domingo 20/6/21
VIAJES

‘¡Hola!’ elige “diez rincones no tan conocidos” fuera de Cantabria

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Ermita rupestre en Valderredible

La revista del corazón ¡Hola! ha elegido e incluido en su páginas “diez rincones no tan conocidos de Cantabria que te van a sorprender”. Esos diez rincones no tan conocidos fuera de Cantabria son los siguientes:

El primero, los Valles Pasiegos, “pasos naturales de la cordillera que separa Cantabria de Castilla” que son “todo un secreto para descubrir, con pastos que se pierden tras las lomas de las montañas y pueblos tranquillos con un estilo de vida tradicional”. El segundo, el Valle del Asón, “un valle excepcional no tan conocido fuera de Cantabria pero perfecto para amantes de la naturaleza y de los recorridos en coche”. El tercero, el Parque Natural de Oyambre, que no suena “tanto como otros” pero sí es “uno de los más valiosos y variados espacios naturales del litoral cantábrico”. El cuarto, la playa de Langre, “un pronunciado hemiciclo de paredes verticales de 25 metros de altura que enmarca esta playa partida en dos por un puntal rocoso”. El quinto, las Dunas de Liencres, “una sucesión de dunas que se extiende, a lo largo de dos kilómetros, desde el río Pas hasta su irremisible entrega al mar Cantábrico”.

El sexto, la playa de Mogro, un lugar para gozar “de su arena dorada y fina y sus aguas tranquilas” y “del paisaje en el que se ubica”. El séptimo, Mogrovejo, pequeña aldea que merece “una parada para admirar su hermoso conjunto de casonas de los siglos XVII y XVIII, a mitad de camino entre lo rural y lo señorial, y entre las que sobresale una torre medieval”. El octavo, las ermitas rupestres de Valderredible, que “poco tienen que envidiar los a la Capadocia turca”. “Todo un mundo subterráneo creado por varias generaciones de anacoretas entre los siglos VI y IX”, añade. El noveno, el laberinto de Villapresente, que “invita a un divertido juego entre miles de cipreses y cuatro kilómetros de senderos”. Y es que “entrar en él es como perderse en uno de esos jardines de la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX”. Y el décimo, Bárcena Mayor, con sus “calles empedradas, casonas montañesas con balconadas de madera, amplios zaguanes y el rumor del río”.