lunes 24/1/22

Estas Navidades, toda suerte de adornos y atracciones se ha desparramado por los cuatro puntos cardinales de Torrelavega, llenando de luces y sonidos, e incluso ruidos, las calles más céntricas de la capital del Besaya. De entre los variopintos objetos artificiales que, con más o menos acierto, vienen a conmemorar esta fiestas, destaca uno por su capacidad de fundir en sí mismo la tradición con la originalidad.

En la Plaza de la Iglesia podemos encontrar un árbol de 20 metros de altura

Efectivamente, en la Plaza de la Iglesia podemos encontrar un árbol de 20 metros de altura a base de plataformas decrecientes, símbolo navideño por excelencia, erigido como un zigurat tapizado de verde. Pero su originalidad no es solo esta peculiar estructura, sino la singularidad de que se trata de un árbol en el que puede entrarse, al tiempo que cada cual entra en el corazón de su solidaridad. Así es, quien quiera puede pasear por el interior del árbol y, si así le parece y quiere, donar alimentos a la Cruz Roja, otro símbolo universal, en este caso, de la solidaridad.

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Así, María Eugenia Bouzas Núñez, la presidenta de la Asamblea Local de Cruz Roja Torrelavega, explica que esta “es una iniciativa que realmente partió de una petición de alimentos que le hicimos a la Asociación de Comerciantes y la Comisión de Festejos de La Inmobiliaria, que fueron quienes idearon esto junto con otras entidades como la iglesia de La Asunción”.

Una iniciativa de vital importancia, porque “la familia que viene a pedir alimentos tiene detrás una problemática enorme, falta de opciones en la vida, niños y niñas a los que no pueden atender en condiciones, entonces se realizan con ellos todo un trabajo que abarca desde los aspectos emocionales, profesionales, con atención específica a los niños y a la empleabilidad de los mayores”, apunta Bouzas Núñez. Por ello, cualquier donación para subir al árbol será de gran ayuda, siempre que sean alimentos no perecederos como legumbres, pasta, leche, aceite, azúcar y harina.

Y es que estas fiestas entrañables de reencuentros familiares son también una oportunidad para recordar a otras familias que se las ven y se las desean para poder comer cada día. Panem et circenses pasa por ser el lema de los jerarcas romanos para tener contento y tranquilo al pueblo llano.

Pero, sin justicia social, la diversión se parece mucho a una burla. Hay que felicitar a Cruz Roja por su inagotable esfuerzo solidario, dar las gracias a quienes visitan el interior del árbol aportando su granito de arena y apoyar a quienes gritan: más pan, menos circo. Y, por supuesto, cantar villancicos junto al árbol.

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