lunes 27/9/21
CULTURA

El prestidigitador de las palabras. Una charla con Marcos Pereda

Cuentos del bar de la medianoche, el último libro de Marcos Pereda, nos introduce en un universo que oscila entre lo inquietante y lo grotesco, pasando a menudo por lo dramático. Y eso sí, sin prescindir nunca de la ironía.

MARCOS PEREDA
Marcos Pereda

QUIÉN ES ESE SEÑOR

Marcos Pereda, que nació en Torrelavega en 1981, parece ser más conocido –qué cosa tan extraña– fuera de Cantabria que en La Tierruca, donde reside. Sus trabajos aparecen regularmente en revistas y periódicos de ámbito nacional y extranjero (Público, Jot Down, El Confidencial, Soigneur, El Malpensante, Rouleur, CTXT...) a la vez que imparte cursos de materias como Periodismo Literario o Historia del Arte, organizados por universidades y otras organizaciones. Hasta ahora, había publicado cuatro libros: Arriva Italia, Periquismo, Una pulga en la montaña y Bucle. 

El ingenio, el humor, el anticonvencionalismo y la frescura son sus armas literarias.

NO VAYAS CON ESE, QUE ES UN LIANTE

Es lo que me diría mi madre tras leer el quinto y último, Cuentos del bar de la Medianoche. No le faltaría razón: apenas se empieza la lectura, uno se siente como un niño pobre al que un día montan en el cerdito de un tiovivo: la fluidez del texto te atrapa y, encandilado, subes, bajas y serpenteas, entre conejos gigantes y rinocerontes rosados, mientras toda clase de pirotecnias verbales se despliegan a tu alrededor. El argumento zigzaguea, despistando a los lectores sobre el verdadero objetivo del relato. Y es que el disfrute también está durante el viaje. 

La portada del libroLa portada del libro

EL BAR DE LA MEDIANOCHE

El Bar de la Medianoche es el lugar creado por el autor para que sucedan las cosas. Eso que el dios judío Yahvé llamaría El Mundo, y los escritores de teatro, el escenario. En el caso que nos ocupa, es un antro con aires de taberna galáctica, recurrente a lo largo de varios de los relatos. Una empática muestra de perdedores y pringados, supervivientes a una catástrofe planetaria, se dan cita allí, añorando sus universos perdidos. O sus amores perdidos, que no es muy diferente. La catástrofe mundial no es la misma: varía, con imaginativa coña, de unos relatos a otros. “El día en el que el mundo se desmorona a tu alrededor”, o “el día en que todo cambió…”, rememoran algunos personajes, describiendo un apocalipsis que más bien parece una metáfora aplicada a lo personal, en la línea de aquel refrán árabe según el cual el fin del mundo será cuando yo me muera.

EL HOMBRE DE LA TAZA DE CAFÉ

Sentado en una mesa, entre la penumbra del Bar de la Medianoche, habita un misterioso individuo. No deja de escribir en unas cuartillas lo que inmediatamente va a suceder. A veces se levanta, y se aviene a charlar con alguno de sus personajes para consolarlo cuando su destino lo agobia. En su mesa siempre hay una taza de café humeante.

Una taza de café como la que acompaña –qué casualidad–, a Marcos Pereda en el día de hoy, cuando me recibe, precisamente en un bar, para entrevistarle.

– Este es tu quinto libro, pero el primero que no trata de ciclismo ¿Qué hay entre tú y las bicicletas?

– Ja, ja, mucho amor. El ciclismo es para mí, sobre todo, un deporte de cuya práctica disfruto un montón. Y, de ahí surge el interés por conocer toda su historia, especialmente los años 70 y 80.

– Pero también estás en el presente, cubriendo los eventos de este deporte cada año…

– Por supuesto. Y, volviendo a la pregunta inicial, eso empuja a una especialización, porque editores y periódicos te piden siempre trabajos en la misma línea, que tiene demanda. Con Cuentos del bar de la Medianoche, he roto aparentemente la secuencia. No es así, porque los libros anteriores no eran exactamente de ciclismo.

CICLISMO COMO EXCUSA

– ¿De qué eran entonces?

– Un monográfico sobre el ciclismo sería un peñazo. Así que lo utilizo como hilo conductor para contar otra cosa. En Arriva Italia, es la evolución de la sociedad de ese país durante un período del pasado siglo, sus conflictos y sus luchas, expresados a través de una afición y unos héroes deportivos que significaban para la gente mucho más de lo que en apariencia eran. Hay un campeón de izquierdas, otro de la Democracia Cristiana, e incluso un tercero de la extrema derecha. Ellos interactúan entre sí y con la sociedad en la que viven y para la que representan sus aspiraciones.

– ¿Y en Periquismo. Crónica de una pasión?

–No es muy diferente. Es la historia de Perico Delgado, un personaje carismático, irrepetible, que surge en un momento deprimente, y seduce a toda una sociedad. Casi en sintonía con esos años de cambio de los años 80, en que nuestro país se atrevió a imaginarse otro.

– ¿Y los restantes?

Una pulga en la montaña describe la España del primer tercio del siglo pasado a través de la vida del ciclista torrelaveguense Vicente Trueba. Y, por último, Bucle, una recopilación de artículos.

COSMOPALETISMO

–Un torrelaveguense… En los temas de tus artículos, y en los localismos que introduces en ellos, Cantabria está siempre presente.

– ¿Por qué no? Los autores norteamericanos hablan de su Nueva York dando por hecho que la conocemos, por no hablar del centralismo madrileño. Es absurdo tener complejos por mencionar palabras o lugares de la propia tierra. Yo lo llamo cosmopaletismo. Los gallegos, en ese aspecto, no se cortan, lo hacen bien.

– ¿No te preocupa que no te entiendan cuando das como medida de distancia la Collada de Carmona en una crónica sobre el Tour?

– No estamos obligados a entregar todas las claves de lo que escribimos. Y, ni siquiera así no nos entenderían al cien por cien. Hay guiños que van dirigidos solo a una parte de los lectores.

PrestidigitadorPrestidigitador

LA SERIEDAD DEL ESCRITOR CÁNTABRO

– ¿Cómo ves el panorama literario de Cantabria?

– No está mal. Hay un número suficiente de editoriales, y escribe mucha gente, algunos de los cuales, a mi juicio, lo hacen bastante bien. Tenemos un interesante movimiento de recuperación y divulgación del pasado local. 

– ¿Algo que no te guste?

–Demasiada seriedad, demasiada autoconsciencia al escribir. No se acaban de superar clichés en las historias y actitudes literarias… deberíamos romper moldes, innovar… En ese sentido, nos estamos quedando atrás ante lo que aparece en otras partes del país.

– Romper clichés parece para ti algo obsesivo…

– Hay que eludir lo trillado, buscar formas más frescas, ligeras, de expresión. La densidad es algo que solo pueden permitirse los grandes.

EL ALCOHOL Y LA GLORIA

–Una búsqueda de la naturalidad, que también pareces llevar al plano personal ¿Qué opinas de los escritores divos?

–Que, como le sucede a cualquier ego inflado, son un excelente objeto literario, por la ridícula contradicción entre cómo se ven y cómo los vemos. El día de la presentación de un libro, o al recoger un premio, un escritor aparece en los medios como una figura brillante. Pero detrás de ese día de gloria, hay años de trabajo silencioso, sentado en una mesa, pensando, componiendo y puliendo frases. Nuestro trabajo es uno más: ni importante, ni esencial.

– La gloria literaria como estereotipo…

– Sí, como el del escritor alcohólico. Cuando digo por ahí que me encanta el café y apenas pruebo el alcohol, creen que les estoy tomando el pelo. Se da por hecho que un escritor tiene que beber, y cuanto más borracho, más escritor. Es absurdo. Nada hay más divertido que utilizar como máscara tu verdadera personalidad.

ALGUIEN QUE ESCRIBE TU DESTINO

– Ese personaje alto y vestido de negro, que se oculta en el bar mientras escribe lo que va a suceder a continuación. Contiene algo inquietante...

– Es un recurso literario para conectar los relatos. Pero, sí, enlaza con esa imagen del escritor trazando el destino de sus personajes, en el fondo una imitación del papel de las Moiras, que entretejen los destinos de los hombres. Ante lo que no podemos entender, somos como niños jugando a mayores…

Se acaban las preguntas, y nos levantamos para salir del bar. En ese momento, distingo a alguien sentado, semioculto entre unas cortinas, que parece estar escribiendo.

– Como aquel…

Marcos gira la cabeza.

– Sí, pero esa Parca es moderna. Está escribiendo en el móvil.

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