viernes. 01.07.2022
HISTORIA

Uzbekistán: Amu Daria, el río que abrazaba los imperios

Un viaje a lo largo de las aguas del antiguo río Oxus, entre cenizas de civilizaciones y guerras siempre perdidas
El río Oxus o Amu Daria, ya disminuido por los regadíos | Foto: O.L.
El río Oxus o Amu Daria, ya disminuido por los regadíos | Foto: O.L.

EL RÍO DEL FIN DEL MUNDO

Hace 2.300 años, siguiendo a Alejandro, el ejército griego alcanzó un perdido territorio, en el corazón de Asia Central. Se encontraba al otro lado de un río inmenso, al que llamaron Oxus. Y, a la región situada al otro lado, Transoxiana.

Aún hoy, un halo mítico envuelve al río, que nace en las montañas del Pamir, en la actual frontera con China y, tras separar Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán en un viaje hacia el noroeste de casi 2.600 Kms, se desvía luego al norte para morir en el mar de Aral. Aunque ya no sería verdad decir que muere allí. Al río se le conoce hoy como Amu Daria.

El río Amu Daria haciendo de frontera entre cuatro países
El río Amu Daria haciendo de frontera entre cuatro países

ADORADORES DEL FUEGO

Todo gran río produce una gran civilización. Enseguida pensamos en la fertilidad que dejaban las inundaciones del Nilo. Recientemente se descubrió que hace casi cinco milenios, en las orillas del Oxus, existía una cultura en conexión con la civilización del Indo, en Pakistán, y la del Eúfrates-Tigris, en Mesopotamia. Eran adoradores del fuego, consumían cannabis en sus rituales y colocaban a sus muertos en altos llamados dakhmas, para que los devorasen los buitres. Zaratustra, un reformador espiritual nacido hace tres mil años, convirtió estas creencias en el primer monoteísmo. El zoroastrismo fue la religión de Persia y Asia Central hasta la llegada del islam.

¿PREFERIRÍA USTED UNA VIDA INTENSA, CORTA Y PELIGROSA O UNA LARGA Y ABURRIDA? 

No cabe duda de que, a medida que mejore la calidad de vida del encuestado, la respuesta se irá desplazando de la primera a la segunda opción. De la rabia de no tener nada que perder al miedo a perderlo todo.

La paz como forma de vida, que nos parece tan natural, es una rareza histórica propia de sociedades opulentas, ajenas a las lejanas guerras que alimentan su bienestar. Y que tanto nos asustan cuando asoman a nuestros confines. Disneyland no está en París: ocupa toda Europa Occidental.

LA BELLEZA DEL MESTIZAJE Y EL MESTIZAJE DE LA BELLEZA

Los conquistadores griegos de la Transoxiana se mezclaron con la aristocracia local y fundaron reinos en los que se hablaba griego a miles de kilómetros de Atenas, mientras la gracia del arte helénico mestizaba con la sensualidad  hindú y la solemnidad del imaginario persa.

Muchos reinos y culturas se superpusieron desde entonces. La Ruta de la Seda cruzaba los desiertos y oasis que flanquean el gran río, dejando a su paso un reguero de riquezas y codicia. A su sombra se superponían imperios y ciudades deslumbrantes, siempre amenazados por las hordas de nómadas que, empujadas por sequías y hambrunas, llegaban desde Mongolia. 

UNA BREVÍSIMA HISTORIA DEL MUNDO

Los nómadas no querían vidas largas y aburridas. Les encantaba la guerra. No tenían nada que perder y merodeaban las bien amuralladas ciudades como lobos hambrientos. Cuando conseguían unir sus fuerzas formaban ejércitos con una caballería imparable: jinetes que disparaban sus arcos en todas direcciones y utilizaban flechas diseñadas para atravesar armaduras o con carga explosiva en la punta. 

Yurtas, las tiendas de campaña de los nómadas mongoles | Foto: O.L.
Yurtas, las tiendas de campaña de los nómadas mongoles | Foto: O.L.

Tarde o temprano, la ciudad caía, era devastada y sus habitantes diezmados. El nuevo amo no abandonaba la libertad de la vida al aire libre ni su tienda de campaña. Pero sus hijos ya se instalaban entre los cómodos cojines del trono de la ciudad y se aprestaban a defenderla de las nuevas y hambrientas hordas. Hasta que eran de nuevo suplantados por aquellas. Y vuelta a empezar.

BUDAS GRIEGOS 

El Oxus –hoy Amu Daria– discurre como un enorme músculo de agua Junto a Termez, la última ciudad uzbeka antes de la frontera con Afganistán. Predicadores budistas, venidos de India, ya habían cruzado el río, antes de que Jesucristo naciera, para difundir la nueva religión por las arterias de la Ruta de la Seda.

En la misma orilla, bajo las ruinas de Kara y Fayuz Tepe, dos monasterios que formaban un importante enclave religioso, se desenterraron esculturas de budas que parecen salidas de un taller de la Grecia clásica. Es el arte greco-búdico, que llevó hasta China y Japón la estética helenística.

Buda helenístico en Fayuz Tepe | Foto: O.L.
Buda helenístico en Fayuz Tepe | Foto: O.L.

BONDAD Y MALDAD COMO ESTADOS CUÁNTICOS

La épica que alimenta los mitos de la Humanidad es inseparable de la violencia y de la guerra. Los uzbekos, que hace unos pocos siglos eran nómadas sanguinarios con los extraños, se muestran hoy hacia el visitante tan risueños y alegres como siempre lo fueron entre sí. Una situación –uno no deja de sospechar– fácilmente reversible. Su héroe nacional, Tamerlán, de una crueldad legendaria, asesinó a 17 millones de personas, un 5% de la población mundial de su tiempo. También se entretenía construyendo montañas con las cabezas de sus víctimas, para que los supervivientes vieran su futuro retratado en ellas. 

Uzbekos | Foto: O.L.
Uzbekos | Foto: O.L.

Sus sucesores, emires y khanes de las ciudades transoxianas de Samarcanda, Khiva y Bukhara siguieron sus enseñanzas, convirtiendo el desprecio por la vida de sus súbditos en condición imprescindible de la autoridad. A khanes y emires les siguieron los no precisamente misericordiosos zares cuando anexionaron Asia Central al imperio ruso. 

La Plaza Kalon, en Bujara | Foto: O.L.
La Plaza Kalon, en Bujara | Foto: O.L.

Finalmente, los bolcheviques y Stalin impartieron las lecciones magistrales del postgrado en sumisión política: no destaques, no pienses, no preguntes... Hoy, Uzbekistán es una dictadura modélica: nadie disiente, todo está bien. O casi. Pero el malestar aflora a través del radicalismo islámico en el valle de Fergana, peligrosamente conectado con los talibanes afganos. Allí probablemente sucederán todos los días cosas terribles de las que nadie informa. Aunque de vez en cuando hay revueltas, como las de 2005, con más de medio millar de muertos.

SOLO UN DESIERTO Y UN RÍO

El Amu Daria envuelve por el sudoeste Uzbekistán, en su mayor parte una agobiante llanura cubierta de secos matojos cuando no de las arenas rojizas del desierto de Kyzil Kum. Páramos interminables, por los que los nómadas mongoles deambulaban con sus rebaños, cazaban o atacaban a las largas hileras de camellos bactrianos, cargados de riquezas, que debían atravesarlo.

El desierto de Kyzil Kum | Foto: O.L.
El desierto de Kyzil Kum | Foto: O.L.

Durante su recorrido, el gran río se va vaciando en infinidad de canales y presas. Allá donde alcanza un regadío o hay un surgimiento, aparece un oasis. Hoy, Uzbekistán es un país agrícola que, además, cuenta con petróleo y abundantes reservas de gas. La apertura comercial de los últimos años ha mejorado su economía. Aún hay pobreza, pero no miseria.  El país avanza.

LA CIUDAD PERDIDA DE ALEJANDRO MAGNO

En 2019, el arqueólogo Edvard Rtveladze proclamó el descubrimiento, cincuenta kilómetros río debajo de Termez, de Alejandría Oxiana, la ciudad perdida que el macedonio había fundado junto al lugar en el que su ejército cruzó el Oxus utilizando embarcaciones construidas con el cuero de las tiendas de campaña. 

Los muros de la ciudad de barro, modelados por el paso del tiempo como un helado que se derrite, tienen hoy una presencia magnética, especialmente al atardecer. En algún lugar próximo, los conquistadores encontraron una antigua colonia de compatriotas griegos que los recibieron con júbilo. Pero cuando Alejandro supo que habían estado de parte de sus enemigos persas, ordenó ejecutarlos a todos.

Murallas de Alexandria Oxiana, la ciudad perdida de Alejandro Magno | Foto: O.L.
Murallas de Alexandría Oxiana, la ciudad perdida de Alejandro Magno | Foto: O.L.

La ambición, la hipertrofia de la voluntad y el sentirse llamado a cambiar el mundo, que tan bien definen a Occidente, siempre encontraron un referente en Alejandro. Quien a su vez vivía para imitar a los héroes guerreros de la Ilíada… La razón nos empuja a buscar la paz y los acuerdos. Pero nuestra cultura también hereda una innata pasión por la guerra. Menos mal que la exaltación de los deportes ayuda a desviarla.

CUANDO BUKHARA ERA EL FARO DEL MUNDO

Paralela al Amu Daria, la carretera empuja siempre hacia el noroeste, hasta alcanzar Bujara. Junto a Samarcanda, las dos joyas del Asia Central. Samarcanda fue el ojito derecho de Tamerlán, quien la embellecía con el mismo primor con el que masacraba a sus súbditos. Bujara era una ciudad abierta en la que convivieron zoroastrianos, maniqueos, cristianos nestorianos, budistas y judíos. Hasta que llegó el islam y paró la diversión, para convertirla en el segundo centro de peregrinación después de la Meca. La ciudad santa siempre fue un faro cultural, pero en el siglo X le llegó su minuto de gloria, cuando con poetas como el persa Ferdowsi o el médico-filósofo Avicena, irradiaba  un brillo que llegó hasta Europa a través de Al-Ándalus y luego la Escuela de Traductores de Toledo.

Conjunto monumental de Bujara | Foto: O.L.
Conjunto monumental de Bujara | Foto: O.L.

LA ALARGADA SOMBRA DEL KREMLIN

Los descendientes de los pobladores originales de la Transoxiana son los tayikos, de aspecto persa y lengua indoeuropea. Sobre ellos se fueron superponiendo dos mil años de oleadas turcomongolas, hoy diferenciadas en uzbekos, kirguises y kazakos. Aunque parece haber un país para cada una de estas etnias, todas están repartidas en diferente proporción por las cuatro naciones. La astucia de Stalin completó el cuadro, entremezclándolas aún más con deportaciones. Una perversa estrategia para evitar sociedades compactas.

Muchacha Uzbeka | Foto: O.L.
Muchacha Uzbeka | Foto: O.L.

La rusificación de Asia Central empezó hace poco más de un siglo. Se abrieron escuelas, se establecieron vías férreas e infraestructuras. Al igual que los europeos en América, infinidad de colonos rusos y ucranianos buscaron su tierra de promisión aquí.

Aún hoy, los uzbekos hablan ruso. Y sus padres y abuelos participaron como carne de cañón en las dos guerras mundiales. Tras la euforia de la independencia y el resentimiento hacia los colonizadores, cabe preguntarse qué percepción tienen estos nuevos estados de sí mismos. “Un tanto ambigua”, me explica Sergei, un joven informático de San Petersburgo, temporalmente en Uzbekistán a la espera del visado que le permita escapar de Rusia, mediante la emigración a Australia: “Aquí todos ven la televisión rusa. Y eso significa que su forma de pensar es rusa.”

Uno imagina Asia Central, el Cáucaso, Siberia, Rusia y Europa oriental, y entonces comprende la inmensidad y el orgullo del imperio. Y que sus rescoldos aún podrían inflamarse y arder de nuevo.

EL KHOREZM 

La carretera, rodeada de las arenas rojizas del Kizil Kum, discurre junto al Amu Daria, que ahora marca la frontera turkmena. Muñecos de trapo situados en los altos y vestidos con uniforme uzbeko simulan ser soldados, para que sean vistos desde Turkmenistán, al otro lado del río. ¿Los vigilarán otros muñecos vestidos de militar turkmeno desde allí? Entramos en el Jorezm, un territorio y una cultura casi tan antiguos como el río, cuya fertilidad propició, en este lugar, la casi cinco veces milenaria civilización del Oxus. 

Muñecos con uniforme militar en la frontera con Turkmenistán | Foto: O.L.
Muñecos con uniforme militar en la frontera con Turkmenistán | Foto: O.L.

Cientos de fortalezas de barro, deteriorándose por la erosión, surgen como fósiles en medio del desierto que antes fue un vergel. Las llaman Qalas. Las Qalas más antiguas estaban ahí hace 2.500 años. Fueron templos fortificados de adoradores del fuego, caravanserais y pequeñas ciudades-estado, en cuyos palacios los arqueólogos han descubierto frescos que describen un mundo que embelesa la imaginación.

La fortaleza de barro Ayaz Qala | Foto: Wikipedia
La fortaleza de barro Ayaz Qala | Foto: Wikipedia

Aquí nació Al-Juarismi, un genio de la matemática del siglo X, que estableció los principios del álgebra. A los gurús de Silicon Valley, volcados en la rentabilidad de sus algoritmos, no les interesa que estos, así como la palabra guarismo, derivan de su nombre.

MERCADO DE ESCLAVOS Y CIUDAD DE LAS MIL Y UNA NOCHES

Llegamos a Khiva. En el corazón de la urbe, Ichan Qala es el nombre de la fortaleza de murallas de barro que da acceso a una ciudad congelada en el tiempo. Un laberinto de arcos ojivales, cúpulas verdes y azules con remates en oro y  minaretes azulejados de colores índigo, turquesa y esmeralda. Una Qala milagrosamente conservada, objeto de una restauración meticulosa –¿hasta dónde imaginada?– que parece materializar en piedra el mundo de Schehrezade y el sultán Shahriar. Y también preguntarse si uno camina sobre historia viva o sobre un escenario de teatro.

Jiva, ciudad de las mil y una noches | Foto: O.L
Jiva, ciudad de las mil y una noches | Foto: O.L

Tan excesiva riqueza solo podía tener un origen obsceno. Cuando la Ruta de la Seda languidecía por la competencia que supuso el comercio marítimo, Jiva se especializó en el lucrativo tráfico de esclavos. Los nómadas los conseguían asaltando caravanas o secuestrando rusos y persas, y los traían al bazar para su venta. Hasta que el zar se cansó y conquistó la ciudad.

TAMBIÉN SE MUERE EL MAR

370 kms al norte de Khiva, en la remota región autónoma de Karakalpakstán, se encuentra Moynaq, una población de pescadores junto a la antigua desembocadura del Amu Daria en el mar de Aral. Pero el mar ya no existe. Aral empezó a encoger en los años 80 hasta reducirse, a fecha de hoy, a un 10% de lo que fue. Ahora es un lago sin vida situado muy lejos hacia el norte, más salinizado aún que el mar Muerto.

El delirio productivista de los imperios fue el responsable. Para cosechar cada vez más algodón, el gran río se fue desangrando en infinitud de regadíos que se adentraban en el desierto. Se excavó un surrealista canal en Turkmenistán con el fin de resucitar el río Uzboy, un ramal del Amu Daria, siglos atrás tributario del Caspio. El gran Amu Daria, que alimentaba el mar de Aral, se agotó. El resultado fue un círculo vicioso de desecación y desastre ecológico.   

Los pescadores emigraron a Rusia, se reciclaron o fomentaron en Moynaq el turismo de catástrofes. Pero los pesticidas y abonos químicos vertidos durante décadas en el fondo del mar de Aral vuelven ahora con el polvo de su lecho seco, disparando los cánceres y malformaciones entre los habitantes de Karakalpakstán.

Un monumento señala el lugar al que llegaban las aguas. El mar es ahora un desierto que se pierde en el horizonte. Las autoridades preservaron algunos barcos de su venta como chatarra y los dejaron oxidarse allí, esparcidos entre arenales y matojos.

Barcos varados en el fondo del Aral | Foto: O.L.
Barcos varados en el fondo del Aral | Foto: O.L.

Es posible descender hasta el antiguo fondo del mar, y caminar por él entre esqueletos de barcos, conchas y huesos de peces. 

Parece imposible, pero también se muere el mar.

LA GUERRA COMO REFLEJO DE MIS CONFLICTOS

Hace milenios que los humanos estamos en guerra contra nuestro medio ambiente, además de las guerras que sin cesar libramos entre nosotros. Tenemos guerras frías y calientes, soterradas y declaradas, comerciales y militares. ¿Llevamos la guerra en los genes? Quizá. Solo sabemos que la guerra es una aglutinante actividad social nacida de oscuras pulsiones individuales: el ansia de dominio y el rechazo al otro. Demasiado cercanas a nuestros miedos y a lo que rechazamos en nosotros mismos. Emociones que nos impiden entender que, incluso en las más gloriosas victorias, lo que se pierde suele ser bastante más valioso que todo lo que se pueda ganar.

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