domingo 5/12/21

El fiscal y el resto de las partes personadas en el juicio contra el acusado de atropellar y no auxiliar a otro joven en verano de 2016 en Santander han elevado este miércoles a definitivas sus conclusiones, manteniendo así la acusación pública la pena de dos años de cárcel solicitada para el conductor, que entonces tenía 19 años, los mismos que la víctima, que sigue en coma profundo. "Es una muerte en vida", ha manifestado la doctora que le examinó y realizó el informe sanitario.

El representante de la Fiscalía considera que los hechos, ocurridos en la madrugada del 26 de agosto en la Avenida de los Infantes, en El Sardinero, constituyen un delito de lesiones por imprudencia menos grave y otro de omisión del deber de socorro, merecedores de una condena de 4.050 euros -y la prohibición de conducir durante doce meses- por el primero y dos años de prisión por el segundo.

Por su parte, la acusación particular, ejercida por los padres del herido, ha insistido en que se trata de un delito de lesiones por imprudencia grave y otro de omisión del deber de socorro agravado, por los que piden, respectivamente, tres y dos años de prisión, es decir, cinco en total. La víctima fue indemnizada con 2,8 millones de euros por la aseguradora del vehículo, por lo que el representante legal de la familia no efectúa petición alguna en concepto de responsabilidad civil.

No obstante, ha modificado su relato inicial para agregar que el procesado tenía el carné de conducir desde hacía menos de dos años y en ese tiempo había tenido dos sanciones administrativas "graves" por sendas alcoholemias positivas.

De su lado, la defensa considera que su patrocinado -que estuvo en prisión provisional casi un mes después del accidente- no ha cometido delito alguno y ha vuelto a solicitar su absolución, añadiendo a su escrito provisional dilaciones en este procedimiento judicial.

Ha sido en la tercera sesión de la vista, que se celebra desde el lunes con jurado en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria y que tras el interrogatorio al procesado y la declaración de los testigos y peritos está pendiente de los informes de las partes -el jueves- y del veredicto del tribunal -el viernes-.

En esta jornada, el fiscal también ha modificado su escrito provisional al elevarlo a definitivo, manteniendo eso sí que el implicado circulaba a velocidad "elevada" cuando giró el turismo -un Ford Focus de su padre- para tomar una calle por la que iba caminando la víctima junto a un amigo, por la calzada y de espaldas al sentido de la marcha.

Al escuchar el ruido de un motor -que sonó como "un rugido" según manifestó el acompañante-, ambos trataron de esquivar el vehículo, este último apartándose hacia la derecha y el chico herido hacia la izquierda, de modo que se situó en el centro de la vía, según ha precisado la acusación pública. Y como el automovilista también intento evitarles "en el último momento", dirigió su coche a la izquierda, pese a lo cual arrolló a uno de los dos con la parte delantera del coche, lanzándole hacia arriba. De hecho, un hombre que pasaba por allí y presenció lo ocurrido manifestó ante el plenario que vio al joven "volar", con una trayectoria "muy vertical", algo que le "impresionó".

Para la Fiscalía, el acusado no puedo evitar el atropello porque los peatones invadían la calzada y no observó todas las normas de cuidado, pues circulaba a entre 60 y 90 kilómetros por hora, una velocidad "excesiva", por encima de los 50 km/h permitidos.

VELOCIDAD INADECUADA DEL COCHE Y PEATONES ANDANDO DE FORMA INADECUADA

A este respecto, y después de la declaración de los agentes de la Policía Local que se encargaron del atestado y de localizar al encausado, este miércoles ha comparecido un perito que a petición de la defensa elaboró un informe en septiembre de ese año, casi un mes después del accidente y en el que se basó en el documento de los efectivos policiales, evaluando el lugar y el vehículo siniestrado.

Este experto en reconstrucción de accidentes llegó a la conclusión que el ocurrido en la Avenida de los Infantes se debió a una velocidad "inadecuada" e influyó también la visibilidad -era de noche-, la calzada mojada -había llovido- y el hecho de que los peatones caminaran igualmente de forma "inadecuada", de espaldas a la circulación y por la calzada, al no haber acera en un lateral y estar la otra invadida por coches aparcados en batería.

Este profesional ha indicado que la longitud desde la curva inicial de la vía hasta el punto del impacto "no llega" a 200 metros, y es inferior a 100 metros desde la intersección por la que se incorporó el vehículo, a la altura de la iglesia de San Roque. También ha señalado que el "elevado" ruido de motor oído por testigos presenciales se corresponde con "bajas velocidades", cuando el coche va en primera o segunda marcha, esto es, a un "máximo" de 60 km/h.

A continuación, y tras subrayar que el tiempo de reacción de una persona es de en torno a "un segundo", ha considerado que un vehículo no puede recorrer en ese tiempo la citada distancia. Por su parte, cree que el conductor no tuvo "tiempo de reacción" desde el lugar donde se incorporó porque "se encuentra" a los peatones en la calzada a unos 80 ó 90 metros, según ha precisado. "Si hubiera podido evitar el accidente lo habría hecho", ha sentenciado el perito.

Al hilo de lo anterior, ha apuntado que la reacción de un automovilista ante un atropello es hacer una maniobra "evasiva" -hacia la izquierda en este caso- y, también, una desaceleración de la velocidad, que a su parecer se hace igualmente de forma "instintiva". A propósito de esto último, ha justificado que no hubiera huellas de frenado -en el supuesto de que el procesado habría reducido la marcha- porque el pavimento estaba mojado, como recogió también el atestado policial.

Sobre el choque en sí, ha considerado que a consecuencia del mismo la víctima "volteó" por encima del turismo, rebasándolo y quedando detrás del mismo. Ha agregado que este tipo de impactos "siempre" se produce a velocidades superiores a los 32 km/h y "nunca" inferiores a 60 km/h. Ha detallado que el coche presentaba fuertes golpes en la luna y también en el capó, pero no restos de sangre.

MUERTE EN VIDA

En la prueba pericial también han comparecido la doctora que reconoció a la víctima en su domicilio en varias ocasiones desde el verano siguiente al accidente y hasta dos años después, cuando se perdió la "esperanza" de alguna mejoría en su estado -vegetativo persistente, en coma vigil o profundo- y que ha definido como "una muerte en vida".

Ha indicado al respecto que el joven no tiene capacidad alguna de relacionarse o comunicarse ni autonomía, y depende de terceras personas para cualquier actividad, como asearse, alimentarse o incluso moverse, precisando cambios de posturas cada dos horas para evitar complicaciones que agraven su estado.

Así, precisa ayuda 16 horas diarias, "día y noche ininterrumpidamente, todos los días de su vida", por lo que la "sensación" es de "haber perdido la propia vida", aunque siga respirando o latiendo el corazón. "Esto es una tragedia tremenda", ha lamentado, y algo "muy devastador" para todo su entorno.

Ha achacado esta situación a un traumatismo cráneo encefálico por el impacto del cuerpo sobre la cabeza, fruto de un golpe "a alta velocidad". Y ha añadido que la asistencia sanitaria "inmediata" evitó que el chico "muriese en ese momento", extremo que ha corroborado el forense que evaluó días después del accidente los informes iniciales, que reflejaban "gran peligro para la vida" por un pronóstico y secuelas "muy graves".

La doctora ha añadido -a preguntas del jurado- que la esperanza de vida del joven ha "disminuido" y que a su juicio no "sufre" porque "la desconexión de la conciencia es absoluta". "Ni siquiera está en el mundo. No es consciente de sí mismo", ha concluido.

El fiscal mantiene los dos años de cárcel al conductor que atropelló y no auxilió a un...
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