y algunos más. Todos nosotros hemos firmado para comenzar la dignificación por la Tabacalera, donde está la Biblioteca Central y el Archivo Histórico. Que allí se ponga una placa como reconocimiento, pero nos hemos encontrado con una serie de dificultades al ser un edificio Histórico-Artístico.

El motivo es que la Tabacalera era un centro de distribución, como si fuera la estación de Venta de Baños, desde la que se destinaban a otros lugares a los presos de Santander.

¿Se reúnen habitualmente?

Nos hemos reunido varias veces, y nos seguiremos reuniendo. Hemos acordado tener una posición común ante cada Ley de la Memoria Histórica para poder colaborar. Lo primero que hemos hecho ha sido pedirle al Gobierno que lo ponga en el calendario. Si lo quieren hacer para el ecuador de la legislatura, como ha dicho el consejero de Cultura, Educación y Deporte, Ramón Ruiz, es necesario que lo pase al resto de grupos de participación ciudadana para opinar, y le hemos pedido que nos dé el borrador en octubre.

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