jueves. 11.08.2022
ESPE PONS

“En Memoria queda mucho, y es algo político. Según quien esté se hará más o menos”

La fotógrafa nos habla de Memoria, del trabajo de documentación que hay tras su fotolito 'Sota la llim del mar' y cómo las imágenes pueden trasladarnos a las vivencias que acumulan y guardan en silencio los paisajes que fotografía.

La fotógrafa Espe Pons, frente a la sede de Podemos Cantabria con un ejemplar de 'Sota la llim del mar' | Foto: edc
La fotógrafa Espe Pons, frente a la sede de Podemos Cantabria con un ejemplar de 'Sota la llim del mar' | Foto: edc

Espe Pons (Barcelona, 1973) lleva toda su vida dedicada a la imagen desde que, con 14 años, comenzó a estudiar fotografía. Su trabajo ha estado enfocado siempre hacia la Memoria y el paisaje, y cómo este acumula, en silencio, las capas de la historia, de lo que ocurrió. Su último trabajo, ‘Sota la llum del mar’ (Bajo la luz del mar), tiene como punto de partida el recorrido de los últimos momentos de vida de Tomás Pons Albesa, fusilado por el franquismo en 1941. A través de la mirada de los espacios que recorrió, la autora realiza un homenaje a las víctimas, a las que dignifica en unas páginas que transmiten a aquellos que abren el fotolibro unas emociones difíciles de describir. Pons estuvo ayer viernes, 15 de julio, en la sede de Podemos Cantabria para presentar la obra, tras lo que continuará su recorrido por España mientras sigue inmersa en ‘Tierra’, su nuevo trabajo en el que se centra en las fosas comunes del país.

¿Cómo surge la idea de hacer este recorrido y plasmarlo en papel en ‘Sota la llum del mar’?

La portada es la fotografía del Camp de la Bota tomada a las 5:30 horas de la madrugada, cuando fusilaron a Tomás

Hace más de 20 años que hago exposiciones de mi obra a nivel nacional e internacional. Y el núcleo principal de mi trabajo siempre es la Memoria y el paisaje. El motivo de mis últimos trabajos es mucho más crítico. Este trabajo, ‘Sota la llum del mar’, sale en 2019 y hace referencia al Camp de la Bota, donde fusilaban a la gente en Barcelona, y que con la reestructuración urbanística quedó bajo el mar. Por eso el título, que en español es ‘Bajo la luz del mar’, porque quiero dar luz a estos fusilamientos. La zona ahora es un memorial a todas estas personas. Cuando mi madre hace un cambio de domicilio, recuerdo que había unas cartas de Tomás, el hermano pequeño de mi abuelo que fue fusilado allí. Lo primero que hago es recoger estas cartas que escribió desde la cárcel de La Modelo, y luego empiezo a buscar por archivos nacionales y catalanes el nombre de Tomás Pons Albesa. Era miembro del SUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) y era secretario general del Socorro Rojo. Es por eso que encuentro bastante información antes de visitar los paisajes, que los fotografío una vez que los tengo identificados. Son los últimos paisajes que él transitó. Son meses de búsqueda, de investigación, que han sido muy gratificantes a nivel personal y profesional. Pero tengo que decir que no es un trabajo autobiográfico ni fotoperiodístico.

¿Y qué recepción han tenido tanto las imágenes como el propio fotolibro?

Lo que aporta la imagen es que los paisajes hablen a través del silencio. Y que se vea cómo estos paisajes acumulan estas capas de memoria

La primera vez que se hizo exposición fue en FotoEspaña, donde hay un pequeño certamen, ‘Hacer’, que seleccionó mi trabajo. Lo cierto es que lo presenté para ver el feedback que tenía porque, además, en esa época era en la que detenían a nuestros políticos catalantes y no sabía qué reacción iba a producir. Ahí empezó su recorrido expositivo de las imágenes. Solo hay una pequeña subvención del Memorial Democràtic de la Generalitat de Catalunya. Se ha expuesto en Belgrado, en Nueva York, en Madrid, en Tenerife, en Lérida. La Generalitat compró 11 piezas para el Fondo de Colección Nacional de Fotografía. Con el libro quería tener un formato físico, porque a menudo las exposiciones se hacen pero son efímeras. El año pasado salió publicado y ganó un premio en la Feria Internacional del Libro de Artista, y ha sido seleccionado en FotoEspaña como uno de los mejores libros de fotografía del año.

¿Encontró muchas dificultades de administraciones, editoriales… para acceder a todos estos espacios de la Memoria?

En general, la gente se ha volcado mucho. Lo primero que pensé es que igual a una editorial podía interesarle. Busqué dos o tres, entre ellas una que me gustaba mucho, pero me dijo que hacía poco habían publicado algo de Guerra Civil y no les interesaba. Otros no lo veían. Así que decidí tirar para adelante y autoeditarlo. Es una inversión importante porque son 500 ejemplares, pero no me puedo quejar, se están vendiendo. No es un libro de fotografía, es un libro de artista. Y a nivel conceptual, también hay un trabajo importante. La portada es la fotografía del Camp de la Bota tomada a las 5:30 horas de la madrugada, cuando fusilaron a Tomás. Pero está invertida, el mar está arriba y el cielo abajo, porque queremos darle luz a ese mar. En el caso de Tomás, siempre tuve muy claro que no quería un relato biográfico. Era el pequeño de tres hermanos y trabajaba de comercial en una farmacia, por lo que tenía contactos con médicos y farmacéuticos. Se fue al frente y nunca pensó que le iban a fusilar. Incluso en las últimas cartas comentaba que no había hecho nada malo, solo reivindicaba lo que creía correcto en ese momento.

La hermana de Tomás, Teresa, tenía un único hijo, Enric, que guardó todas estas propiedades de Tomás. Lo estuve mirando y conocí un poco más personalmente a Tomás, pero me interesaba mucho que no fuera el hilo conductor. Necesitaba ese punto de partida para algo más grande.

¿Cómo describiría la experiencia del viaje por estos lugares?

La imagen final del libro pretende dignificar a todas las víctimas de la guerra y la posguerra. Es la libertad que les doy

Ha sido como descubrir a la familia de mi padre, que falleció hace 20 años. Tomás era su tío. Mi madre sabía cosas, pero no tanto. Hasta el hijo de Teresa, que sabía muchas cosas, se ha quedado asombrado de lo que he podido encontrar a través de los archivos. Del Socorro Rojo me enviaron publicaciones de la época. Ha sido sumergirse en la historia familiar. De Tomás se guardan incluso las últimas cartas, que ya eran de despedida. Y es impresionante, porque las cartas siempre son en castellano, pero las dos últimas son en catalán, cuando sabía que ya no había nada que hacer. A nivel profesional ha sido impresionante la acogida que ha tenido. Lo que yo quería es que el trabajo no llegara solo a los fotógrafos o al arte contemporáneo. Quería que llegara a este público y a esta parte de la Memoria.

¿Qué aporta la fotografía a la Memoria Histórica?

En mi trabajo en concreto nunca aparecen personas. Lo que aporta la imagen es que los paisajes hablen a través del silencio. Esa es mi máxima. Y que se vea cómo estos paisajes acumulan estas capas de memoria.

¿Y qué le ha aportado a nivel personal el libro y todo lo que se ha generado a su alrededor?

Este trabajo me ha dado muchos regalos, pero hay uno en particular. El año pasado hice una exposición en el Castell de Montjuïc. Quería un sitio connotado. Vino TV3 y, para dar publicidad al libro, grabó varias imágenes y terminó con la postal de Tomás que incluyo en el libro. Esto salió un lunes en el telediario de la noche, y el miércoles recibo una llamada de un número que no conocía. Era una mujer llamada Jovita, y me comentó que la foto que había enseñado el reportaje ella la tenía en casa. Recuerdo ir paseando y quedarme parada. Resulta que era la hija de Antonia Hernández y sobrina de Teresa Hernández, que estuvieron en el grupo de detenidos con Tomás.

Con la experiencia que ha vivido, ¿cree que en España hemos sabido cerrar heridas?

Veo que la gente que conozco no quiere cerrar heridas, pero hay mucha gente que sí, que no le interesa

Este trabajo me ha abierto a un público que no conocía, que es el de la Memoria. La imagen final del libro es del cielo y las aves volando, que pretende dignificar a todas las víctimas de la guerra y la posguerra. Es la libertad que les doy. Decidí que tenía que seguir trabajando en Memoria, y ahora estoy viajando por toda España investigando sobre fosas comunes. Es imposible que por comunidades sea exhaustivo por la cantidad que hay, pero sí va a ser representativo de cada comunidad. Y ahora que estoy más implicada veo que la gente que conozco no quiere cerrar heridas. Hay mucha gente que sí, que no le interesa. “Eso ya pasó, para qué remover”, lo he oído varias veces. Pero no es remover. Sin yo querer situarme políticamente, estoy trabajando con fosas de republicanos, no con fosas de fascistas. No me interesa. Eso te posiciona, pero es lo que me sale del corazón. A los que no les interesa ya no se acercan.

Su nuevo libro, ‘Tierra’, que trata sobre las fosas comunes, ¿va a contar con una estructura similar?

Lo que fotografío son los paisajes de esas fosas exhumadas o por exhumar. Es un viaje como metáfora de la vida y la muerte. La idea es, cuando acabe de fotografiar, hacer un nuevo fotolibro y preparar exposiciones. Creo que tiene que ser un libro de todos, de todas las comunidades. No imaginas la cantidad de anécdotas que tenemos.

También es importante para las nuevas generaciones. Tengo una hija que cuando estuve haciendo ‘Sota la llum del mar’ me preguntaba qué estaba haciendo, y cuando se lo expliqué me dijo que eso no se lo contaban en el cole. Una vez que estás dentro, tenemos la responsabilidad de contar lo que ocurrió, porque si no mi hija no lo va a saber, y sus hijos no lo van a saber. Es un deber que asumo.

Presenta este libro apenas unas horas después de que se apruebe el debate de la Ley de Memoria Democrática. ¿Cómo valora esta norma?

Han aprobado lo que han aprobado, pero los familiares de las víctimas, ¿dónde acuden? Tendría que haber una oficina para atenderles, y no lo tienen previsto hacer tampoco. Me parece muy fuerte que a estas alturas estemos así. No hay aportación económica para estos familiares, que sí existe para los familiares de víctimas de terrorismo. Tengo mi propia valoración, pero no me gusta entrar demasiado. Hago mi trabajo, hago una crítica de la situación y ahí ya me posiciono. En la Memoria queda mucho todavía, y es un tema político. Depende de quien esté detrás va a hacer más o menos. En el cementerio de La Almudena tenían un Memorial con nombres. El actual alcalde ha quitado el Memorial, y eso es un dolor absoluto. ¿Pero qué estamos haciendo? Déjalo estar. 

A CONTINUACIÓN INCLUIMOS UNA BREVE EXPLICACIÓN DEL LIBRO EN PALABRAS DE LA PROPIA AUTORA

La obra cuenta con muchos espacios blancos porque me interesa la poética visual. Lo primero que hago es situar a la gente en esta etapa de Guerra Civil española con la Iglesia de San Felip Neri, que mantiene los vestigios de los bombardeos de la ciudad.

Tomás va al frente, y fotografío estos paisajes de Guerra Civil en un pueblo que se llama Rodén, cerca de Zaragoza. Hay paisajes en los que hago vocaciones, y otros en los que sé que estuvo allí, como este de Rodén. Fotografío una trinchera, el paisaje acumula estas capas de memoria. Cuando estoy en estos paisajes puedo oír las voces de la gente que estuvo en estas trincheras.

Cuando son interiores trabajo con desplegables. Por ejemplo, el refugio 307 en Sants-Montjuïc, donde la gente se refugiaba de los bombardeos. Hay también una fotografía hecha en movimiento para imaginar a la gente huyendo.

Durante todo el libro amalgamo color y blanco y negro, y combino exteriores e interiores. Lo que me gusta de la obra es el ir y venir.

En febrero de 1940 detienen a 52 personas, entre ellos a Tomás, y pasan a la comisaría. Cuando le detuvieron llevaba meses viviendo en casa de Teresa, su hermana. Tomás se tragó información cuando llamaron a la puerta. Fotografío la calle en la que vivieron y la comisaría de Vía Laietana, donde hizo las declaraciones.

Vieron a Tomás subir las escaleras por su propio pie para el interrogatorio, pero lo bajaron arrastrándose. Estuvo un mes en el hospital. Cuando vi las escaleras con poca luz, pensé que eran esas escaleras por las que bajó tras la paliza.

La celda 447 de la cárcel La Modelo es en la que estuvo encerrado Tomás. Fotografié la puerta y las cuatro esquinas de la celda, me interesaba que la gente se ahogara como se ahogó Tomás en ese espacio, y a nivel conceptual podía construir la celda. Es el desplegable más grande del libro y a nivel artístico es una pieza. También están las galerías y el patio de la cárcel.

El papel es especial, viene de Suiza, no traspasa y al tacto es sensible.

Encuentro el nombre de los 52 detenidos, y durante la investigación me dan el sumarísimo de las 52 personas (fotografía de la pila de documentos). Están las declaraciones cruzadas. También están las partidas de defunción, donde dicen que le pegaron un tiro y dónde lo tiraron.

Firma de Tomás con sus declaraciones. El 14 de mayo del 41 les fusilan y los cuerpos son lanzados a una fosa común que todavía está por exhumar. Según la Generalitat, no hay presupuesto.

También incluyo los paisajes que acompañan la fosa común, el estanque en el que está también el presidente Companys, y la última es una imagen que pretende dignificar a todas las víctimas de la guerra y la posguerra. Es la libertad que les doy.

Solo incluyo una foto de Tomás con amigos, pero no digo quien es porque me interesa que se llegue al final y se encuentren con la foto de Tomás.

La segunda parte del libro está en tres idiomas, español, catalán e inglés. Los textos son de Cynthia Young (conservadora del Archivo de Robert Capa en el ICP de Nueva York) y Vicenç Altaió (escritor, poeta y crítico de arte).

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