viernes 20/5/22

Nuestra España es tierra de carnaval. Esta fiesta es alegría, desenfreno; es colorido y buen ambiente. Risas, bailes y alegría que desborda el corazón de cualquiera que tenga el privilegio de disfrutar de unos días de escapada en diferentes partes de nuestro país.

En Tenerife y Cádiz, el carnaval es ritmo, danza y armonía. En el norte, es celebración del fin de la oscuridad, del frío invernal que acecha cada año las tierras de vino y pan.

En todo lugar, es jolgorio que precede a la Cuaresma, tiempo de recogimiento y preparación para la Semana Santa.

Santoña celebra anualmente su “Juicio en el Fondo del Mar”

En la costa cántabra, Santoña celebra anualmente su “Juicio en el Fondo del Mar”, representación de teatro en que intervienen los vecinos del lugar ataviados con peculiares galas que recuerdan a un sinfín de peces del Cantábrico, unos reales y otros no tanto.

La copla de referencia se escribió en 1934 por el grupo “Los Parrandistas” y hoy, bajo la forma de esta estrafalaria representación, acoge a miles de personas que llegan hasta las orillas de las playas de la villa para disfrutar de una fiesta reconocida como de Interés Turístico Nacional.

Representación teatral
Representación teatral

El cuento narra cómo un besugo es llevado ante los tribunales de Justicia para responder del secuestro de una bella sirena. El presidente del tribunal es el mismo Neptuno, dios de los mares, quien comparte magistratura con cuatro sirenas. El pleito se dirime en la Sala (que no es sino el fondo del mar) entre un Verdel, que ejerce la acusación, y un Salvareo, que asume la defensa del acusado. Estos se encargan, entre rimas y puntiagudos versos, de intentar convencer con sus argumentos a un jurado de curiosa variedad, que elaborará un veredicto sobre el que se dictará sentencia.

Como en todo juicio que se precie, son importantes las declaraciones de testigos. Aquí, juran ante Neptuno el Bonito y el Jibión, el Pulpo, la Ballena y el Tiburón, el Pez Espada, el Cabracho, la Merluza, el Mero y la Tortuga, entre otros.

Con declaraciones bastante rimbombantes se llega al alegato final. Dudando de la pureza e ingenuidad de la sirena, el Besugo queda absuelto, pero su alegría dura poco, pues la sirena entra en escena para confirmar lo que ya nos veníamos temiendo; que ella no corresponde al amor del besuguito. Así, éste, loco de amor, desfila por las calles de Santoña hasta el muelle, donde la desesperación lo arroja a las frías aguas del Cantábrico.

Juicio en el Fondo del Mar
Juicio en el Fondo del Mar

Desde la orilla, los vecinos contemplan al Besugo, que se adentra en el mar.

Cuando ya está algo apartado de la orilla, le prenden fuego. La fiesta culmina con un espectáculo de fuegos artificiales que ilumina la tarde y el alma de la villa, llenando el paseo marítimo de Santoña de sonrisas, ilusión y alegría.

Los espectadores ríen con la picardía de la copla mientras disfrutan viendo los vistosos disfraces de cada uno de los miembros de este disparatado elenco de actores acuáticos. Se cuidan los detalles, pero no mucho, pues eso es lo que da gracia a la representación, la fantasía y la imaginería de las gentes de la pesca de bajura y de altura, que llevan su vida a lo alto del escenario para animar el espíritu de vecinos y turistas.

El Besugo rumbo a puerto
El Besugo rumbo a puerto

Esta obra es también un canto a la esperanza para nuestros mares. Sus versos están llenos de reivindicaciones sobre el cuidado de las aguas de nuestros mares, hoy tan castigadas. La basura llega al mar, la contaminación crece cada día, haciendo desaparecer a especies emblemáticas de nuestras costas.

Nuestro mar es patrimonio nuestro y de las generaciones venideras. La fiesta del carnaval en Santoña recuerda la importancia del mar para las villas marineras de España, que han crecido y se han mantenido en su esencia original gracias a las aguas del Cantábrico, el Mediterráneo y el Atlántico. Aguas saladas, de provecho, que han sostenido la cultura de nuestra tierra, llenando el alma de sus gentes de humildad y sosiego, de paz y armonía; la misma con que las incesantes olas golpean los acantilados del cercano Faro del Caballo, que alumbra la nocturnidad de la costa cántabra.

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