jueves 16/9/21
ENTREVISTA

“Si no hubiera murciélagos comiéndose mosquitos, no habría quien saliese a la calle”

El prestigioso Journal of Bat Research and Conservation publica Contribución al conocimiento de la distribución y estatus de la fauna quiropterológica de la Comunidad Autónoma de Cantabria, estudio de Raúl Molleda e Isidoro Fombellida, que han localizado 25 especies de murciélagos en la comunidad autónoma, seis de las cuales nunca habían sido reseñadas en Cantabria.

murcielago
‘Myotis bechsteinii’, una rareza forestal confirmada para Cantabria durante los trabajos de MUR | MUR

El primer estudio extenso con información sobre la distribución de las diversas especies de quirópteros localizadas en la Comunidad Autónoma de Cantabria se titula Contribución al conocimiento de la distribución y estatus de la fauna quiropterológica de la Comunidad Autónoma de Cantabria, es obra de Raúl Molleda e Isidoro Fombellida, miembros de la asociación naturalista MUR, y acaba de ser publicado en el prestigioso Journal of Bat Research and Conservation. Esta nueva compilación se basa en datos propios con dos orígenes: uno, tres temporadas —2015, 2016 y 2017— de muestreos con redes de niebla complementados con análisis genéticos para la identificación de especies crípticas; y dos, la propia base de datos de los autores, con registros obtenidos entre 1999 y 2017 por observación directa, sobre todo en refugios, y detección ultrasónica. Las especies localizadas en los muestreos, que continúan realizándose, ascienden a 25, de las que 16 muestran una distribución amplia y las nueve restantes una distribución restringida o poco conocida aún. Seis de esas 25 especies —Myotis escalerai, Myotis cf nattereri, Myotis alcathoe, Pipistrellus pygmaeus, Nyctalus lasiopterus y Nyctalus noctula— nunca habían sido reseñadas en Cantabria, y otras dos —Myotis bechsteinii y Myotis mystacinus— sólo lo habían sido basándose en unos pocos restos óseos y en una observación que se consideran dudosos. Además, Molleda y Fombellida han identificado la subespecie Plecotus auritus begognae como presente en toda la comunidad autónoma.

¿Por qué os dio por hacer un estudio sobre los murciélagos y no sobre otro animal?

Raúl Molleda: Como naturalistas nos hemos pasado muchas horas de campo detrás de bichos de toda clase, y en un momento de nuestras vidas reparamos en que desconocíamos prácticamente todo sobre nuestros quirópteros, siendo mamíferos nada menos y siendo el orden que más especies tiene representadas en nuestra fauna. Se sabe muy poco de estos animales incluso en Europa, y en Cantabria los estudios eran incipientes, antiguos y escasos. Esto le confería mucho atractivo a la investigación, puesto que iban a salir muchos datos nuevos y era cuestión de ir descubriéndolos. Y en efecto así ha sucedido. Creamos la Asociación Naturalista MUR —que es el nombre de una cueva ramaliega— para tener un soporte legal que diera opción a nuestras expectativas de investigación, ya que necesitábamos permisos y equipo.

Este estudio tiene detrás muchas horas de trabajo, no exentas de dificultades.

El año pasado contabilizamos 180 noches con sesiones de captura, que no es ninguna broma para el cuerpo

Isidoro Fombellida: Sí, dado que los murciélagos tienen un comportamiento esquivo y hábitos nocturnos, además de su pequeño tamaño y de que son rápidos animales voladores, su detección y seguimiento se muestran especialmente complicados. En los últimos tiempos la ciencia ha avanzado mucho y hay material técnico para su seguimiento y clasificación, pero su coste resulta muy caro para gente como nosotros, que somos de clase obrera y escaso poder adquisitivo. Solemos trabajar en las primeras horas de la noche, pero en los meses centrales del verano trabajamos la noche completa, muchas veces en solitario y en el bosque. Por ejemplo, el año pasado contabilizamos 180 noches con sesiones de captura, que no es ninguna broma para el cuerpo.

¿Habéis recibido algún tipo de ayuda para elaborar este estudio?

Se nos han subido súbitamente las exigencias, cuando llevamos varias temporadas trabajando

Molleda: Por parte de la Administración lo que hemos conseguido, no sin dificultades al principio, han sido los permisos de captura, gracias a los cuales hemos podido hacer determinaciones de razas y especies mediante análisis de ADN, y conocer de primera mano la presencia y estatus reproductivo de muchas especies escurridizas y escasas. Casi todo lo relevante del artículo publicado en la revista lo hemos sacado desde finales del año 2015 gracias a estas sesiones de captura. Desde la Administración, al ser especies protegidas, se nos pedía el aval de una institución de prestigio como condición indispensable para la concesión del permiso. Y las instituciones para las que colaboramos son nada menos que la Estación Biológica de Doñana —dependiente del CSIC, así que no existe dónde picar más alto en cuanto a prestigio se refiere— y la Universidad de Bristol —toda una referencia en la investigación quiropterológica en el Reino Unido—, en el marco de un programa conjunto de investigación sobre la adaptación de las especies al cambio climático. También hemos colaborado en una tesis doctoral sobre la segregación ecológica de dos especies gemelas para un doctorando de la Universidad de Southampton y lo estamos haciendo con expertos en quirópteros de la Universidad del País Vasco en el seguimiento de una de las escasas colonias reproductoras de Nóctulo gigante conocidas en Europa. Sin embargo, nos encontramos ahora sorprendentemente en un punto en el que se nos han subido súbitamente las exigencias, cuando llevamos varias temporadas trabajando. Esperamos solventarlo satisfactoriamente con las autoridades, pues los resultados en el conocimiento sobre el status de las especies de murciélago cántabras han quedado ahora publicados y validados científicamente, un avance muy significativo en un conocimiento clave para su conservación. No olvidemos que es un paso previo indispensable para una labor de conservación a la que nuestra Administración está obligada legal y moralmente. Y le ha salido gratis, no lo olvidemos tampoco. Por otra parte, quienes sí nos han apoyado con presteza y diligencia han sido Carlos Ibáñez y Javier Juste, expertos quiropterólogos de la Estación Biológica de Doñana, cediéndonos material y asesoría. Y en el apartado económico, desde Ecologistas en Acción Cantabria nos fue concedida el año pasado una subvención para material que nos ha permitido sacar interesantes datos sobre especies de las que apenas teníamos datos, y que nos servirá para ulteriores publicaciones. Es obligado mencionar la ayuda que nos prestan muchos miembros de la SECEMU (Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Murciélagos) a la hora de solventar nuestras dudas y aportar datos de interés.

¿Cómo se abordan estas cuestiones en Cantabria y cómo se abordan en otros lugares?

El interés de los organismos oficiales no puede ser el mismo que el de una empresa de turismo o de un promotor eólico

Molleda: Pensamos que hay mucho que avanzar en este sentido. Las poblaciones de muchas especies están fragmentadas y expuestas a diversos peligros. Para una conservación efectiva la Administración debe saber qué especies tenemos, cómo están, dónde están y a qué presiones actuales y potenciales se pueden ver sometidas. Hemos sabido del desplome de poblaciones de especies cavernícolas debido a molestias —intencionadas o no—, sin que se hiciese nada para evitarlo. Nos encontramos ahora incluso con la moda de hacer fiestas privadas en cuevas, e incluso fiestas públicas promovidas por ayuntamientos. En estos momentos Cantabria tiene dos cuevas teóricamente protegidas por sus poblaciones de murciélagos; en una sabemos que hay molestias por una nueva actividad de moda que no consideramos oportuno citar aquí, y en la otra hemos comprobado que al haber una ruta turística a su lado, se han habilitado escaleras para que la gente se acerque a visitarla, lo cual es una contradicción manifiesta. La Administración hace unos años ha apostado por la turistificación de las cuevas, introduciendo sistemas de iluminación en muchas de ellas, algo nefasto para los murciélagos. Estos lugares, que durante miles de años fueron los más tranquilos y seguros para unos animales que se saben indefensos, llevan el camino de convertirse en lugares de romería. La conservación de cavidades, a tenor de todos estos datos, resulta escasa y a todas luces insuficiente. En la actualidad se está haciendo el llamado Atlas de Murciélagos de Cantabria, una iniciativa ajena a nosotros. Entendemos la necesidad de conocer la distribución de las distintas especies, y de hecho es un campo que trabajamos; sin embargo, sabemos que es algo que no se ventila en dos años, y cualquiera que haya trabajado con un cierto método con estos animales sabe de la dificultad que entraña, sobre todo en las especies más silenciosas. Un atlas basado en registros acústicos no nos dice nada sobre el estatus reproductivo de las especies, las amenazas a sus colonias de cría o lugares de apareamiento y caza, por ejemplo. El trabajo de seguir a unas especies escurridizas que tienen niveles de protección análogos a los que puedan tener el lince o el oso, cualquier experto sabe que es largo y nunca está completo de un plumazo. Por otra parte, la justificación que se ha dado de este atlas ante una prensa que actuó de forma sensacionalista, la vimos muy dirigida a justificarse ante el público menos concienciado, aduciendo una supuesta presión externa legal, procedente de Europa. Consideramos  que este enfoque no contribuye a una visión positiva de los murciélagos y su conservación, sino que la gente, y lo vemos, acaba percibiéndolos como un problema que impide el desarrollo. La conservación de la biodiversidad es un bien en sí mismo. A nosotros nos choca el hecho de no tener toda la fluidez que nos gustaría a la hora de entendernos con la administración para investigar a estos animales, ya que se nos aduce que son especies protegidas, y luego ver que no se tiene el conocimiento necesario para protegerlas eficazmente, y que lo que se hace en materia de conservación resulta insuficiente. El interés de los organismos oficiales encargados de la conservación de los quirópteros no puede ser el mismo que el de una empresa de turismo o de un promotor eólico, su trabajo no va por ahí.

Este trabajo y su publicación en el Journal of Bat Research and Conservation suponen la validación oficial de las reseñas de varias especies no clasificadas hasta ahora en Cantabria. ¿Qué importancia tiene esa validación?

Fombellida: El método científico exige unos protocolos, y si se pretende hacer un trabajo serio y presentable, uno ha de someterse a tales protocolos, que por otra parte son aquellos que todos tenemos como referencia. Hemos pasado por un proceso bastante exigente de depuración de datos encomendado a revisores expertos, no sirve decir que se ha localizado cierta especie, hay que aportar datos y aportar la metodología con la que se obtuvieron; así, hay especies para las que consideramos que puede haber una distribución dada, pero el reflejo de tal distribución en nuestro trabajo sale más reducido, restringido sólo a datos indudables. De tal manera, hemos descartado una especie de las que aparecían oficialmente como presentes en Cantabria, Myotis nattereri, y hemos aportado datos a cambio sobre otras dos casi idénticas a ella, Myotis spA y Myotis escalerai. Estas dos especies son indistinguibles por métodos acústicos, así que los datos que aporta nuestra asociación (MUR) arrojan una luz que el proyecto institucional de atlas no podría dilucidar con su metodología. También hemos aportado los primeros datos fiables sobre varias especies de cuya presencia no se tenía constancia, y confirmado también fiablemente otras cuya presencia había quedado en entredicho. En este sentido, el trabajo de MUR en estos tres años sienta un precedente sólido. Esto no quiere decir que esté completo, ni mucho menos, pero sí que es el mayor avance y la primera referencia actualizada y fiable sobre los quirópteros de Cantabria.

¿Cómo son los murciélagos que habitan en Cantabria?

Sólo unas cinco de las 25 especies son típicas de cuevas, el resto son habitantes de fisuras en rocas, árboles y edificios

Fombellida: En Cantabria hemos comprobado hasta ahora la presencia de 25 especies que habitan diversos ambientes, algunas muy adaptables y generalistas, y otras muy escasas y especializadas. La escala de tamaños y pesos es bastante reducida aquí en Europa, y oscila entre menos de 5 gramos y apenas 20 centímetros de punta a punta de ala el menor, y 50 gramos y 50 centímetros de envergadura el mayor. En esta escala, la mayoría de las especies son pequeñas y medianas. Los generalistas como el Murciélago común o el Hortelano están por todo el territorio y en todo tipo de ambientes, incluidas ciudades y pueblos. Los especialistas tales como el Murciélago de Bechstein o el Nóctulo gigante están confinados en los retazos aislados que quedan de bosque autóctono viejo y conservado en ese estado desde hace siglos, y están en una situación bastante más delicada en la que determinadas molestias pueden provocar una debacle poblacional. La totalidad de los murciélagos autóctonos se alimenta de insectos —excepto una de gran tamaño, que añade a su dieta pequeños pájaros—, desde mosquitos hasta escarabajos y polillas. Unos cazan en cielo abierto a gran altura —hasta 3000 metros incluso—, muchos de ellos sobre la superficie del agua o entre casas, jardines y arbolado, y otros lo hacen dentro de la espesura del bosque. Algunos restringen su actividad a menos de 500 metros alrededor de los árboles del bosque donde se albergan, y otros llegan migrando desde final de verano procedentes de regiones norteñas que distan 3.000 kilómetros de aquí. Todos ellos son especies fascinantes por unas razones u otras. Y de todos ellos, sólo unas cinco especies son típicas de cuevas, el resto son habitantes de fisuras en rocas, árboles y edificios, o exclusivamente arborícolas, cosa que la mayor parte de la gente desconoce.

El murciélago es un animal históricamente muy vinculado a las leyendas, a la cultura popular, a la literatura, al cine… ¿Por qué?

Fombellida: Porque el conocimiento funciona en los casos en los que el animal se nos muestra con facilidad por su número y conducta. En los casos en los que el animal es escaso o se deja ver poco, el conocimiento es sustituido por el mito y la leyenda. Los murciélagos son unos seres que encontraron su oficio —el llamado nicho ecológico— comiendo la infinidad de insectos que había por la noche, un espacio vacío, ya que por el día eran los pájaros los que hacían ese trabajo. Que fuesen nocturnos ya es una clave para que la gente que apenas los veía los asociara con seres tenebrosos. Además, nuestros murciélagos procuran ahorrar toda la energía que pueden, y cuando descansan están muy bajos de reflejos y movimiento, así que al ser tan pequeños y estar tan vulnerables, procuran esconderse en lugares muy estrechos y altos o bien en cuevas. Los humanos hemos vuelto a creer ver un signo tenebroso en el hecho de que los murciélagos vivan en el fondo de oscuras cuevas, cuando los pobres lo que hacen es acudir al sitio donde más seguros se pueden sentir. Y ahora ya ni siquiera las cuevas son un refugio donde estar a salvo. No obstante, en culturas del Extremo Oriente, donde hay murciélagos grandes y visibles, son vistos con agrado y considerados un símbolo de buena suerte.

Además de ser los únicos mamíferos capaces de volar, los murciélagos desempeñan un papel muy importante a nivel ecológico. ¿Por qué son tan importantes?

Los mexicanos no tendrían tequila si no fuese por los murciélagos nectarívoros que fecundan los agaves

Fombellida: Pues por ejemplo los mexicanos no tendrían tequila si no fuese por los murciélagos nectarívoros que fecundan los agaves. En Francia se están empezando a contabilizar los efectos beneficiosos de los murciélagos para controlar las plagas de la Procesionaria del pino y de otras polillas de frutales y viñedos. En el Delta del Ebro, con sólo colocar unas cuantas cajas de madera para hacer que los murciélagos se instalen, los agricultores están ahorrándose muchos miles de euros en pérdidas y en combatir con venenos la plaga de la polilla barrenadora del arroz. Y nosotros aquí recibimos un gran beneficio porque los murciélagos se pasan la noche comiendo mosquitos, muchos más de los que pueden comer golondrinas y vencejos, y en las horas en que los mosquitos son verdaderamente activos y abundantes. Los murciélagos se dirigen en gran número a las zonas de agua estancada donde los mosquitos emergen, y evitan que se dispersen. Otros murciélagos patrullan junto a nuestras casas, librándonos de muchos mosquitos más. Si no hubiera murciélagos comiéndose unos 500 mosquitos cada uno en las primeras horas de la noche todas las noches cálidas, no habría quien saliese a la calle, ciertamente. Tenemos suerte de tener muchas especies de murciélago, y más suerte de tener a las más adaptables, las del género Pipistrellus —cuatro especies— viviendo precisamente entre nosotros, ya que les gustan los edificios como hogar, la iluminación urbana como cazadero y los mosquitos como presa preferente.

Hemos hablado de lo que los murciélagos hacen por nosotros y por nuestro medio ambiente, pero ¿qué podemos hacer nosotros por ellos?

Cada uno de nosotros puede hacer algo por ellos por ejemplo instalando una caja para murciélagos en una fachada

Molleda: Empecemos por la idea de que lo que hagamos por ellos, lo estaremos haciendo también por nosotros. El sistema de vida de los quirópteros de nuestras latitudes es bastante particular, ya que dependen de muchos factores en diversas partes de su ciclo de vida anual. Los murciélagos necesitan agua limpia para beber, así que proteger los ríos es proteger nuestra agua. Muchos necesitan bosques viejos y autóctonos, así que protegerlos es proteger nuestro paisaje histórico y cultural, y cuanto más se proteja, más conectividad tendrá, asegurando una mejor defensa contra plagas. El monocultivo forestal es muy sensible a plagas —este año estamos viendo secarse los pinos por miles, debido a un hongo—, y al aislar al bosque autóctono también debilita a los bosquetes aislados. Conservar nuestros quirópteros forestales exige cuidar nuestros mejores bosques. Algunas especies son lucífugas, es decir, rehuyen la luz artificial y protegerlas exigiría revisar los puntos de luz innecesarios; tenemos carreteras y caminos llenos de luces por sitios en los que a partir de determinada hora bien temprana no pasa absolutamente nadie, y quitar esas farolas sería todo un ahorro. Los quirópteros, aunque sea de noche, circulan junto a líneas de vegetación; los setos y arboledas aumentan el rendimiento ecológico de los pastos, aparte de ser un patrimonio cultural paisajístico muy típico de nuestra tierra. Muchos de ellos se albergan en edificios históricos y rurales tales como iglesias, ermitas, palacios, casonas, pajares, viejos puentes de piedra... Si lo conservamos para ellos, en realidad conservamos el patrimonio arquitectónico y el paisaje. Por resumir en una frase: si en un valle o municipio se tomaran medidas serias para conservar a los murciélagos, cada una de las medidas serviría para hacer de ese sitio un lugar atractivo en realidad para la vida del ser humano, porque redundaría en la calidad paisajística y ambiental que es en Occidente todo un símbolo de la calidad de vida. Cada uno de nosotros puede hacer algo por ellos por ejemplo instalando una caja para murciélagos en una fachada, teniendo árboles autóctonos en el jardín, poniendo un estanque, o dejando una abertura en el desván. Ciertos pescadores a veces se saltan los horarios de pesca y se quedan al anochecer cuando los demás se han ido, lo cual, aparte de ser una deslealtad a los demás pescadores es una infracción. En esas ocasiones al lanzar el sedal los murciélagos confunden el aparejo con una presa y quedan prendidos del anzuelo; así quedan muchos muertos o mutilados, pues los propios pescadores nos han contado de noches en las que se iban del río, aburridos de quitar murciélagos del aparejo. Esto una noche tras otra es una desgracia para los murciélagos, aparte de una vergüenza para los pescadores. Con los cazadores nos ha pasado lo mismo, nos han contado cómo en las esperas nocturnas a la sorda —ilegales— estaban hartos de confundir a los murciélagos de gran tamaño con ellas. En esas condiciones, podemos figurarnos que lo primero es disparar, y luego viene constatar el error. Todos estos comportamientos habrían de estar más vigilados y las resoluciones habrían de ser severas, porque parece que un delito contra un animal es menos delito, en la cabeza de mucha gente. Los horarios de pesca se deberían vigilar, al menos. Las instituciones pueden hacer mucho y además pueden dar ejemplo: dejar bosques o zonas de bosque sin explotar, plantar arbolado autóctono, conservar zonas de prado con una sola siega anual, evitar las desecaciones de lagunas y el entubado de regatos, eliminar el alumbrado innecesario —desgraciadamente, las farolas a lo tonto son un típico recurso preelectoral—, cerrar el paso a cuevas con rejas perimetrales, introducir en la normativa que los edificios nuevos cuenten con espacios habitables —algo tan barato como poner algunas cajas incluidas en las fachadas—, tomarse en serio los informes de impacto ambiental, evitar los trucos legales de partición de parques eólicos, tomar medidas compensatorias, y en lo que a nosotros nos atañe, destinar recursos a la investigación y hacer caso de los estudios que se hacen y medidas que se proponen. El Estado debería suscribir el tratado Eurobats, y mucho nos tememos que hay una presión  tremenda por parte de las eléctricas para no comprometer el negocio eólico, ya que tienen la avaricia mirando directamente hacia nuestras cumbres, y esto los políticos lo piensan anunciar de forma tramposa como política verde. Debemos marcar la diferencia entre el ánimo de lucro privado y el beneficio colectivo de lo verde. No podemos usar la biodiversidad exclusivamente como reclamo turístico y a la vez pensar que se va a cuidar sola en un mundo en el que la voracidad económica está castigando duramente el medio ambiente. No es tan infinito como lo pintan. Es necesario reseñar que los parques eólicos suponen la muerte cada año de millones de murciélagos en todo el mundo.

Recientemente se ha publicado, de forma alarmista según la SECEMU, que dos personas han sido mordidas por murciélagos en Valladolid y Huelva este verano, “con el consiguiente riesgo de contraer la rabia”. ¿Qué podéis decir sobre esto?

Molleda: Desgraciadamente, las noticias sobre murciélagos que acostumbramos a ver se enmarcan dentro de una visión recelosa, ya desde un punto de vista sanitario, ya desde otro por decirlo así, desarrollista susceptible. La rabia en murciélagos no es algo nuevo, y es un virus distinto al que ha habido en Europa hace décadas y que aún pervive fuera, que afecta a los animales domésticos. Los casos mortales de rabia constatados en Europa han sido cuatro, y en prensa se habla de una docena. Las especies en las que se ha detectado rabia son unas pocas —cuatro que sepamos— y no afecta a todos los ejemplares de estas especies, ni mucho menos. De hecho, sabemos de gente que ha sido mordida por ejemplares de alguna de estas especies, sin consecuencias. Existe un protocolo sanitario claro ante un percance de éstos que siempre ha dado resultado, y de hecho eso es lo que ha sucedido en los casos que hemos visto recientemente en los medios. Hay mucha más gente mordida por murciélagos que ni siquiera acude al hospital que casos de rabia, y señalamos el hecho llamativo de que en estos casos que se presentan en los medios como “ataques”, los murciélagos siempre muerdan en la mano, lo cual indica más bien que estaban siendo manipulados sin unas mínimas medidas preventivas. Los murciélagos en ningún caso atacan de forma voluntaria, simplemente se defienden como cualquier pequeño animal de campo que se ve agarrado. La prensa ha de prestar un servicio informando al público, no propagando mitos y bulos. No vaya a ser que por dar enfoques sensacionalistas, al leer las noticias uno sea más cazurro que antes.

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